Reivindicó la actuación del EP y cuestionó los controles del Banco Central en la crisis bancaria

Couriel pidió la renuncia del equipo económico y el cambio de rumbo

«Yo siento que para eso no alcanza con el equilibrio fiscal. También hay que fortalecer el equilibrio democrático. No basta con evitar el vaciamiento de los bancos: hay que evitar el vaciamiento de las instituciones. Una razón principal de que Uruguay no esté como Argentina es que la gente confía en que nuestro sistema democrático le va a permitir cambiar la historia. Esto tenemos que cuidarlo», afirmó.

En su alocución, Couriel recordó que la interpelación a Bensión fue resuelta por el Encuentro Progresista-Frente Amplio en el mes de febrero, con el objetivo de «cambiar la política económica».

«La sociedad uruguaya estaba pidiendo esta interpelación. La marcha pacífica del 16 de abril de este año, que llevó 70 mil personas a 18 de Julio pedía dos cosas: cambiar la política económica y el diálogo».

Esto último, agregó, «no lo consiguió» la Concertación para el Crecimiento.

El Poder Ejecutivo «no entendió conveniente ese diálogo» y la política económica siguió vigente. «Siento que de alguna manera, de las innumerables protestas y rebeldías, esta interpelación es una continuación de lo que está solicitando la sociedad, en su preocupación, en su rabia, en su desesperanza». Couriel dijo que se inclinó por una «interpelación interactiva» y que en los últimos nueve días recibió 1.314 comunicaciones, a través del fax, teléfonos y el correo electrónico. «Fue una formidable respuesta de la sociedad uruguaya, que demostró que quería participar, involucrarse», dijo. Es más, «algunos creían que podían votar y nos preguntaban dónde se vota, porque querían votar la censura al ministro de Economía», afirmó.

Couriel definió a la interpelación como una «confrontación política» en la que se ponen de manifiesto al menos «dos visiones de país» y tal vez «dos tipos de modelos».

«Un modelo que se desmorona, a mi entender, este es mi juicio sobre el modelo vigente». Recordó que en 1993, durante una interpelación al entonces ministro de Economía Ignacio de Posadas, planteó cambiar la política económica, «porque el edificio se desmorona» y nueve años después «podría repetirla, cambiando algunos números, para entender hoy qué le está ocurriendo a Uruguay».

El legislador de la Vertiente Artiguista sostuvo que el modelo cae debido a las «profundas crisis que se están viviendo en el país», tal vez, «la peor de los últimos cien años», y señaló que la «confrontación» es a su juicio entre un modelo «que se desmorona y un modelo de la esperanza».

Dijo que el país atraviesa por una «profunda crisis productiva, una profunda crisis financiera, una profunda crisis social y política y hemos llegado a una situación de descreimiento sobre el gobierno y sobre el equipo económico, muy alto, muy impactante».

Afirmó que la crisis productiva se generó a partir de «un modelo que afectó a los sectores productivos del país» que significó el cierre de empresas exportadoras, «los exportadores perdieron mercados por tener dificultades de rentabilidad y competitividad derivado del atraso cambiario». La crisis para los exportadores no fue menor: se perdieron rubros de exportación, como confecciones, textiles, marroquinería, calzado, pesca.

Respecto a la crisis productiva, «los exportadores perdieron mercados por dificultades de rentabilidad y competitividad derivado del atraso cambiario, los productores rurales perdieron ingresos por falta de rentabilidad y competitividad y terminaron fuertemente endeudados, los que se quedaron».

También se perdieron más de cien mil puestos de trabajo «por la pérdida de la protección arancelaria y cambiaria que afectó la competitividad de sus exportaciones y de su producción interna con respecto a importaciones abaratadas por el atraso cambiario».

En relación a la crisis financiera, Couriel señaló que la plaza financiera, la «niña mimada del modelo, se volvió vulnerable» y en los últimos tiempos «no hay entrada de capitales sino salida de capitales» y además «ser perdió el investment grade».

Sobre la crisis social, dijo que la desocupación abierta aumentó de 9% a 15,6% en la década entre los jóvenes de 23% a 39%, el subempleo y precariedad a 37%, con lo cual se estima «uno de cada dos uruguayos posee algún problema de empleo». Además, uno de cada 4 uruguayos vive en situación de pobreza y casi uno de cada dos niños se encuentra en esa situación. Couriel dijo percibir en la población «desesperanza, angustia y fragmentación de la familia y emigración de muy altos contingentes» y que la situación se resume en una «crisis de confianza en el gobierno y en el equipo económico, de credibilidad y de expectativas». También sostuvo que los partidos políticos «perdieron democracia» y que los «ministros de economía y el presidente mandan en los partidos más que la suma del resto de legisladores y dirigentes políticos». «El equipo económico de gobierno ha perdido credibilidad y han afectado a todos los agentes económicos; no hay sector económico que crea en esta política económica, ni los productores rurales, ni los industriales, ni los exportadores, ni el sector turismo, ni el sector de la construcción, ni los comerciantes, ni los bancos», agregó. Para Couriel, el equipo económico del gobierno «ha perdido credibilidad en la sociedad, en la coalición de gobierno y en los agentes económicos».

