Algunas macanas republicanas
Juan Mendieta
«De la Rúa decidió entregar (…) todos los datos que dispone sobre los desaparecidos uruguayos en Argentina». (LA REPUBLICA, 1/9/00).
En la columna del domingo pasado intenté explicar a los lectores el error sintáctico cometido por el semanario de los jueves, al haber escrito «Eso es lo que Batlle ha venido bregando desde 1966″. Señalaba la omisión de la preposición por, omisión que implica construir el verbo bregar como transitivo, lo cual era manifiestamente disparatado.
En este caso fuimos nosotros –los sufridos republicanos– quienes cometimos un yerro similar. Veamos. El verbo disponer puede ser transitivo o intransitivo –algo que suele ocurrir con otros verbos, como bregar–, y por tanto varía notoriamente su significado según se construya de una u otra forma. Es transitivo (exige complemento directo) cuando significa «poner las cosas en orden y situación conveniente» o «determinar, mandar lo que ha de hacerse». Es, en cambio, intransitivo si lo empleamos en la acepción de «ejercitar en las cosas (o en las personas) facultades de dominio», en cuyo caso debemos seguirlo de la preposición de. Aclaremos con algunos ejemplos. Si digo: «El jerarca dispuso una investigación administrativa» o «El jugador dispone las piezas sobre el tablero», es claro que estoy empleando el verbo disponer como transitivo; en la primera proposición el complemento directo es una investigación administrativa y en la segunda, las piezas. Si varío el orden de los términos, diré: «la investigación que dispuso el jerarca» y «las piezas que dispone el jugador».
En cambio, cuando digo: «El Ministerio dispone de recursos para afrontar ese gasto», no se puede dudar de que el verbo en cuestión funciona como intransitivo, y si necesito variar el orden de los términos, diré: «Los recursos de que dispone el Ministerio…»
En definitiva, la bajada del título en cuestión debería haberse redactado sin omitir la preposición de: «De la Rúa decidió entregar los datos de que dispone sobre los desaparecidos…»
–Diga, Mendieta, pero a usté, no lo leen ni sus colegas…
–Así es la verdad, Pereira, ¡qué lo parió!
Un neologismo inicuo (pero inocuo)
«Inequidades del mercado laboral». (Aviso de «La República de las Mujeres» en LA REPUBLICA, 1/9/00).
La lógica indica que lo contrario de equidad (su antónimo) debiera ser inequidad con e, y no iniquidad, con i, máxime teniendo en cuenta que este último vocablo solemos asociarlo con una acción moralmente reprobable. Ahora bien, si aceptamos que equidad significa «justicia natural», también parece lógico que aquello que se aparte de esa categoría moralmente positiva, necesariamente ha de considerarse como algo moralmente reprobable, por lo que podemos aceptar iniquidad como lo opuesto.
Pero veamos qué nos dice el mataburros al respecto. En primer lugar, admitamos que inequidad no existe; el diccionario no lo registra; de donde podemos concluir que estamos en presencia de un neologismo. Y de iniquidad nos dice que significa «maldad, injusticia grande».
Dicho esto, ¿qué hacer?, como se preguntaba Lenin. Personalmente soy partidario de no abominar de los neologismos pues muchas veces presentan sutilezas y matices semánticos más ricos que las voces del diccionario. Y por lo general, terminan por ser aceptados por los sesudos académicos, ingresando a la lengua por la puerta oficial.
–Mire, Mendieta, si quiere reparar una iniquidad, disponga que el patrón nos sirva la otra, ¿ta?
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