El nuevo embajador uruguayo asegura que el ALCA está en el mismo nivel de prioridad que el Mercosur y que el Nafta "es impensable" ahora

Fernández Faingold buscará que EEUU tenga "respeto y consideración" por el Uruguay

–¿Con el gobierno de Jorge Batlle se cambió la estrategia para encarar las relaciones con Estados Unidos?

-Lo que hay es un cambio muy importante en el mundo. El Uruguay ha venido evolucionando hacia una mayor focalización de la atención en Estados Unidos, que es el gran mercado del mundo en todos los ámbitos. Entonces el Uruguay hoy está dando una mayor atención institucionalmente a Estados Unidos, lo que es simultáneamente un reconocimiento de estos cambios que hay en el mundo, y además, en una visión estratégica de alguna de las direcciones en que siento debe moverse el desarrollo. Hoy Estados Unidos es el gran mercado en materia de las nuevas industrias asociadas a las comunicaciones. Para poder acceder a esos mercados, tanto en materia tecnológica como de compra y venta de equipos y servicios, es clarísimo que tenemos que tener un posicionamiento más fuerte que el que hemos tenido hasta el momento.

–¿Cómo se logrará ese fuerte posicionamiento del que habla?

–En términos muy prácticos, quien mucho abarca poco aprieta. Debemos reconocer que en Estados Unidos no hay un mercado, sino muchos mercados. Cualesquiera de esos muchos mercados son comparables a mercados de países. Entonces, estamos tratando de identificar, de seleccionar, aquellos puntos en los cuales conviene concentrarnos. ¿Por qué? No sólo porque constituye el principio de buenas contrapartes en materia de inversiones, sino porque además concentrando nuestros esfuerzos, sentimos que estamos en condiciones de aumentar la conciencia que puede existir en un determinado grupo de personas sobre qué es el Uruguay. Es muy difícil transmitirle a un país del tamaño de Estados Unidos, con esa población, qué es el Uruguay. Ahora, si uno toma un Estado cualquiera de diez millones de habitantes y concentra su acción allí un tiempo determinado, es posible que en los medios de comunicación de ese estado, en el mundo empresarial de ese estado, en el mundo académico de ese estado, y también en su organización política, se conozca mucho más al Uruguay. Por eso estamos analizando en este momento cuáles van a ser los mercados específicos de ese país, en los cuales vamos a focalizar nuestra acción en los próximos doce meses.

–En cuanto al intercambio comercial, ¿Uruguay está pensando en intensificar la exportación de los productos primarios? ¿Cómo se desarrollará esa relación comercial?

–Es muy difícil plantear estas cosas desde el Estado. El Uruguay tiene una oferta exportable determinada que tiene una dimensión y características determinadas en cuanto a calidad, precio, valor agregado. Nosotros no podemos inventar una oferta exportable que no existe. Tenemos que ver dónde podemos colocar mejor nuestra oferta exportable y cómo generar esas relaciones de ida y vuelta que permitan a partir de oportunidades de mercado ampliar nuestro propio mercado.

Es muy difícil separar el aspecto comercial de los demás. Para vender bien e ingresar en los mercados que usted quiere es fundamental que haya un mayor conocimiento en materia política, cultural, académica. Es difícil separar comercio de inversión y a nosotros nos interesan las dos cosas: vender lo que producimos y, a partir del mayor conocimiento de ese mercado, estimular un aumento en la producción uruguaya. Personalmente, en materia de comercio e inversiones, una concentración adecuada en el área de tecnología de las comunicaciones es un gatillo clave para disparar un aumento en las relaciones económicas con ese país. ¿Por qué? Por las empresas en sí mismas. Son empresas muy consumidoras de mano de obra especializada. Dan mucha ocupación e incorporan tecnología muy importante no sólo para las empresas mismas sino también para el resto de los sectores productivos.

Pero también la experiencia en el mundo muestra que cuando las empresas dedicadas a tecnologías de comunicación se instalan en un país, rápidamente transforman la manera en que en ese país se produce y se comercia. Incorporan nueva tecnología, nuevas formas de vender y de comprar. Por ejemplo lo que significa hoy Internet.

Entonces, yo diría comprar y vender todo lo que podemos, tratar de concentrar en ese mercado –que tiene alto poder adquisitivo– productos de muy buena calidad; y al mismo tiempo tratar de concentrar el interés de empresas norteamericanas referidas fundamentalmente al área de tecnologías de comunicación, lo que es la base de la nueva economía.

–En materia de relacionamiento institucional, ¿Uruguay piensa realizar algún planteo especial por la forma en que se conforman los informes anuales que realiza Estados Unidos sobre nuestro país?

–Voy a Estados Unidos con la clara conciencia de que es un país muy complejo, donde una ley aprobada en determinado momento le otorga a determinado organismo la responsabilidad de producir un informe por año. Esos organismos producen informes que es responsabilidad del equipo que arma el organismo para cumplir con la ley, lo cual no representa necesariamente la opinión de ese gobierno, aunque así aparezca.

He analizado este tema, he criticado en el pasado lo que denominé una especie de «carné con notas por buena conducta y mala conducta», pero al mismo tiempo mi deber es decir que muchas veces estos informes representan la opinión de estos equipos que un organismo arma para producirlos, mucho más que la opinión consolidada de un gobierno sobre otro país. Que tengan o no derecho a hacerlo, bueno, nadie puede negarle a un país que por una ley elabore un informe. Creo que han sido cuidadosos en distinguir entre el cumplimiento de esa responsabilidad que establece la ley, y lo que es un planteamiento de carácter político. Hoy mantengo la idea de que es necesario que exista respeto y la debida consideración en la relación bilateral, y eso debe surgir a partir del conocimiento.

