Respuestas al Director
Montevideo, 10 de octubre de 2000
Sr. Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano
Presente
En la sección «Llamadas al Director», de fecha 5/10/2000, se publicó un artículo cuyo título era «Hugo Díaz debe explicar lo del CAU».
En el mencionado artículo se plantea que debía explicar a la Junta «qué oscuros intereses le hicieron negar por sí y ante sí la aprobación de un plan del CAU para financiar su deuda. El CAU quebró y se remató su sede. El precio fue barato y hubo un solo oferente…».
En primer término quiero agradecerle, Sr. Director, los juicios que Ud. agregó sobre mi actuación, trayectoria y conducta.
En segundo término, aclarar que no voy a entrar a responder aspectos de alguien que, escudado tras el anonimato de un teléfono incompleto, pretende agraviar o sembrar dudas sobre mi moral: no hubo oscuros intereses y no depende de lo que yo haya hecho o dejado de hacer la cantidad de oferentes y el precio al que se remató.
En tercer término, Sr. Director, permítame aclararle a sus lectores cómo se desarrollaron los hechos que culminaron con el remate de la propiedad del CAU. Efectivamente, es verdad que el CAU hizo varios planteos de fórmulas de pago para cancelar las deudas que mantenía con la IMM. Pero todas ellas se basaban en que no iban a abonar recargos y en algunos casos ni siquiera abonaban los impuestos generados hace varios años.
No fue nuestra práctica darles mejores condiciones a quienes venían «de parte de fulano», que las que obtenía cualquier contribuyente. No es justo, ni existe norma que lo ampare, que quienes acceden a conversar con los jerarcas, paguen menos que lo que abona cualquier contribuyente, haciendo enormes sacrificios.
Existió por parte de la IMM un plan de quita de recargos general para todos los contribuyentes: el CAU no se acogió a él.
En las conversaciones le manifestamos que ya que existía voluntad de abonar los tributos, se regularizaran otro tipo de situaciones. Por ejemplo: el empadronamiento de su flota de vehículos, los que circulando por Montevideo estaban empadronados en un departamento del Interior del país, no abonando aquí las patentes correspondientes: el CAU no lo hizo.
A lo largo de varios meses, se cambiaba el emisario de la propuesta, pero no se hacía lo que debía hacerse: plantear cómo cancelar la deuda generada, insistiendo en quitas y abatimientos que ni el marco normativo ni la Justicia amparaban.
Cuando alguien no paga sus impuestos, otros terminan asumiendo el costo, sea porque pagan más, sea porque reciben menos.
En esas condiciones y con todos los elementos vinculados a su conducta tributaria, fue que se debió tomar la decisión de si se defendían los créditos de la comunidad o si se le trasladaba a ésta el costo de una especie de subsidio implícito, a una asociación como el CAU. Y se tomó la decisión que se consideró más justa para el interés general.
Por último quiero dejar en claro que se falta a la verdad cuando se dice que el CAU quebró. Si pasamor por la calle Mercedes entre Germán Barbato y Barrios Amorín, veremos sus oficinas, así como sus camionetas estacionadas en la calle (aún empadronadas en otro departamento).
Lo saluda muy atentamente,
* Cr. Hugo Díaz
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