La tasa de suicidios es más dramática entre los ancianos
El aislamiento, la soledad, la violencia doméstica y el desempleo, emergen como las principales causales de suicidio en nuestro país, según se desprende de las ponencias presentadas en el marco de las Terceras Jornadas de Suicidología del Mercosur y Primeras Jornadas de Prevención del Suicidio del Uruguay, realizadas en la Intendencia Municipal de Montevideo. Al tiempo que el interior del país registra un índice mayor de autoeliminaciones en comparación con Montevideo, la franja etaria comprendida entre los 65 y 80 años emerge como la más eficaz ante tan drástica decisión.
Datos inquietantes
Como informó oportunamente LA REPUBLICA, a nivel mundial, Uruguay ocupa el tercer lugar de esta estremecedora estadística, con una tasa de suicidios de 12,7 cada 100.000 habitantes.
El primer lugar corresponde a la desarrollada Francia con un 20,7 y el segundo a Cuba, con un 20,8.
Paralelamente, mientras Argentina y Brasil tienen seis muertos por suicidio cada 100 mil habitantes, Uruguay duplica la cifra, en lo que debe ser interpretado como un indicador tan revelador como inquietantes por parte de los expertos.
Especialistas de Uruguay, Brasil, Argentina, Paraguay, Puerto Rico, Cuba, ONG´s nacionales y profesionales de la salud se dieron cita este viernes y sábado pasado, para disertar en torno a las metodologías de prevención de esta problemática que en Uruguay, según la últimas estadísticas, alcanza cifras verdaderamente alarmantes.
La información aportada por servicios técnicos del Ministerio de Salud Pública, da cuenta de que el suicidio es la causa de muerte del 15% de los uruguayos en la franja etaria comprendida entre los 25 y 34 años.
Sin prevención
Según el informe oficial, en 1998 se produjeron 526 fallecimientos por suicidio, mientras que el pasado año por esta causa fallecieron 453 personas, lo que representó el 6,4% de la mortandad general.
Sin embargo, Uruguay no posee políticas preventivas eficaces para abordar esta situación.
El tema, considerado tabú por la sociedad, representa el principal obstáculo para asumirlo con responsabilidad y arbitrar eventuales medidas de carácter preventivo.
En este sentido, los disertantes coincidieron en que este tópico debe ser abordado como un problema social y no individual, involucrando a la sociedad en su conjunto.
El sociólogo Pedro Robertt señaló que no es cierto que el individuo que atenta contra su vida o anuncia la drástica decisión, no llega a consumar el hecho.
Por el contrario, sostuvo que cada intento significa una acumulación de experiencia que conlleva a perfeccionar las eventuales técnicas de autoeliminación. Indicó que, en la mayoría de los casos, el resultado de la tentativa resulta en tragedia. Un dato relevante aportado por el sociólogo señala que en la década del ´60 se producían cuatro suicidios en el Interior del país con relación a uno en Montevideo.
En la actualidad, los registros indican que la relación se mantiene con una leve diferencia: tres en el interior del país y dos en Montevideo.
A juicio de Robertt, la decisión adoptada por el suicidia no significa un rechazo a la vida, representa un rechazo a su vida y que la soledad, la incomunicación y el desempleo representan los principales factores de riesgo.
La doctora Silvia Peláez, directora de «Ultimo Recurso» y presidenta del comité organizador de las jornadas dijo a LA REPUBLICA que la ONG viene trabajando, desde su creación hace 9 años, en difundir, promover y sensibilizar sobre esta problemática.
«Dentro de este proyecto», sostuvo Peláez, «consideramos fundamental la difusión y el interés que podamos crear en las autoridades del gobierno y en la sociedad. Creemos que, pese a ser un tema tabú, no es difícil implementar políticas eficaces de prevención. La herramienta principal es el profesional. Se necesitan médicos, psicólogos y docentes, preparados para captar las señales y dar atención.
Por su parte, el profesor Eugenio Bayardo Cancela, hizo referencia a la problemática en individuos comprendidos entre los 65 y 80 años, señalando que las conductas parasuicidas resultan más letales en estas personas. Un cuadro comparativo señala que entre jóvenes se produce una víctima cada 200 intentos de suicidio, mientras que en las personas comprendidas dentro de esa franja etaria es de una muerte cada cuatro intentos.
Para Bayardo Cancela, esta situación se debe a la soledad que padece en un gran porcentaje el adulto mayor, sumado a lo que denominó como «intolerancia narcisista al envejecimiento», es decir, la imposibilidad de disfrutar de esa etapa de la vida.
También sostuvo que la frecuente posesión de armas de fuego en el hogar y el aislamiento juegan un papel fundamental, ya que consumada la autoagresión, las posibilidades de recibir ayuda se reducen notablemente.
Según el técnico, estas circunstancias se suman a una menor resistencia física de los ancianos y una mayor vulnerabilidad.
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