–Respecto a los informes de Estados Unidos, ¿cómo valoró el referido al de derechos humanos en Uruguay?

–En esa materia un punto relativo a la administración de justicia. Eso es lo que aparecía en aquel informe. Todos los problemas que se identificaban allí no son muy diferentes a los problemas que identificaron los legisladores uruguayos cuando empezaron a trabajar, por ejemplo, el Código del Proceso. Lo importante es que, al lado de ese informe que dice que en «Uruguay el problema de derechos humanos es asociado a la gran cantidad de personas sin sentencia que han estado determinado tiempo», uno se encuentra que en muchos informes privados dicen que el sistema judicial uruguayo es de los más transparentes. Las dos cosas son verdad. Somos una sociedad abierta y estos temas se discuten abiertamente, a veces nos duele un poco que otros nos mencionen.

–¿Y respecto al tema desaparecidos concretamente, sobre el que también se han escuchado opiniones desde Estados Unidos?

–No recuerdo esencialmento lo que se plantea en el último informe sobre este tema. Pero creo que Uruguay en el tema desaparecidos está viviendo un proceso muy interesante que ha disparado el Presidente de la República, quien ha dicho que los uruguayos queremos terminar con este tema. Y la forma de terminarlo es encontrar ese «estado del alma». No sé como elaborarán un informe sobre este tema, pero supongo que quien lo esté haciendo estará recibiendo información de estos cambios. Nuestra sociedad está procesando estos temas, que son muy complejos, de manera muy saludable.

–¿Este es el momento preciso para encontrar la solución definitiva? ¿No se pudo hacer antes?

–Sin duda es un momento en el que las cosas están mucho más maduras que hace unos años. Es el efecto que normalmente tiene el tiempo sobre estas cosas. Pero también
llega el momento en el cual uno evalúa los temas y dice: llegó la hora de encontrar la paz, y busquemos todos ese estado del alma que nos permita construir. Que hoy es más factible construir que hace diez años no tengo la menor duda.

–Hace un año y medio se registró un enfrentamiento entre legisladores uruguayos –entre ellos Batlle– con representantes de Estados Unidos por la Ley de Patentes de Inversión. ¿Cómo se está procesando ese tema?

–Déjeme hablarle aquí del tema de la propiedad intelectual en el mundo. Muchas de las cosas que hoy están moviendo las economías son inventos que constituyen una forma de aplicar la inteligencia. Las empresas que a eso se dedican dicen: en la medida que yo invento es la aplicación de mi inteligencia, algo intangible, quiero que también se reconozcan los derechos de propiedad intelectual. Es tan fuerte el planteamiento en el mundo que es muy difícil que un país que no tenga resuelta la regulación de la propiedad intelectual logre comerciar con el mundo en los productos intelectuales. Como Estados Unidos es el país más fuerte en esa materia, el que vende más y compra más productos intelectuales, dice: señores, si ustedes quieren que haya inversiones norteamericanas y comerciar con nosotros en esta materia, sigan las reglas que el mundo ha establecido en la materia. No son reglas norteamericanas, son reglas del mundo.

En Uruguay, en materia de patentes se aprobó una ley que resolvió un porcentaje muy importante de los problemas referidos al tema. En aquel momento lo que hubo fue una reacción fuerte a la forma en que algunos especialistas norteamericanos estaban intentando incidir directamente sobre el tipo de ley que salía. Creo que es anecdótico el tema, el de fondo y sustantivo es que Uruguay debe tener un régimen de protección de la propiedad intelectual, que es lo que vamos a necesitar nosotros para que crezca nuestra industria de software, para proteger las creaciones uruguayas. Tenemos pendiente la ley de derechos de autor, que en su discusión parlamentaria, si bien no se aprobó por falta de tiempo, había logrado resolver la mayor parte de las dificultades entre actores del mundo de la propiedad intelectual, y está en un punto en el que podría ser rápidamente aprobada.

Cuando se habló del tema en la reunión de Seattle, en la que pudimos estar con (Luis Alberto) Lacalle, Tabaré Vázquez, Rafael Michelini, el prosecretario de la Presidencia, Leonardo Costa, sin entrar en detalles de la ley, lo que quedó absolutamente claro es que Uruguay rápidamente debe aprobar una ley de derecho de autor. Mientras esto no esté resuelto, inversiones que potencialmente podrían estar haciéndose en el Uruguay, como la que Intel hizo en Costa Rica, no se van a hacer, porque lo primero que miran esas empresas es si el Uruguay tiene resuelto el tema de la propiedad intelectual. Es un tema clave, y si Uruguay no lo resuelve, no va a obtener inversiones en el área de la nueva economía.

–Respecto a los acuerdos comerciales, ¿cómo se están llevando adelante las negociaciones por el ALCA?

–Es una negociación que se viene tratando en forma regular y mucho más activa que lo que la gente piensa. Los grupos están funcionando con regularidad, Uruguay preside –con una delegación pública y privada– el grupo de Comercio Electrónico. Estados Unidos ha introducido, y no he tenido oportunidad de evaluarlo, algunos temas ambientales y laborales en la negociación del ALCA, lo que puede ser muy bueno o muy malo. Coincido con la opinión del gobierno: el ALCA es el paso natural del Uruguay como prioridad paralela al Mercosur.

–¿Y respecto al Nafta? Batlle le dio mucha importancia durante la campaña electoral.

–Lo del Nafta es implanteable hasta después del 20 de enero, que es cuando cambia el gobierno. El gobierno actual no está en condiciones políticas de manejar ese tema, y no está en la campaña. Habrá que esperar las señales del próximo presidente. Uruguay no debe cerrar ninguna puerta. El Mercosur es el eje, con sus subas y sus bajas, pero para nosotros Alca está en el mismo nivel.

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