El modelo

Para Couriel el modelo económico tiene un neto predominio del mercado y del sector privado, que implica un «achique» del Estado como productor, acumulador y orientador, y sostuvo que sus instrumentos –apertura o liberalización, desregulación y privatización– «no se aplican en los países desarrollados en el siglo XX como Estados Unidos, Europa, sudeste asiático, pero sí se impone desde el norte». El modelo, agregó, abarca también a lo social porque «supone que el mercado va a resolver las tensiones sociales y los enfrentamientos sociales y que va a conseguir la armonía entre los distintos intereses en pugna».

Couriel afirmó que el modelo es «básicamente antidemocrático, porque intenta despolitizar la vida económica y social» y agregó que el Estado y las políticas «son superfluas y generan interferencias inadecuadas e ineficaces porque el mercado resuelve todo. Si no hay Estado ni política no hay democracia».

Planteó que el modelo neoliberal «tiene mucha fuerza internacional, se transmite por los medios de comunicación, de presiones por los organismos internacionales». En el caso uruguayo, se detecta «la apertura financiera antes que la comercial», además, se «limitan las privatizaciones por el plebiscito de 1992″ aunque «algunas reformas no se dieron como lo exige la ortodoxia».

El gobierno entiende, indicó, que el «mercado y libre competencia con liberalización, desregulación y privatización permitirá bajar costos y aumentar la productividad», agregó que la «doble desprotección es uno de los errores más importantes de la política económica».

En términos generales, agregó la confrontación está planteada entre «competitividad versus plaza financiera o productivo versus financiero o déficit fiscal versus empleo». Además señaló que el modelo prioriza «la entrada de capitales para el crecimiento» y el «logro del investment grade para capitales financieros», así como la seguridad de la plaza financiera. Para estos objetivos, los instrumentos son la «libertad irrestricta a los movimientos de capitales», la «libertad del mercado para la tasa de interés sin ninguna regulación», la «certeza del tipo de cambio, para asegurar una tasa de interés real superior a otros mercados financieros», «baja de la inflación que
asegura estabilidad y certeza del tipo de cambio», «bajo déficit fiscal que asegura el cumplimiento de las obligaciones emitidas por el Estado», aplicando «toda la política del ex ministro Mosca para atender el investment grade, bajando inflación y buscando bajar el déficit fiscal».

«Hace 10 años que estamos escuchando que hay que bajar costos para alcanzar competitividad, pero hay algunos precios rígidos a la baja y otros costos que el propio modelo no puede bajar porque sería contradictorio con sus propias prioridades», agregó.

En ese sentido, Couriel planteó que los costos del país son cuatro: el costo en dólares, los costos financieros, los costos del Estado y los costos de la mano de obra.

Añadió que los costos que no se pueden bajar «por requerimientos de la plaza financiera» son los costos en dólares, el ancla cambiaria, la inflación y la certidumbre del tipo de cambio a la plaza financiera, los costos financieros sin regulación y sin baja en la tasa de interés. A su vez, los costos «con dificultades de bajar, son los menores impuestos y menores tarifas», el menor gasto del Estado, y los costos salariales.

De Posadas, Sanguinetti

El legislador de la Vertiente Artiguista dijo que nunca fue partidario de «devaluaciones altas y abruptas». Recordó la devaluación de Azzini en 1959, la devaluación de 1967 que «luego originó la devaluación de la infidencia», la devaluación de 1972 que originó una «brutal caída del salario real», la «devaluación de la tablita», el «atraso cambiario entre 1990 y 1995 –entre 90 y 100%–«. Dijo que el responsable de esto último fue el doctor Ignacio de Posadas. Recordó que en la campaña de 1994 «todos hablamos del atraso cambiario, incluidos Sanguinetti y Davrieux, pero nosotros habíamos empezado a hablar del tema en 1992″. A medida que pasaba el tiempo «era evidente que Argentina y Brasil no podían aguantar el atraso cambiario». Couriel indicó que en 1998 «todos preveíamos la devaluación del real, pero en el primer semestre Mosca achicó la banda cambiaria». En 1999, Sanguinetti declaró que no se afecta la situación de Uruguay y aclara que «no hay problema porque la inflación se va a comer la devaluación». «Lo que no se afectó fue la plaza financiera que era la clave del modelo, y porque ya se había recibido el investment grade. La producción no era lo importante», afirmó.

En marzo de 2000, manifestó Couriel, Bensión anunció la continuidad de la política cambiaria, en 2001 cambia el régimen cambiario con un descenso del ritmo devaluatorio, «exactamente lo contrario a lo que era necesario para atender la competitividad».

