Armín Ihle rechazó golpismo y reclamó mejorar calidad de vida

Pastor convocó a escuchar descontento de paraguayos

Reivindicó como único camino la vida democrática, al tiempo de criticar la «caza de brujas» que practica el gobierno de González Macchi. No obstante la crisis, el religioso afirmó que en el tema derechos humanos, los paraguayos están más adelantados, ya que ellos enjuiciaron a los violadores.

El pastor Armín Ihle, copresidente de la Confraternidad Judeo-Cristiana del Uruguay y responsable de la Iglesia Evangélica Alemana, dio su posición sobre la situación política y social del país guaraní, teniendo en cuenta que vivió durante 20 años en dicho país. Es considerado una figura trascendente en la defensa de los derechos humanos y en el año 1994 se convirtió en el primer extranjero declarado Ciudadano Honorario por el parlamento paraguayo.

El religioso luterano ensayó una reseña histórica del país vecino, para interpretar su presente. Indicó que la nación sufrió la influencia del resultado de tres conflictos bélicos: la guerra de la la Triple Alianza, registrada entre 1866 a 1870, cuando Paraguay se enfrentó a Argentina, Brasil y Uruguay; la guerra del Chaco (1932-35) y la Guerra Civil de 1947. Recordó que el país debió enfrentar tres dictaduras: la de Rodríguez de Francia, otra de Carlos Antonio y Francisco Solano López (padre e hijo) y la última de Alfredo Stroessner, que gobernó durante 35 años.

Ihle se preguntó cuántas lagunas democráticas se formaron en el país hermano y cuánto tiempo de paz tuvo esta tierra.

Según el pastor, los paraguayos vivieron entre guerras, dictaduras y motines de los militares. Afirmó que una democracia no cae del cielo, y puntualizó que la finalización del régimen de Stroessner no representó la aparición de un gobierno del pueblo.

Advirtió que la iglesia católica siempre acompañó los procesos de la gente. «En la historia del Paraguay hubo obispos asesinados y presos por defender los derechos humanos y en la última dictadura fueron la Iglesia y el campesinado los que mantuvieron las reservas morales en la sociedad», acotó Ihle.

Argumentó que después del 3 de febrero de 1989, con la caída del gobierno de Alfredo Stroessner, la gente inició su sueño democrático. Sin embargo, muchos que lucharon contra la dictadura se olvidaron de la solidaridad y comenzó a producirse una fragmentación de la sociedad. «Es que no todos los que luchan contra la dictadura son buenos para construir democracias», explicó Ihle.

Enfatizó como aspecto a favor del mantenimiento de la estructura democrática, la posición actual de Estados Unidos, que está en contra de los golpes de Estado y de los países que forman el Mercosur, que tampoco están de acuerdo con el quiebre institucional.

Aprender del pueblo

El luterano indicó que de las intentonas golpistas se debe aprender y percibir el descontento del pueblo, ya que a su entender, se llegó a la desestabilización por las precarias condiciones de vida que llevan los paraguayos. Denunció graves problemas sociales en un país que manifiesta su descontento por la falta de trabajo, la corrupción y los conflictos entre poderes establecidos.

«Un país no consigue la pacificación de las instituciones solamente por decreto, sino por el mejoramiento de las condiciones de vida», resaltó el religioso, quien comentó que la misma noche del intento del golpe, el presidente de la Conferencia Episcopal Paraguaya, Jorge Livieres Banks apoyó el proceso de democratización y rechazó todo intento dictatorial. Las iglesias evangélicas se expresaron en el mismo tenor.

Sin embargo, el evangélico manifestó que las iglesias deben tener en claro el precepto bíblico: «Â¡He escuchado el clamor de mi pueblo!» Recalcó, asimismo, que ni los juicios ni los decretos consolidan al país democráticamente, «si las condiciones sociales no están dadas se puede volver al caos autoritario.»

Consideró que no existen alternativas a la vida democrática. Empero, mostró preocupación por lo que calificó de «caza de brujas», practicada por el gobierno paraguayo que, a su juicio, intenta arreglar cuentas personales y políticas, persiguiendo a inocentes personas ante la presunción de incitar al intento de golpe. El religioso puso el ejemplo del periodista Hugo Ruiz Olaza, del diario ABC de Asunción, corresponsal del diario El Clarín y la agencia France Presse que fuera apresado por motivos políticos.

Sostuvo que muchos estados del continente –al igual que el paraguayo– muestran síntomas de enfermedad, visualizados a través de los reiterados brotes de conflictividad.

No obstante, consideró incorrecto afirmar que los uruguayos están más adelantados que los paraguayos porque tengan desarrollada la cultura de la música, las artes y de la vida democrática, ya que en Paraguay se cultiva la cultura del corazón, y se dieron pasos concretos en la defensa de los derechos humanos.

«El pueblo guaraní obtuvo una respuesta concreta a las violaciones de los derechos humanos donde se produjeron juicios con sentencias, mientras que en suelo oriental durante muchos años el tema fue totalmente tapado por un manto de silencio», fundamentó Ilhe.

El pastor vio con agrado la iniciativa del presidente Jorge Batlle de manejar con delicadeza e intuición el tema de los desaparecidos, a fin de buscar soluciones. Estimó esencial que el gobierno emprenda pasos positivos en este proceso de solución y que la iglesia acompañe las etapas logradas.

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