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OMS convoca en el Día Internacional de la Epilepsia a tomar conciencia sobre la enfermedad

Hay más de 50 millones de pacientes epilépticos en el mundo, y la Organización Mundial de la Salud estima que cada mil personas, al menos 10 padecen algún grado de epilepsia.

La enfermedad puede afectar a toda clase de personas, sin que sea determinante la edad.

Para la OMS es un creciente problema de salud pública en tanto la mayor parte de estos casos –hasta el 90 por ciento- se registra en países subdesarrollados o en vías de desarrollo, y resulta sumamente difícil su cuantificación y más aún intentar atenderlos debidamente. En los países desarrollados se estima que hay entre 40 y 70 nuevos casos por cada 100.000 personas cada año.

Técnicamente, la epilepsia es en realidad un grupo de enfermedades que afectan la corteza cerebral, y la manifestación más evidente son las crisis repetidas, causadas por descargas anormales de actividad eléctrica neuronal, que impiden el control normal de diferentes funciones cerebrales. Ello afecta la conciencia, la memoria, la atención, el movimiento, la sensibilidad, la vista, el oído,  el gusto, el olfato e incluso la función de las vísceras. La crisis puede durar unos segundos o minutos, tras los cuales los pacientes vuelven a funcionar con casi total normalidad.

Una enfermedad extendida sin determinantes

La enfermedad puede afectar a toda clase de personas, sin que sea determinante la edad, aunque son más frecuentes durante la infancia), el sexo o la raza. Tampoco el hábitat del individuo, su alimentación o precauciones parecen incidir en la aparición. Cualquiera puede padecer una crisis, y padecer la enfermedad.

Uno de los temas más controvertidos ha sido el del coeficiente intelectual y la epilepsia, en tanto grandes genios han sido epilépticos. En esa nómina aparecen Lewis Carroll, Dostoievsky, Tolstoi, Van Gogh, Haendel, Tchaikovsky, Beethoven, a nivel de artistas inmortales, pero también Isaac Newton, Alfred Nobel en el mundo de las ciencias, e incluso Alejandro Magno, Napoleón Bonaparte y Julio César, militares y viajeros constantes, fueron epilépticos.

Los tratamientos para la epilepsia dependen de “brote” pero hay una gran batería de antiepilépticos específicos dependiendo de casos como los que aparecen en la infancia y pasada ésta no vuelven a repetirse, hasta para síndromes epilépticos, con problemas neurológicos progresivos, que afectan el desarrollo de los niños y los adolescentes, de muy difícil control.

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