"La culpa es de la pobreza"
Ettore Pierri
Todos recordaron que hechos similares se han registrado en muchas otras oportunidades. «Cada tanto, el mar se lleva su cuota de víctimas. Dos por tres pasan cosas como estas. El mar ya se tragó a muchos compañeros. Y lo peor es que puede seguir ocurriendo porque todos estamos en peligro cada vez que nos metemos en el mar».
«En los últimos años, los pescadores artesanales de Montevideo y Canelones han sufrido un agudo proceso de empobrecimiento, que está deteriorando velozmente su calidad de vida y los obliga a correr riesgos cada vez mayores para mantener a sus familias», explicó a LA REPUBLICA el trabajador Walter Miranda .
La falta de políticas gubernamentales para el sector, trae como consecuencia que los pescadores estén cada día más desesperados, librados a su propia suerte sin apoyos ni estímulos ni protección de ningún tipo, dijo Miranda al ser entrevistado en San Luis, Canelones, donde está ubicado uno de los dos pesqueros más importantes que tiene Uruguay en el Río de la Plata.
Uno de los factores que incrementa los riesgos de esta actividad es que los pescadores deben salir cada vez más lejos y con mayor frecuencia para obtener capturas relativamente estables.
«Cada día hay menos peces cerca de la costa, como consecuencia de la tremenda depredación causada por la pesca industrial. Por esta razón hay que recorrer mayores distancias en el río para conseguir algo y esto, por supuesto, aumenta los riesgos. Aún así sacamos poco pescado y entonces hay que salir o salir, aunque las condiciones no sean las mejores, porque vivimos exclusivamente de lo que capturamos cada día. Vivimos de lo que vendemos y entonces, si no pescamos, no ganamos y no comemos», explican.
Según estimaciones recientes, en los últimos siete años las capturas de los pescadores artesanales descendieron casi un 50%, tanto en Pajas Blancas, como en San Luis, Santa Catalina y otros caladeros de Montevideo y Canelones.
Este descenso ha reducido drásticamente los ingresos de las casi 300 familias que dependen de la pesca artesanal en ambos departamentos y en algunas zonas cercanas de Maldonado. Las capturas de los pescadores van a parar a un puñado de grandes acopiadores que monopoliza no sólo el mercado sino también la exportación de especies altamente cotizadas en otros países, entre ellos Brasil.
Los acopiadores fijan unilateralmente las remuneraciones que reciben los pescadores por su trabajo, sin que tampoco en este aspecto intervenga ningún organismo oficial, según se ha denunciado en varias oportunidades.
«Estamos abandonados», decían ayer los pescadores mientras crecía la angustia por sus compañeros desaparecidos en el mar. Sobre este episodio lamentable, el Comando General de la Armada, a través de su Departamento de Relaciones Públicas, informó que se mantiene vigente el operativo de búsqueda y rescate iniciado el jueves, rastreando por aire y por mar la localización de la barca de pesca «Taura II» y sus cuatro tripulantes. Helicópteros de la Fuerza Aérea se sumaron al operativo de búsqueda con la esperanza de que los hombres del mar estén aferrados a la barca semihundida.
La barca «Taura II» que fuera sorprendida por el temporal del jueves, está siendo rastreada por cinco unidades flotantes de la Armada, el barreminas «Fortuna», el balizador «Sirius» y tres lanchas clase 44, además del apoyo aportado por los helicópteros de la Fuerza Aérea y de unidades aeronavales que trabajan bajo condiciones meteorológicas adversas.
Sobre las 19 horas de ayer la Armada informó que se encontraron restos de la embarcación siniestrada Taura II, a dos kilómetros al oeste de Playa Pascual. Continúa la búsqueda de los tripulantes.
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