Comisión para la Paz: una relación deteriorada
* El funcionamiento de la Comisión para la Paz parece haberse opacado. Ya no es una fuente de noticias como hace algún tiempo. ¿No le parece?
La pregunta la realizó nuestro sabueso a un informante, sentado en una mesa de la cantina del Edificio Libertad. El hombre apuró el bocado, tomó un sorbo de refresco, tosió y comenzó a hablar.
–Batlle fue el que creó la Comisión con el fin de aplacar la protesta de los familiares y de la gente que reprueba la existencia de la Ley de Caducidad…
–…de la Pretensión Punitiva del Estado.
–¡Ahí está! Pero déjeme seguir. Batlle creó la Comisión, la propagandeó, pero cuando le debió dar apoyo real, se olvidó de ella.
–Apoyo real.¿Qué quiere decir?
–Lo único que consiguió la Comisión fue un lugar de reuniones. También un vehículo que ahora no tiene más. El resto fueron palabras de apoyo y saludo a la bandera… Usted sabrá que cuando la Comisión debe mandar alguna citación o comunicarse con alguien, debe recurrir a los cadetes de los estudios de los doctores Gonzalo Fernández y Carlos Ramela.
–¿Y ahora?
-Parece que a Batlle le interesan otras cosas. Está pasando aquello de que la «máquina mata al inventor».
–¿Qué quiere decir?
–Una cosa muy simple. Que la Comisión, pese al ninguneo objetivo que vivió, tuvo resultados importantes. Se descorrieron varios velos, lo que molestó a los represores de antes y a quienes hoy siguen influenciados por la Doctrina de la Seguridad Nacional. Y fundamentalmente provocó roces de Batlle con Sanguinetti que, sigue en la de siempre: tapar todo lo ocurrido en el pasado.
–¿Y ahora?
–Quien hizo nacer a la Comisión, el presidente Batlle, ahora ostensiblemente la está dejando morir. Fíjese lo que hizo con Ramela, que era uno de los puntales.
–¿Qué?
–Le dio otra tarea…
Las tasas consulares: París no fue una fiesta
* A Sherlock le llegó la versión de una especie de conflicto en la representación diplomática uruguaya en Francia, del que fueron partícipes el embajador doctor Miguel Angel Semino, el cónsul Gonzalo Koncke y un funcionario que fue cesado. Ante este evidente «escandalete» nuestro sabueso convocó a un informante a un frugal almuerzo en El Luzón, restaurante que sigue sirviendo buenas ensaladas y mejoras gramajos.
Cuando el hombre se sentó a la mesa, el diálogo se inició pese a que nuestro periodista ya había comenzado su degustación.
–¿Qué pasó en París? ¿Hubo coincidencias entre el embajador Semino y el cónsul Koncke? Echaron a un funcionario… ¿Verdad?
–¿Cómo sabe eso?, inquirió el informante porque es un tema que ha sido tapado con las siete lleves del misterio. Pero yo algo sé…
–Si sabe, hable…
–El conflicto con el funcionario se produjo porque Semino y el cónsul tomaron partida por la señora Mariela Crosta, cuando ésta criticó el precio de los aranceles consulares para las legalizaciones que debía realizar para regresar a Uruguay.
–¡Mariela Crosta! También funcionaria del servicio diplomático. ¿Verdad?
–Claro. Lo notable es que la señora prefirió legalizar el certificado de salud de su perro, por el que pagó 6 pesos consulares (arancel-65) y no el certificado de estudios de su hijo de 7 años que le resultaba demasiado caro, eran 3 pesos consulares.
–¿Cómo es eso?
–Ella justificó el rechazo diciendo que el niño ya estaba inscripto en un colegio británico en Montevideo y que todo estaba en regla, pese a lo cual criticó los aranceles consulares.
–¿Y qué le respondieron?
–El funcionario destituido le respondió que con el salario que ganaba no podía criticar dichos aranceles, agregando que él si los podía criticar puesto que su sueldo no había variado por años.
–¿Y?
–La señora, molesta, le dijo que si no estaba de acuerdo con el sueldo saliera a buscar trabajo afuera del consultado. Fue cuando intervino el cónsul, armándose un escándalo de proporciones que incluso determinó que el funcionario sufriera un quebranto de salud.
–¿Hubo que llamar al servicio médico?
–No, ante el hecho, me dijeron que se desataron, y se lo digo textualmente: «Burlas y carcajadas». Luego, a este funcionario, le llegó una carta de destitución firmada por el embajador Semino.
–¡Qué ambiente pesado!
–Es el habitual en el servicio exterior…
Corte Electoral: un frío que cala ¿y las estufas?
* Sherlock, otra vez fue informado de lo mal que funcionan algunos temas en la Corte Electoral.
–¿Es verdad de los archivos de medida inadecuada?, preguntó nuestro sabueso a una alta fuente del organismo que siempre amablemente le había despejado dudas.
–Es verdad, pero eso fue hace tiempo.
–¿Qué pasó?
–Que luego de un llamado a licitación se compraron muebles para archivar todas las fichas patronímicas de la Corte… Cuando llegaron se dieron cuenta que las fichas no cabían ya que la medida de los cajones era inadecuada.
–¿Los devolvieron?
–No, pusieron a los funcionarios a recortar las fichas. Fue un trabajo de mucho tiempo y en el que se pagaron, también, horas extra.
–¿Y el problema de las estufas?
–Es que los funcionarios que están trabajando en el primer piso analizado las papeletas para el referéndum sobre Antel, están metidos en una verdadera heladera. Es un enorme espacio con grande ventanales sin sellar, por supuesto, que dan a la calle. Trabajar allí en invierno es un martirio…
–¿Pidieron estufas?, me imagino, porque esa situación determina enlentecer la tarea de verificación.
–¡Claro! Pero resulta que hace poco tiempo, dos años atrás, la Corte compró estufas para todos sus edificios en Montevideo y para sus sedes en los distintos departamentos del Interior. Estufas a supergás.
–¿Decenas?
–Centenares. Se distribuyeron pero cuando vinieron las restricciones, se retiraron y fueron a parar a algún lugar ignoto.
–¿Ignoto?
–Claro, porque cuando los funcionarios pidieron seis estufas para combatir el frío polar del primer piso les contestaron que debían hacer una gestión de compra.
–¿Y las demás estufas?
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