El ministro dijo además en 2000 que «modificar el tipo de cambio significaba aumentar el gasto público, aumentar el endeudamiento y que afectaba el investment grade y la estabilidad, el máximo de cucos para no tocar la política cambiaria».

En junio de 2001, a raíz de medidas adoptadas en Argentina, «se duplica la banda y el ritmo devaluatorio, se hace obligado por las circunstancias de la modificación en Argentina, nunca por iniciativa de Uruguay».

En enero de 2002, recordó, Bensión «reconoce que como profesional economista estaba convencido de que en Uruguay no se requería política cambiaria». «Podría ser correcto si sólo se piensa en plaza financiera, como Gran Caimán, Panamá, Bahamas». Sin embargo, después de dos años en el ministerio «reconocía que un país como Uruguay localizado entre Argentina y Brasil era imposible que no hubiera política cambiaria. Los costos para el Uruguay fueron muy altos por atender las convicciones del ministro».

El 26 de abril, el ministro anunció la continuidad de la política cambiaria hasta el 31 de diciembre de 2002, señaló Couriel, y sentenció que «probablemente, y el ministro no lo dice, el acuerdo con el FMI como condición indispensable sea la causa central de la modificación del régimen cambiario».

Batlle, también recordó, declaró en diciembre de 2001,»que esta era una plaza financiera estable, que había una política cambiaria estable, y que por lo tanto convenía y estimulaban a tomar créditos en dólares a endeudarse en dólares». «Si ahora se le cambia el régimen cambiario, e inclusive después del 26 de abril los uruguayos se endeudaron en dólares para pagar otras deudas u otras operaciones, es justo que sean contemplados».

En realidad, resumió Couriel, el «único logro del modelo y de la política económica era haber bajado la inflación y ahora se le vuelve a escapar».

El legislador interpelante dijo: «Â¡Ojalá el dólar no se escape y termine en una devaluación elevada lo que sería negativa para todo el país!». Más adelante, en referencia a la situación de Argentina dijo que «en realidad, hasta la debacle argentina» entre 1998 y 2001, «hubo niveles bajos de inflación, entraron capitales y no se perdió investment grade.

Hasta 1998, reconoció Couriel, «hay crecimiento basado en factores externos», y se produce la baja de la tasa de interés en el mercado financiero internacional y la entrada de capitales a toda la región modificando la situación de la década del 80. También se registra el atraso cambiario en Argentina y Brasil entre 1994 y 1998, permite mayor exportaciones hacia la región.

Política económica a partir de 2000

A partir de 2000, el gobierno mantiene la política económica, plantea la continuidad de las desregulaciones, y las privatizaciones, se apunta a la liberalización comercial por la vía de un acuerdo con Estados Unidos, de respaldo al ALCA y de «enfrentamiento» con el Mercosur.

Couriel señala que la prioridad sigue siendo la entrada de capitales y el mantenimiento del investment grade. «La apuesta es a la inversión extranjera en los procesos de privatización, desmonopolización y concesiones en los servicios públicos». Los principales resultados fueron, a juicio de Couriel, una caída del PBI por cuatro años consecutivos.

En febrero de este año, el ministro Bensión anunció una caída de 1.75% para 2002, en conocimiento total de la situación de Argentina; empero, en junio, 4 meses después, proyectó una caída de 7% para el 2002. «El doctor Batlle anunció alcanzar exportaciones al fin de su período duplicándolas, es decir llegar a los 5.000 millones de dólares. En 1998, al 2001 las exportaciones caen al 3.3% acumulativo anual, y en el primer semestre del 2002 están cayendo al 11%», afirmó. Mencionó entre los factores que incidieron negativamente, la aftosa y los problemas climáticos, y desde el exterior, la devaluación de Brasil, el desbarranque argentino «que influye decisivamente en la profundización de la caída en el 2002″.

Couriel dijo que el Encuentro Progresista ha sido «muy prudente, cauteloso, responsable» ante la situación del sistema financiero. «Por los ahorristas, para que no se corte la cadena de pagos. Para no llegar a la situación de Argentina, lo que afectaría enormemente a todos los uruguayos. Pretendemos que en esta interpelación el tema se plantee con la mayor altura y no genere de ninguna manera problemas en el sistema financiero. Este es nuestro objetivo y ojalá se cumpla. Siempre se puede estar peor», afirmó.

«Siempre hay para los bancos»

Couriel hizo referencia también a la crisis bancaria, y el alto riesgo del sistema por las colocaciones en la Argentina. Sostuvo en este sentido, que no hubo controles adecuados, y ejemplificó con la autorización al Banco de Galicia que operaba fundamentalmente con Argentina. «Esto -agregó- es una demostración de que no existe una demostración también de que no existe una estrategia y una política concreta por parte del Banco Centrral». La crisis, añadió, planteÃ

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