En Montevideo, cuando comenzaba a comercializarse el tasajo

La villa de San Felipe y Santiago –fortificación española en la bahía de Montevideo, dentro del territorio de la llamada Banda de los Charrúas– parece revolucionada por una nueva actividad económica que puede llegar a alcanzar proporciones incalculables.

Acaba de recalar en el puerto la nave Santa Eduviges, al mando del capitán catalán Juan Ros, de retorno de un viaje a La Habana, en el lejano Caribe. El hecho en sí no tendría nada de extraordinario si no fuera porque el cargamento de tasajo (carne vacuna conservada en sal) que llevó a la isla fue inmediatamente comercializado con gran éxito, lo cual puede significar un nuevo rubro exportable.

Ros había cargado tres toneladas del producto acondicionado en toneles y procesado en el establecimiento de don Francisco de Medina, un ‘saladero’ instalado a orillas del arroyo Colla, cerca de la Colonia del Sacramento. El tasajo –o charqui, como aquí lo llaman– estaría destinado a la alimentación de los esclavos que trabajan en las plantaciones de caña de azúcar. Hasta hoy, este alimento estaba reservado casi exclusivamente para consumo de la tropa y de las tripulaciones de la flota, pero ahora el mercado parece ampliarse significativamente. Incluso hay viajeros que aseguran que la carne salada se ha incorporado a la dieta de los cubanos criollos, quienes lo consideran un manjar infaltable en sus cocidos y guisados.

Los hacendados se frotan las manos pues han hallado cómo extraer más beneficios del ganado con que Hernandarias pobló estas praderas hace más de un siglo. Ya no serán solamente los cueros, el sebo y las astas lo que los ganaderos podrán comercializar, y ya han aparecido audaces empresarios dispuestos a instalar sus empresas de salazón de carnes en predios más cercanos a la bahía.

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