SALUD

Universidad de Exeter: satisfacción mental y espacios verdes están ligados

Durante dieciocho años, investigadores de la Universidad de Exeter (Reino Unido) siguieron las tendencias de alojamiento de centenares de personas en la Gran Bretaña, asociándolos con 32.482 áreas verdes, del más distinto tipo y condición, procurando establecer vínculos reales entre ambos ítems, para confirmar o desmistificar la afirmación de que “en el campo se vive mejor”.

Foto: earthlinks-colorado.org

Más allá de todas las consideraciones culturales y de múltiple índole que ello implica, los técnicos querían determinar si vivir en espacios verdes cambia el carácter y la conducta de la gente, y cuánto espacio verde se necesita como mínimo para que esa influencia exista.

Algunas investigaciones de los años 90´, habían determinado que la proximidad de áreas verdes tenía relación directa con la salud mental, pero los analistas no habían logrado especificar si los espacios verdes hacían más felices a las personas, o simplemente la gente feliz, se mudaba a los espacios verdes.

De la Naturaleza al humano, sin intermediarios

El doctor Mat White, que dirigió el equipo de Exeter, trabajó durante 18 años en el muestreo estadístico para deslindar la causa-efecto primigenia, llegando a la conclusión que vivir cerca de un espacio verde, tiene un tercio del impacto mental positivo del que, por ejemplo, ocurre al casarse, pero solamente un décimo del impacto de encontrar trabajo después de haber estado desempleado.

El beneficio del espacio verde –afirma el investigador- es no obstante a destacar en materia poblacional, ya que mientras un casamiento hace básicamente felices a dos personas, un área verde puede hacerlo a miles. White apunta en este sentido a la priorización por parte de las autoridades de los espacios verdes, diferenciándolos sustancialmente de algunas recientes tendencias a hacer “de hormigón” parques y plazas, a fin de evitar actos vandálicos y deterioro constante de lo verde.

“La relación costo-beneficio es cuantiosa –afirma- reponer una planta puede costar centavos, mientras que curar a un paciente siquiátrico, e incluso al más simple depresivo, cuesta miles: además estamos hablando de salud mental, algo que en sí mismo, no tiene precio”, sentenció.

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