Ambos países acordaron reconocimiento recíproco de años de actividad

Uruguayos que trabajaron en España podrán jubilarse

Ambos convenios constituyen los primeros frutos de una nueva etapa de las relaciones diplomáticas entre ambos países, en lo que a la actuación cotidiana de nuestra embajada se refiere.

Es el resultado de la presencia –por primera vez en muchos años– de un embajador de carrera y de un «equipo más profesional que político» en la representación compatriota radicada en la Madre Patria.

El acuerdo en materia de seguridad social es de gran trascendencia, ya que permitirá a muchos españoles que vivieron en Uruguay y a uruguayos que trabajaron en España, obtener, al jubilarse, el reconocimiento de los años de actividad fuera de su suelo natal.

Según los términos del acuerdo, para acceder al beneficio recíproco, los trabajadores deberán cotizar a la seguridad social.

Por su parte, el acuerdo en materia de cooperación judicial establece las bases de una asistencia técnica que brindará España para la modernización y equipamiento de las estructuras judiciales uruguayas.

Nuevo estilo

La Embajada y el Consulado del Uruguay ocupan en Madrid sendos pisos de un señorial edificio del Paseo del Pintor Rosales, desde cuyas ventanas se divisan las frondas del Parque del Oeste y las vastas extensiones de «monte bajo» del parque Casa de Campo. Físicamente, nada ha variado, pero igualmente se perciben importantes cambios: hay dos consejeros, se han delimitado los departamentos, se creó una sección cultural y el tema del intercambio turístico merece una atención bastante más importante que en el pasado.

Pero –sobre todo– se nota un nuevo espíritu: hay contactos con sectores de la sociedad y la vida española hasta ahora ignorados y hay gestos hasta ahora jamás vistos.

El embajador José María Araneo y la plana mayor de la Embajada asistieron a una conferencia del hoy intendente electo de Montevideo, Mariano Arana, lo que antes hubiera sido impensable. También participaron en actos del embajador al escritor Mario Benedetti, a quien el ex embajador Enrique Tarigo siempre prefirió ignorar.

El nuevo cónsul Figueroa apoya y contacta a los compatriotas que tratan de impulsar la Casa de Uruguay y se utiliza el «mailing» de la embajada para citar a la colonia a actos en que participan artistas uruguayos residentes.

«Relanzar las relaciones»

«El objetivo de la Embajada es relanzar las relaciones entre Uruguay y España», señaló a LA REPUBLICA el embajador José María Araneo, añadiendo que todo su equipo profesional está abocado a esa actividad.

Se busca –explicó– desarrollar una actividad dinámica que abarque los aspectos políticos, económicos, comerciales y culturales, con un esfuerzo centrado en mejorar las relaciones con las universidades españolas, las distintas comunidades autónomas que componen el Estado español y los empresarios». En los escasos meses de su gestión, el nuevo representante diplomático realizó sendas visitas a Galicia y Cataluña, dos comunidades de mucha importancia en las relaciones hispano-uruguayas. En ambos viajes mantuvo contactos con los presidentes de estas comunidades, Manuel Fraga y Jordi Pujol, con industriales y exportadores, perfilando posibles inversiones en Uruguay.

La forestación, la modernización de los puertos, la edición de publicaciones especializadas, la creación de centros de formación profesional y la producción de materiales de construcción, son los rubros prioritarios hacia los que se busca canalizar negocios y transferencia de tecnología.

Además, se ha creado en la embajada un servicio informativo (a través del moderno «correo electrónico») dirigido al sector exportador uruguayo, para proveerlo de una permanente información actualizada, con miras a la intensificación de las corrientes comerciales.

Fruto de su experiencia en Bruselas –donde participó activamente en los trabajos que llevaron a la firma del acuerdo Unión Europea-Mercosur– el embajador Araneo impulsó la coordinación de las representaciones diplomáticas en España de los países del Mercosur, Chile y Bolivia.

El objetivo es mantener un fluido intercambio de informaciones y realizar planteos comunes y coordinados ante las autoridades españolas, los sectores universitarios y los empresariales. Por su parte, la funcionaria del Ministerio de Turismo radicada en la embajada realiza una labor de promoción, informando a los turistas españoles sobre las opciones que ofrece nuestro país.

Presencia cultural

Salvo durante el mandato del profesor Luis Hierro Gambardella, como embajador del Uruguay, nuestra representación diplomática en España no ha sido una gran impulsora de la cultura uruguaya.

Tanto el embajador Araneo como el primer secretario y encargado de la novel sección cultural, Luis Bermúdez, están decididos a «lograr una buena presencia en España de la cultura uruguaya».

Según trascendió, se piensa realizar en la madrileña Casa de América una «Semana de Uruguay», con la participación de artistas e intelectuales compatriotas residentes en España. También está programada para fin de año, una exposición de obras del escultor uruguayo Ricardo Pascale. Desde la vuelta a la democracia, los titulares de la Embajada uruguaya en España –salvo una excepción– no han generado hasta ahora buena prensa»en los ámbitos del Ministerio de Asuntos Exteriores del Reino de España, según ha podido comprobar LA REPUBLICA.

La excepción es el primer embajador «de la democracia», el profesor Luis Hierro Gambardella, del que queda el recuerdo de «un perfecto caballero».

En efecto, los dos embajadores que –tras el profesor Hierro Gambardella y antes del actual ocuparon el puesto diplomático– se recuerdan en la cancillería española sobre todo por sendos «hechos negativos»: Julio Aznares por haber tenido que viajar a Montevideo en pleno ejercicio del cargo, para enfrentar un proceso judicial por defraudación fiscal en su anterior actividad como empresario del sector pesquero. En tanto, Enrique Tarigo fue cuestionado por las declaraciones realizadas a la prensa uruguaya, en las que criticó al Poder Judicial español.

Por todo ello, el nombramiento –por primera vez en muchos años– de un embajador de carrera, José María Araneo, conocido de la Cancillería española por sus misiones diplomáticas anteriores en Ginebra y Bruselas, fue recibido con beneplácito y expectativas.

Más profesional que político

Cuando a fines del pasado mes de marzo, y por noticia originada en Montevideo, LA REPUBLICA denunció la existencia de un «escándalo» en la Embajada uruguaya en España, esta corresponsalía –tras investigar el hecho– señaló que había dos versiones opuestas sobre la separación de su cargo de la ministra consejera («de iniciales LC») y su llamado a Montevideo para ser sumariada.

Fuentes cercanas a la Embajada la atribuían a una «presunta defraudación: una manipulación contable para apropiarse de una fuerte suma de dinero». En cambio, voceros próximos a la funcionaria sumariada aseguraban su inocencia, atribuyendo el asunto a «divergencias político-partidarias» entre colorados y blancos. Este corresponsal informó que «el embajador Araneo y el resto del funcionariado superior de la embajada son colorados».

Si bien el embajador Araneo es de filiación colorada, no todos los miembros del equipo diplomático en Madrid lo son. Según el embajador «lo que se busca es tener un equipo profesional, un equipo que sea más profesional que político».

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