"A la mujer de mis sueños"
Sin fecha detallada, salvo el año, sin especificar el lugar geográfico, ni identificar el nombre del submarino desde el cual fue lanzada la botella, el mensaje original, que está en poder del Museo Marítimo de nuestro país, llegó con la marea a la isla de las Gaviotas.
Omar Medina (78), director del museo, explicó a LA REPUBLICA que el texto fue encontrado días atrás por una joven estudiante del Instituto Logosófico que, recorriendo la isla junto a sus compañeros de clase, se percató del hecho.
De aquí en más, se realizarán estudios para determinar la autenticidad del mismo. Una de las dudas que surgen es que la botella encontrada en Uruguay que protegía el papel, era de plástico, material con el cual no se trabajaba en la época de la Segunda Guerra Mundial.
Sin embargo, Medina no duda de la autenticidad del mensaje, escrito con tinta sobre un papel blanco de un espesor más grueso que el de hojas de cartas.
Explica lo del material de la botella sosteniendo que seguramente la original era de vidrio y se arrojó al mar desde el submarino navegando cerca de Brasil.
Al llegar a la playa, alguien que la encontró, se percató que era un mensaje por lo que lo colocó en otra botella pero de plástico, a la que le agregó piedras para que se hundiera y no regresara a la playa.
Fue así que la botella encontrada en la Isla de las Gaviotas no llegó flotando, sino trasladada por corrientes submarinas.
El mensaje escrito en alemán, que ahora será entregado a la Embajada germana en nuestro país dice:
«A la mujer de mis sueños, que aún no encontré.
Envío este mensaje en la botella en el año 1944. Soy un marinero en un submarino alemán Deutschen U-Boot, y me siento muy solo.
Seguramente voy a morir aquí porque estamos en guerra, sin haber conocido a la mujer de mis sueños». Lo firma Pako Willy. Pako sería un apodo.
Este mensaje será además publicado en Alemania, para intentar localizar a su autor que puede estar vivo, teniendo en cuenta que el personal marino alemán eran jóvenes de entre 18 y 23 años de edad.
Medina que fue navegante durante 45 años, se desempeñó en 38 barcos mercantes de 8 países y llegó a 356 puertos, surcando además los mares en épocas de guerra, narró que los alemanes son muy románticos y en esos tiempos eran muy proclives a enviar mensajes en botellas.
Recordó incluso que hace unos años se encontró uno en costas del departamento de Rocha.
Insistió en que el texto encontrado ahora tiene «señales claras» de autenticidad, como, por ejemplo que no tuviera fecha, ubicación geográfica o la identificación del barco.
Estas eran características de las cartas enviadas desde barcos de guerra pero también mercantes.
Los submarinos de la época contaban con tripulación de entre 20 y 30 personas.
Narró que entre 1944 y 1945, cuatro submarinos nazis llegaron a costas de la Patagonia argentina. Dos de estas naves fueron identificadas con los números 510 y 977, fueron requisadas por Estados Unidos y su tripulación fue tomada prisionera.
Un ex diputado antiperonista, Silvano Santander, denunció en ese entonces en el parlamento de su país, que esos dos submarinos alemanes habían llegado a Argentina con tesoros para Perón y Eva Perón, extremo que nunca fue confirmado.
Este diputado, se exilió luego en Uruguay, donde escribió un libro en 1953, «Técnica de una traición» que cuenta detalles de estos operativos.
Los otros dos submarinos fueron hundidos frente a la Patagonia.
No hay datos de su tripulación y se supone que trajeron a políticos alemanes nazis para esconderlos en estas latitudes, tras la caída del régimen de Adolf Hitler, luego de la derrota del efímero Tercer Reich a manos de los aliados.
Durante el período nazi, Alemania construyó una flota de 2.000 submarinos, de los cuales más del 90% fueron destruidos en combate.
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