LA REPUBLICA interrogó a la pieza clave del enigma sobre la suerte del ex presidente de Brasil

Muerte de Goulart: apoderado inculpa a militares y a la familia

La historia de América Latina está signada por tragedias como la vivida por Joao «Jango» Goulart, el último presidente democrático del Brasil de los años 60. Las elecciones de 1962 habían sido ganadas por Janio Quadros, un hombre muy próximo a la izquierda pero devastado por la soledad y el alcohol.

La revolución cubana, espejo y modelo, para una creciente izquierda latinoamericana, apenas tenía tres años de vida; cuando los brasileños eligieron al sucesor de Juscelino Kubistchest recién había transcurrido un año de la fracasada invasión a Cochinos y faltaba muy poco para que se desarrollara la crisis de «octubre», provocada por la instalación de misiles soviéticos en Cuba. Todo el continente ardía en reclamaciones para modificar espantosas condiciones de vida; una época de dictadores comenzaba a quedar atrás, aunque por muy poco tiempo. Las crónicas de la época revelan que Quadros renunció, acosado por la depresión, el alcohol, las burlas de sus compatriotas y la falta de respuesta a problemas acuciantes. Le sucedió su vicepresidente, Joao Goulart, un poderoso y millonario hacendado, pero con fuertes inclinaciones sociales que lo acercaban entonces a lo que hoy se denomina socialdemocracia. El nuevo presidente promovió una reforma agraria y reglamentó el uso de las ganancias de las empresas extranjeras. La oligarquía local se sacudió y las empresas afectadas, mayoritariamente norteamericanas, protestaron ante el Departamento de Estado.

El golpe promovido por los ricos y poderosos, llevado adelante por los militares y coordinado por el embajador estadounidense, como ocurrió luego en toda América, no tardó en llegar. Goulart fue depuesto en 1964; junto a Leonel Brizzola se asilaron en Uruguay. Brasil fue la avanzada de un modelo que se proponía desde la Escuela de las Américas y la Junta Interamericana de Defensa.

Los años en Uruguay

Después de deambular por varios lugares, Goulart decidió instalarse en Maldonado donde ya tenía una propiedad ubicada en la calle 20 casi 30, plena península y donde ahora se levanta una moderna construcción perteneciente a una heladería argentina. Si bien vivía junto a su esposa, María Therese Fontenlla, y a dos de sus hijos, Goulart era un hombre muy independiente, que hacía su propia vida. De su paso por Punta del Este quedan numerosos testimonios aportados por vecinos que le conocieron, caminaron con él, trabaron amistad con sus hijos o con los que hizo negocios .

Precisamente este último es el caso de Enrique Foch Díaz, propietario de la estancia El Milagro, que entonces ocupaba unas 900 hectáreas bordeadas por el arroyo Maldonado, el conocido hoy como Barrio Hipódromo, llegando casi hasta el comienzo de Maldonado Nuevo. Hoy es una zona prácticamente urbanizada, pero 30 años atrás se trataba de una zona rural. Para Goulart ver ese pedazo de tierra y enamorarse de ella fue una sola cosa y se la compró a Foch. Pero la relación no terminó allí.

El ex presidente no había perdido sus contactos políticos y muchas figuras de Brasil, Argentina y Uruguay solían visitarlo para analizar la situación imperante. Pero además desde aquí atendía los negocios que aún le quedaban en su país; algunos que había montado en el interior argentino y los que pretendía poner en marcha en nuestro país. Foch siguió visitando su anterior propiedad, se convirtió en amigo de Jango, compartió muchos secretos con él y terminó siendo su apoderado. El 6 de diciembre de 1976, Goulart murió en su estancia correntina. Tenía 58 años, la misma edad que su amigo uruguayo. Pero para Foch nada terminó. Por el contrario, desde hace casi 24 años ha perseguido a un fantasma. Hoy tiene 81 años; cuando LA REPUBLICA lo ubicó telefónicamente ayer su voz sonaba diáfana. Ya estaba enterado de la noticia que recorría el mundo y de que su nombre volvía a cobrar protagonismo; pero por sobre todas las cosas confesó su alegría «porque la hora de la verdad parece estar cercana».

¿Quiénes mataron a Jango?

«Si bien tenía algún problema cardíaco, antes de acostarse en la noche del 5 para el 6 de diciembre estaba en perfecto estado. Incluso tenía previsto viajar al otro día para comprar ganado», relata Foch.

¿Usted sabe si falleció por alguna enfermedad o fue asesinado?, preguntó LA REPUBLICA. La respuesta no deja lugar a dudas. «Goulart fue asesinado. Los responsables fueron militares y gobiernos de la época asociados a personas de su entorno familiar que con distintos intereses coincidieron en forma macabra». En 1982 Foch se presentó ante un juzgado de Corrientes para denunciar «la muerte dudosa de Joao Belchior Marquez Goulart «. Además denunció «presuntos delitos de hurtos, robos y defraudaciones que se hubieren cometido sobre los bienes del fallecido». Tampoco deja dudas en cuanto a su convicción «de que se pretendió ocultar la muerte de su amigo personal y hombre de América». Junto a esta presentación, Foch incluyó documentación probatoria de los hechos denunciados.

La acusación de Foch recae directamente sobre Marie Therese Goulart y Joao Vicente Goulart, esposa e hijo del muerto, y sobre «facciones políticas y gobiernos». Aunque se preocupa en aclarar que «si bien hay hechos con nombre propios, no me corresponde a mí sino a la Justicia formular una acusación por asesinato». Parece una bomba a punto de estallar.

Hace muchos años, la viuda de Goulart negó con énfasis esas acusaciones. Pero Foch contraatacó: «La familia ha permanecido indiferente ante las irregularidades financieras y la pérdida de casi diez millones de dólares. Y lo peor es que siempre insistieron con que no había sido asesinado».

El 19 de marzo de 1982 la viuda de Goulart revocó ante el escribano César Devicenzi el poder que para manejar propiedades y contabilidad Jango le había otorgado a su amigo.

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