Restañando heridas
Desde el comienzo del programa en diciembre del año pasado, Defensa de los Niños Internacional (DNI), a través del programa Herramientas, ha practicado el sistema de mediación en aproximadamente 25 casos de delitos en los cuales el factor violencia ha estado presente en menor medida. Los casos han sido diversos, oscilando desde conflictos de relacionamiento a nivel institucional hasta accidente de tránsito, hurtos y violencia privada.
La mayoría de las actuaciones han sido positivas y resultaron en un desenlace favorable, aunque, según explicó Cohen, alguno de los casos tratados no pudo ser resuelto a través del sistema.
El programa recibe casos por dos vías. La primera de ellas se origina en el propio Juzgado, cuando el magistrado entiende que existen motivos relevantes para intentar una mediación. La otra forma de ingreso es cuando los integrantes de Herramientas, después de estar trabajando con el joven en alguna modalidad de libertad asistida, encuentran elementos que hacen viable, posible y aconsejable que tenga un contacto con el damnificado. En ese entendido, se solicita la instancia al Juzgado.
Cohen explicó que en el programa de mediación la víctima es considerada como «una parte muy importante».
«No sólo nos interesa que el menor reconozca el delito cometido y presente su arrepentimiento, sino que nos importa en gran forma que la parte perjudicada encuentre en esta instancia un espacio de contención», dijo Cohen.
Explicó que la víctima pasa por una situación violenta que muchas veces le cuesta elaborar. El espacio que se le ofrece en la mediación, toma en cuenta esta circunstancia e intenta darle la posibilidad de que asimile la experiencia vivida, para que pueda darle el lugar que corresponde.
Esta experiencia tiene una duración promedio de tres meses, en algunos casos es bastante puntual, mientras que en aquellos en los que el déficit en cuanto a la inserción social del joven es acentuado, el trabajo se complementa con actividades afines.
Soledad Barriola, quien se desempeña como mediadora, manifestó que lo importante de este programa es lograr que el ofensor se ponga en el lugar de la víctima y entienda el daño que le ha ocasionado».
La cantidad de encuentros entre ambas partes es variable, pero nunca supera las cinco reuniones.
La técnica explicó que la cantidad de entrevistas en común no puede ser «exagerada», ya que se debe tener en cuenta que la situación que originó el contacto fue violenta. La relación entre ambas partes no es trabajada para que continúe, sino que se desarrolla en base a un hecho específico, que además, generalmente, tiene connotaciones violentas. El mediador es un facilitador de comunicación entre dos o más personas que atraviesan por dificultades de diálogo, y por esta razón la medida es válida para los más diversos ámbitos de convivencia.
El trabajo no tiene características terapéuticas, sino que simplemente es un encuentro entre dos personas que han tenido una dificultad entre sí, para la cual se busca una forma diferente de solución.
Para Cohen, la mediación se perfila como una medida que se va aplicar muy asiduamente y funciona en situaciones muy diversas, no necesariamente violentas. A través de esta instancia se trata de generar un compromiso del ofensor en superar la situación y no volver a protagonizar actos similares. «Al tener contacto con la víctima, el menor infractor toma plena conciencia del acto cometido y se compromete más en su proceder futuro», expresó.
Por otro lado, la instancia también es importante para la víctima, ya que le permite entender que no fue elegida para el delito sino que se trató de un hecho casual. Lograr esta comprensión en la persona afectada, «la libera de cualquier conducta fóbica que se pueda generar a raíz de experiencias violentas». Una de las mediaciones se realizó entre un joven conductor sin licencia que atropelló a una persona, provocándole lesiones de importante entidad. En el momento de la mediación la víctima, que se había recuperado totalmente, expresó la intención de una reparación monetaria que cubriera los gastos médicos y los días de trabajo perdidos a causa del accidente. La situación económica del joven infractor hacía inviable ese tipo de reparación, por lo que la instancia de diálogo no alcanzó un acuerdo de resarcimiento.
En otro de los casos en que se trabajó fue en una rapiña perpetrada por dos jóvenes, uno de ellos armado. En esta situación, narró Cohen, la víctima sólo aceptó la instancia de mediación con el joven que estaba desarmado, decidiendo dejar en espera el trabajo con el otro chico, por lo que el conflicto obtuvo una solución parcial.
Soledad Barriola relató el caso de un joven cuidacoches que huyó con $ 500 que le habían sido entregados por una señora para que consiguiera cambio.
En este caso, se hizo una mediación «muy exitosa», en la que se llegó a un acuerdo por el cual el joven debió devolver la suma en cuotas accesibles a su condición económica. Barriola manifestó que cuando el menor terminó de pagar la deuda, la víctima le regaló el dinero para que iniciara algún curso educativo.
También narró un caso que calificó como «muy particular», en relación a un chico que ingresó a una casa a robar unas revistas. Luego de aplicada la mediación, el joven continuó teniendo un contacto muy fluido con la víctima, que terminó acercándole material de lectura. Ese contacto surgió, según narró la mediadora, «por la forma en que se dieron las cosas». Barriola agregó que «normalmente» no se establece un vínculo duradero entre las partes.
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