Más trabajo informal para los jóvenes

Malabarismos para vivir

La mayoría de los improvisados artistas son estudiantes de nivel secundario. Nunca están en un semáforo fijo y realizan espectáculos de cuarenta segundos, que es el tiempo que permanece la luz en rojo.

En el cruce de Avenida Italia y Centenario, por ejemplo, se puede observar al atardecer, a Victoria, Adrián, Jimena y Pablo, practicando clavas con fuego. Mientras Adrián y Pablo desarrollan el novedoso show, Victoria y Jimena piden alguna moneda a los automóviles que están esperando el cambio de luz. Tienen entre 17 y 20 años y además de dedicarse a esta actividad, Victoria y Adrián estudian en el Liceo 55, mientras que Jimena y Pablo concurren al Instituto Juan Zorrilla de San Martín.

«Antes estábamos en la peatonal frente a la terminal de Tres Cruces, pero como no daba mucho resultado, nos fuimos a los semáforos, porque siempre te dan tres pesos, siempre nos tiran», explica Adrián. «Esto lo hacemos –agrega Victoria– para solventar nuestros gastos y no tener que pedirles dinero a nuestros padres».

Todo empezó como un juego, cuando los jóvenes se reunían a divertirse un rato. Pablo explicó que aprendieron mirando las destrezas de otros y luego practicaron hasta lograr desarrollar bien sus habilidades.

«Empezamos hace casi tres meses porque estamos sin trabajo y queremos tener algo de dinero para nuestras salidas y gastos. Además –agrega Jimena– ganamos plata con algo que nos gusta hacer».

Mientras tanto, en el cruce de Bulevar Artigas y Miguelete, Marcel y Jorge también practican clavas con fuego, disfrazados de payasos, mimos.

«Trabajamos individualmente, pero a veces nos juntamos con otra gente que hace diferentes malabares y nos complementamos», explica Marcel.

Muchas veces son contratados para demostrar sus talentos en promociones de empresas o en fiestas particulares.

Marcel aprendió a hacer malabarismo con otros artistas pero informalmente, sin pertenecer a ningún grupo en particuar. Trabaja en el arte callejero desde hace tres años.

En Bulevar Artigas y Nueva Palmira o en cualquier otro cruce de calles importantes, se puede ver a Marcelo, Darwin, Pablo y Javier, practicando diversas acrobacias con zancos. Pertenecen a Dragos Malabares, un grupo de malabaristas del Cerrito de la Victoria, compuesto por 17 personas.

«Hacemos esto porque nos gusta y porque no tenemos trabajo», informó Marcelo. Hace dos meses que están practicando malabares en los semáforos y lo que recauda cada uno es relativo.

«A veces nos llevamos 150 pesos por día, otras veces más, otras veces menos, pero tenemos para la plata del día», agrega Darwin.

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