Llamadas al Director
Lissidini habla demasiado
Señor Director:
Está brava la cosa para el director de Aduana, parece. Le encantan los medios, la prensa, la difusión, le encanta que le hagan notas, le gusta salir en TV, en radio. Está haciendo una carrera política con vistas al futuro, en caso de irse de la Aduana. Pero hay un dicho: «El pez por la boca muere». El habla demasiado. A veces hay que hacer más y no hablar tanto. Y él habla mucho, mucho. Si él se reunió en un bar de Carrasco, como dice, en forma secreta, que ya no es tan secreta, con los líderes del contrabando de cigarrillos, de la vestimenta de la ropa informal, de los bagayeros, él no tenía que haberlo hecho público. No tenía que haberlo dicho a la prensa. Y menos haber dicho después que aportaban dinero para las campañas políticas de todos los Partidos. Porque él metió a todo el mundo en la bolsa. Hasta a la Unión Cívica. Y la Unión Cívica también se sintió afectada. Vaya a saber si esto no trae consecuencias más severas, más trágicas en el futuro para él.
El Director: Publico su llamada, estimado lector aunque le sugiero leer nuestro editorial. En Lissidini ni todas son sombras ni todo son luces. Que no se nos nuble el entendimiento.
¿Por qué se cae el sistema los días de cobro?
Señor director:
Soy jubilada y pregunto: ¿Por qué todos los meses en el BHU de Pando cuando cobran los jubilados se cae el sistema más de una vez? Mientras, pasan horas de pie en cola de caracol los afortunados aspirantes a cobrar ¿Por qué la avanzada tecnología fracasa ese día precisamente? ¿Por qué no se habilitan las tres cajas, ya que sólo funcionan dos?
El Director: Comprendo, estimada lectora, que no debe ser nada grato tener que esperar a que vuelva el sistema cuando uno está haciendo cola para cobrar la jubilación. Me sumo a su iniciativa de que funcionen todas las cajas. Buena suerte.
La sensibilidad del ministro del Interior
Señor Director:
Haciendo uso del derecho que usted nos da, esta vez quisiera, en vez de criticar, reconocer que algo está bien hecho. He llamado varias veces y usted siempre me ha publicado las llamadas mías.
Parecería, por lo menos en este caso, que el «aprete» del Ministerio del Interior hizo efecto. Yo tengo uno de mis hijos en el colegio San Miguel, era vergonzoso ver cómo todas las tardes venían dos camionetas del Ministerio del Interior a levantar a un chico de lentes. Incluso para que vean que es verdad les doy las matrículas, una es MI 330207 y a veces venía una azul matrícula MI 330107. Por suerte de un tiempo a esta parte no están viniendo más, o sea que aparentemente, este señor, que supongo, debe ser algún jerarca, antes utilizaba los medios del Ministerio, y ahora no.
Quiebro una lanza esta vez por el ministro del Interior.
El Director: Me alegra saber que la publicación de su queja haya surtido efecto, amigo lector, y me sumo al reconocimiento al escribano Stirling, un hombre que ha sabido conducir su cartera con energía, sensibilidad e inteligencia.
Mandatarios de todos los países pobres: ¡uníos contra el FMI!
Señor Director:
Debo expresar mi alegría al ver que los gobernantes del Mercosur, más Bolivia y México, se encuentran unidos, tratando de efectuar lazos comerciales. Pero les solicitaría además que se unieran para negociar frente al Fondo Monetario Internacional. Qué distinto sería para nuestros pueblos, si nuestros gobiernos negociaran la deuda externa de nuestros países en forma conjunta. Es evidente que los gobiernos de estos países latinoamericanos desconocen cómo enfrentar el refrán «Divide y reinarás».
El Director: Su posición es perfectamente compartible, amigo lector. Por desgracia, nuestros gobernantes no han comprendido aún que la unidad es la única arma que podemos esgrimir con éxito ante la rapacidad del poder económico. Gracias por participar.
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