Uruguayos en busca del hijo tan deseado
La integrante del equipo católico Elena Henry es partidaria de legislar sobre reproducción asistida, para que los pobres tengan acceso a estas tecnologías.
El Movimiento Familiar Cristiano (MFC), de acción católica, cumplió 50 años de existencia. Cinco años después de su creación, comenzó a trabajar en la adopción de niños.
En aquella época, los fundadores consideraron necesaria la aplicación de un servicio para aquellos matrimonios que por diversos motivos no podían tener descendencia. A mediados de siglo, el Estado implementó la adopción, según recordó a LA REPUBLICA Elena Henry de García Costa, aunque este procedimiento se hacía de una forma menos ordenada que actualmente.
Según su experiencia, siempre aparece el dolor en quienes se acercan a la institución con aspiraciones de entregar a su hijo en adopción y, en todos los casos, se trata de situaciones límite.
Sólo el 30% de las mujeres que pretenden inicialmente «donar» a sus vástagos efectivamente lo hacen. El resto decide continuar viviendo con su hijo. En los últimos años ha disminuido el número de niños en situación de abandono, mientras simultáneamente aumentan los matrimonios que aspiran a adoptar.
El MFC tiene actualmente una lista de espera de 150 parejas y sólo una joven embarazada que hasta el momento pretende entregar a su hijo en adopción. Hace un mes, un matrimonio que durante cuatro años estuvo esperando su oportunidad, recibió en adopción un recién nacido.
Henry reveló que los casos más comunes son los de infertilidad tanto en mujeres como en hombres, los que recurren muchas veces al Iname y al Movimiento Familiar Cristiano para remediar la situación.
La integrante de esta organización católica estima conveniente la aprobación de una ley de reproducción asistida, con el propósito de otorgar la oportunidad a las personas de bajos recursos de servirse de las nuevas tecnologías.
La cristiana Elena Henry consideró necesario legislar, teniendo en cuenta el elevado número de matrimonios en lista de espera y los pocos niños disponibles.
Sin embargo, a pesar de compartir algunos aspectos de la iniciativa del senador Alberto Cid sobre reproducción asistida, consideró que no contempla aspectos éticos.
«Son todos casos límites»
Uno de los requisitos exigidos a las parejas aspirantes a adoptar un niño, es no ser mayores de 34 años la mujer y 38 el hombre, para que el niño adoptado pueda tener padres jóvenes.
«Para nosotros el personaje importante es el niño y por eso le buscamos una familia», indicó. La pareja se acerca a la MFC con una gran ansiedad y deseos de conseguir un hijo. Mientras espera el momento de la adopción, el matrimonio es preparado para la experiencia de la paternidad. Para ello, se celebran reuniones de candidatos en la sede de la institución.
A diferencia de la modalidad implantada por el Instituto Nacional del Menor (Iname), el MFC trabaja directamente con la madre biológica, aconsejándole no ceder a su hijo si no es indispensable.
El objetivo central de estas entrevistas preliminares es determinar si se trata de una madre que quiere y puede hacerse responsable de la vida de ese hijo o solamente es una mujer embarazada. La mayoría de las «donantes» son jóvenes que llegan con un gran estado de ansiedad y angustia.
En la experiencia de trabajo se constata –afirmó Elena Henry– que en ninguno de los casos hubo una entrega sin dolor. «Se pretende que la decisión tomada por la madre sea la más libre posible», manifestó.
Si bien el movimiento religioso es consciente del crecimiento de embarazos no deseados en adolescentes y que debe asistir casos de «jovencitas», prefiere trabajar con madres mayores de edad. Consideran que las mujeres menores de 18 años no están capacitadas para tomar una decisión tan importante, como la entrega de un niño. El MFC exige de un contacto con los responsables de la menor ante de tomar cualquier decisión.
Durante el embarazo la madre es aconsejada a tomar la decisión más oportuna sin presiones y en libertad, pero una vez que nace el niño, se le recomienda que tome una decisión lo más pronto posible, lo que en estos casos se estima como el mejor camino. «Para la criatura lo conveniente es cuanto antes mejor», acotó Elen Henry, quien explicó que, de este modo, más que una adopción es una delegación de funciones. Las mujeres que ofrecen en donación a sus hijos tienen entre 20 a 30 años y son de un nivel socioeconómico medio. «No solamente por razones socioeconómicas se entrega a un hijo, ya que las historias de las chicas que vienen están llenas de conflictos debido a que fueron abandonadas, por incomprensión familiar y soledad», explicó la integrante del movimiento.
Relató el caso de una joven embarazada que soporta la férrea oposición de su padre. Hasta el momento, no fue posible hacerlo cambiar de idea.
¡Son todas situaciones límites!, exclamó. El Movimiento Familiar Cristiano está en contra del aborto. Cuando una madre dispuesta a entregar a su hijo manifiesta que desistió de interrumpir el embarazo, se le suele felicitar por su decisión.
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