Los restos del constituyente Manuel Barreiro descansan en una lata

Tumba sin nombre

En el siglo pasado, cuando un religioso católico fallecía, sus restos eran inhumados dentro del predio de una capilla, parroquia o iglesia y luego se le colocaba encima una lápida con su nombre y las fechas de su nacimiento y muerte.

Sorprendentemente, el vicepresidente de la Asamblea Constituyente de 1830, Manuel José Máximo Barreiro, quien pudo convertirse en el primer obispo de Montevideo por ser el secretario del entonces vicario Dámaso Antonio Larrañaga, pasó al olvido.

El lugar donde descansan los restos del sacerdote y patriota sólo es conocido por tradición, ya que por más de un siglo se identificó –vía oral– a la pequeña caja plateada sin inscripción como el lugar donde reposan los restos de Manuel Barreiro.

Sus huesos fueron colocados dentro de una caja de unos 40 centímetros de altura por 20 de ancho, que permaneció durante décadas en “un lugar seguro de la parroquia”, según indicó el cura Fermín Marrodán.

Los responsables de la parroquia reconocieron que sería conveniente construir una tumba para depositar los restos del religioso y constituyente, pero actualmente la comunidad parroquial está abocada a reparar la deteriorada construcción de la casa religiosa.

“Una barbaridad”

Fuentes eclesiales sostuvieron que “esta omisión o descuido es una barbaridad” y sería conveniente revertir esta situación. “No es bueno que esto ocurra”, reconoció un vocero católico.

Manuel José Máximo Barreiro fue el hermano mayor de Miguel Barreiro, secretario personal de José Artigas y primo hermano del fraile José Monterroso.

Se configuró en uno de los constituyentes de 1830 que redactó nuestra primera Carta Magna. En esta función llegó a ocupar la vicepresidencia.

Luego, viajó a Buenos Aires para profundizar sus estudios y, a su regreso, pasó a trabajar como “teniente cura” en la Catedral de Montevideo.

Posteriormente, cumplió funciones en la Casa de Ejercicios Espirituales ubicada en la Ciudad Vieja, edificio donde, poco tiempo después, funcionó la primera Universidad de la República.

Incluso estuvo a punto de ser elegido como el primer obispo de Montevideo, ya que durante muchos años fue secretario de Dámaso Antonio Larrañaga, vicario de la Iglesia de Montevideo.

Manuel José Máximo Barreiro nació en 1787 y murió en 1838. Al fallecer, sus restos fueron enterrados en la capilla de la Casa de Ejercicios, pero después, cuando ésta se demolió en 1868 en el marco de las obras de ampliación de la Facultad de Medicina, los huesos del constituyente fueron trasladados a la parroquia de San Francisco.

Manuel Barreiro era considerado una persona de vida muy virtuosa, un artista que tuvo problemas con el gobernador español Vigodet, pero era catalogado como un intransigente en materia religiosa.

Por ejemplo, al redactarse el artículo quinto de nuestra primera Constitución abogó por una unión más firme y categórica entre la Iglesia y el Estado. También era muy estricto en el cumplimiento de las formalidades canónicas.

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