La Biodanza relanza la utopía de una vida emocional plena

El secreto de los hippies

Punta del Este

Unas 300 personas tomaron por asalto el Hotel San Rafael, para generar una atmósfera cálida, de perfil comunitario y con un lenguaje años sesenta traducido al 2000.

El congreso trabajó una fiesta de las emociones y los sentidos, a partir de agentes movilizadores como la música y los ejercicios, en una especie de reversión pequeña pero efervescente, del viejo flower power, que evoca a los beatniks como Allen Ginsberg y a músicos de la década prodigiosa.

Pero la Biodanza es una ciencia con áreas de labor muy precisas y una metodología determinada. En esa dirección, el presidente de la Regional de Biodanza de la Argentina, Raúl Tarrán, señaló que se trata de una propuesta pedagógica y terapéutica, que busca estimular los potenciales de salud en las personas. Es un reaprendizaje de las funciones de la vida, como conectarse con el placer, vincularse con el otro y escucharse a sí mismo. Y el subrayado es el trabajo que se practica sobre la afectividad y el territorio emocional de estas personas, ese vínculo esencial», destacó.

Terrán explicó que esta experiencia es un trabajo grupal, con una metodología que se apoya en el efecto de la música y el movimiento. Destacó «la presencia emocionada como disparador, dentro de una serie de ejercicios que van generando lo que denominamos vivencias profundas sobre uno mismo».

Aseguró que la música se selecciona a partir del conjunto de vivencias que cada uno quiere «desflagrar». Como la actividad es grupal, van fluyendo emociones con distintos gestos de intensidad.

El trabajo abarca cinco grandes áreas específicas: vitalidad, sexualidad, creatividad, afectividad y trascendencia y para cada actividad hay ejercicios específicos».

El docente confió que «hay que aclarar que la Biodanza trabaja con un mínimo de salud, incluyendo aquellas psicopatías de gravedad. «las patologías comunes podemos trabajarlas porque nosotros partimos del área de la salud. Es decir, la optimización de todo el metabolismo humano y su red de emoción».

Según nuestro entrevistado, esta experiencia ha logrado revertir estados de melancolía, ciertas disfunciones sexuales, por citar algunos ejemplos concretos. «La clave es practicarle un by-pass a la conciencia».

Explicó que «la conciencia es muchas veces la que bloquea el acceso a la salud y la generadora de patologías. Nuestro trabajo se apoya, asimismo, en lo que llamamos inconsciente connitivo y, en consecuencia, la vivencia trabaja sobre sí misma y, por ende, posee un efecto terapéutico».

Para encarar el proceso, hay que cursar un ciclo básico de tres meses. Terán explicó que si no se hacen los ejercicios con una lógica placentera, puede ser contraproducente. Raúl Terrán consideró que la Biodanza es una «poética del encuentro humano, una especie de triunfo secreto de los hippies. Hemos buscado la forma de acoplarnos al mundo cotidiano, que a veces es violento y marginante. No somos ingenuos ni tontos, porque pensamos a la Biodanza como una ciencia que fija su utopía en la buena salud de sus semejantes, en la armonía corporal, intelectual y emocional».

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