En la última década se expidieron más de 400.000 pasaportes

Exodo en democracia

La falta de empleo y el alto costo de vida, acompañado de una sensación de futuro incierto, son las principales causas que inducen a miles de uruguayos a buscar nuevos horizontes lejos de su tierra.

Un sentimiento de frustración, bronca contenida e impotencia, sobrevuela la larga fila de cientos de uruguayos que desafían el frío matinal para cumplir con el requisito.

El cartel, ubicado a la entrada de la sede de la Dirección Nacional de Policía Técnica, se transforma en el testigo más elocuente de una situación que se agrava día a día. «No hay más números», se puede leer y apenas son las 8 de la mañana.

Un grupo de muchachos comparte el mate en la vereda. Unos metros más atrás, un matrimonio con su hijo en brazos aguarda en silencio. Imágenes desoladas que se repiten a diario, frente a un sistema que, tercamente, se empeña en expulsarlos.

Como es el caso de Hugo, quien a los 60 años, está gestionando el pasaporte con destino a España: «Me voy por la falta de trabajo.

Es muy difícil poder reciclarse a mi edad y el costo de vida en Uruguay es muy alto. No me costó mucho tomar esta decisión. Aquí está cada vez peor. Como mi padre era español y me corresponde la ciudadanía española, no lo dudé ni un momento».

Según datos de la Dirección Nacional de Identificación Civil, durante el pasado año, se expidieron 43.352 pasaportes.

El índice más alto desde la restauración de la democracia en 1985 se registró en 1998 con 47.197, una cifra que se acerca peligrosamente al récord de 1974, cuando 62.380 personas abandonaron Uruguay por motivos económicos y, especialmente, políticos.

Entre 1995 y 1999, 217.675 personas abandonaron territorio uruguayo, mientras que en el período comprendido entre 1963 y 1981, habían partido 275.000 personas.

En sólo siete meses, entre enero y junio de este año, se otorgaron 32.000 pasaportes y todo parece indicar que, de mantenerse esta tendencia, en diciembre se habrán expedidos 55.000 pasaportes. En la última década, período comprendido entre 1990 y julio de 2000, el total ascendió a 406.150 pasaportes.

Un viaje de ida

La decisión de emigrar está signada por varios motivos que rondan sobre un mismo problema: la fuerte crisis socioeconómica que sacude a Uruguay. Los menos tienen trabajo, pero se resisten a sobrevivir con un magro ingreso o el pluriempleo. La gran mayoría «escapa», cansados de engrosar durante meses la lista de desocupados y subocupados.

De la encuesta realizada in situ por LA REPUBLICA, se desprende que un 80%, por motivos de idioma o de ciudadanía, elige como destino a España. El resto, se inclina por Estados Unidos, porque consideran que es un país que brinda mejores oportunidades de inserción laboral y superación.

Un dato a tener en cuenta: aquellos que poseen nivel secundario y terciario eligen España, mientras que la llamada «mano de obra» emigra hacia el norte.

También existen excepciones, como el caso de Ruben, un estudiante de 27 años, que eligió la tierra de los canguros: Australia.

«Me voy a Sydney. Los motivos son exclusivamente económicos. No me voy porque quiero, sino porque me obligan. Acá una persona con 35 o 40 años es vieja. Yo siento eso, es el sentimiento que hay».

A diferencia de Hugo, para Ruben la decisión no fue fácil. «Me costó mucho decidirme, aquí dejo un montón de cosas por el camino: estudios, amigos, familiares. Mi hermano está allá y cuando llama siempre dice que lo se que extraña es la gente, sobre todo para nosotros que somos del Interior. Las costumbres se superan. Pero no tengo otra salida», señala.

María Laura (33) se recibió de enfermera, pero no consigue trabajo. Hizo algunas suplencias y, durante un tiempo se dedicó a dar inyectables a domicilio y al cuidado de enfermos. Pero la estabilidad laboral nunca llegó. «Te juro que lo intenté», señala con un dejo de tristeza, «pero me cansé. Me voy a Roma con mi hermana, a trabajar en lo mío o en lo que sea. Cuando me recibí tenía expectativas, pensaba que era posible. Me apunté en varias mutualistas, pero nadie me llamó. La realidad me decepcionó completamente. Llamé a mi hermana y le expliqué la situación. No tengo trabajo y tampoco estoy dispuesta a vivir con 3.000 pesos por mes».

Cuatro muchachos, recostados sobre el portón de entrada, preguntan al equipo de LA REPUBLICA: «¿De dónde son?». La respuesta abre las puertas a un diálogo que resume, en cierta medida, la sensación de frustración por la partida y la expectativa de un horizonte nuevo, cargado de desafíos. A la hora de eligir destino no se pusieron de acuerdo: Alejandro eligió Estados Unidos, el resto España. «Me voy a Estados Unidos. Este país es un desastre y la cosa no da para más. Tengo familiares allá y me voy con trabajo. Ya tengo 27 años. ¿Qué más voy a esperar? «A medida que el tema laboral se iba complicando, comenzamos a pensar en probar suerte en otro lado. Por mi parte, y cueste lo que cueste, estoy dispuesto hacer el trámite que sea para irme. Esto ya no tiene arreglo», señala Leonardo de 29 años.

Alexandro tiene 27 años y al igual que la mayoría de sus amigos, escogió España, «por el tema del idioma y porque tengo familiares», señala.

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje