Es el momento de la gran promoción

Las Llamadas de 2000 consolidaron la fiesta

Innegablemente el público, que transformado en una multitud expectante se congregó a lo largo de todo el recorrido establecido, se vio gratificado con la excelencia de un desfile histórico en cuanto a su brillantez, a su belleza y al número de sus participantes.

Precisamente el número récord de comparsas participantes (veinticinco), era la máxima preocupación de los organizadores, sabedores de que cualquier inconveniente, cualquier atraso o desajuste de una de ellas, podrían causar una verdadera debacle organizativa y llevar al fracaso, el desarrollo de esta gran fiesta.

No aconteció así, todo lo contrario.

Las comparsas y sus responsables no solamente se preocuparon de ajustarse puntualmente al desarrollo de lo establecido, sino que con presteza cubrieron dificultades propias y ajenas.

Al comienzo mismo, un insólito problema mecánico detuvo por más de media hora la gran farándula.

El auto de colección, impecable, que trasportaba al mítico Alberto Castillo para recibir el aplauso y reconocimiento por su aporte a la difusión del candombe, debió detenerse al obturarse el pasaje de combustible hacia el motor. Con ingenio «a la uruguaya» logró no sin trabajo y muchos nervios, superarse el inconveniente, el desfile prosiguió y prácticamente este atraso fue absorbido por el paso majestuoso que imprimieron las comparsas a su desfilar.

El público verdaderamente disfrutó de una gran Llamada y tanto autoridades organizadoras como responsables de las comparsas y público, deben a estar a esta altura felices por el gran espectáculo brindado.

A los triunfadores puntuales del desfile, salud, pero también a todos los participantes, sea cual sea la ubicación que hayan ocupado, pues todos y cada uno han sido triunfadores en una jornada espectacular que nos enorgullece.

La alegría colectiva, la satisfacción del deber cumplido, tanto por organizadores como por participantes, ha sido en estas últimas horas el común denominador en las opiniones vertidas.

Seguramente y esto es una de las grandes consecuencias de las jornadas exitosas, ya se estará pensando en las Llamadas de 2001, en cómo embellecerlas aun más y cómo ajustar su desarrollo a lo que seguramente será por entonces, otro número récord de participantes. Es que el éxito de un evento como en este caso las Llamadas 2000, incentiva el deseo de participar en el próximo. A no dudarlo así será y si para la oportunidad se logra como ahora, mancomunar los esfuerzos, poniendo creatividad y buena voluntad, estamos seguros que se volverá a lograr.

Incluso será capaz como lo fue este año, de superar la imbecilidad de algunos desubicados que sólo entienden la diversión, provocando disturbios y molestias a quienes sanamente buscan un momento de esparcimiento.

Tal como fueron aislados en esta oportunidad lo serán en el futuro a poco que todos nos pongamos de acuerdo en erradicarlos, sin violencias pero con firmeza.

Las Llamadas de 2000 consolidaron la fiesta y es el momento de pensar en una fuerte promoción de ellas en lo nacional e internacional, que las transforme en un punto obligado para quienes nos visitan, no solamente para las Llamadas como fiesta, sino para Montevideo y el país todo. Vaya dicho esto, mal que le pese a algún director «de nuestra cultura» que ha hecho público su horror a que en otras tierras se pueda pensar que aquí somos «todos negros».

Lo verdaderamente horroroso y triste es que aún subsistan y ocupen cargos de dirección dentro de nuestra cultura, personalidades tan obtusas y racistas, más allá de sus pergaminos de literatos o historiadores.

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