Pedro Sclofsky, ex presidente del Comité Central Israelita

"La historia juzgará a los gobernantes frente al tema de los desaparecidos"

Era la primera vez que la influyente colectividad judía se solidarizaba con el reclamo de las víctimas de la dictadura, en un momento que la presión arreciaba sobre la administración de Julio María Sanguinetti. En el gobierno de entonces la palabra de Sclofsky causó malestar, poco tiempo después se alejaba de la presidencia de la organización. Dos años y medio después Sklofsky accede por primera vez a hablar públicamente sobre el asunto. Sus silencios son elocuentes cuando se le pregunta sobre la relación que mantuvo con el anterior gobierno luego de su petitorio. Sólo dice que la historia abrirá juicio sobre la actitud de cada gobernante frente al tema. Comparte, en cambio, el camino adoptado por el presidente Jorge Batlle y sentencia que volvería a adoptar la misma posición que a su entender se sustenta «en valores morales y éticos del pueblo judío».

–A finales de 1997, siendo usted presidente del Comité Central Israelita emitió una declaración que recomendaba solucionar el tema de los desaparecidos ¿Por qué tomó esa decisión en ese momento histórico?

–Nosotros entendíamos, en el Comité, que la Colectividad Judía no podía permanecer ajena a la solución de un tema tan serio y grave como era el de los desaparecidos.

Nosotros, el pueblo judío, tiene una extensa trayectoria con situaciones bastante desagradables de sufrimientos a través de los siglos, y siempre hemos entendido que la solidaridad con situaciones semejantes era totalmente necesaria. Toda nuestra ética, y nuestra moral, se basa en los Derechos Humanos y la libertad. Por eso consideramos que debíamos pronunciarnos en ese sentido.

Invocamos inclusive un párrafo de la Biblia donde Abraham expresa su preocupación por dar sepultura a los restos de su esposa Shara.

–¿En ese momento su mensaje causó malestar en el gobierno encabezado por Julio María Sanguinetti?

–Yo pienso de que no hubo una interpretación clara de cuál fue nuestro mensaje. El mensaje no tuvo un matiz político, ni nada parecido. Nosotros entendíamos que no se podía sellar la paz en la República sin resolver ese tema.

Pensabamos que era necesario marcar una posición de solidaridad y manifestar que el olvido no iba a solucionar el trágico asunto.

–¿Recibió entonces algún tipo de presión del gobierno de Julio María Sanguinetti?

–Mire, yo creo que se interpretó mal en el gobierno lo que nosotros dijimos. La nuestra fue una toma de posición sobre el tema, no fue un intento de desestabilización. Pensabamos entonces, y pensamos ahora, que la solidaridad con los familiares de las personas desaparecidas forma parte de la ética y los principios del pueblo judío. Consecuentemente nos pronunciamos en ese sentido.

–Eso está claro, pero en su momento se dijo que su renuncia a la presidencia de la organización judía más importante del país tuvo que ver con el malestar del gobierno. ¿Eso fue así?

–Me parece que lo importante es reafirmar esa posición ética, lo demás forma parte de lo anecdótico y no es el momento de hablarlo. Por lo demás, la historia es la que se encarga de juzgar a los gobernantes frente a este asunto. Así que ya veremos.

–El pueblo judío y sus instituciones han tenido como política la búsqueda y divulgación de la verdad sobre la Soha. ¿Usted entiende que la búsqueda de la verdad, revisar los hechos del pasado, contribuyen a forjar la paz?

–Hoy por la mañana estaba leyendo el documento de Serpaj y me pareció un excelente documento. Los pueblos no tienen que olvidar las tragedias que han pasado. Son situaciones desagradables, pero para edificar el futuro de un país hay que construir sobre la verdad.

No es casualidad que el fenómeno de revisión se esté produciendo en los países de la región, entiendo que todos debemos felicitar al actual Presidente de la República por su valiente posición.

–¿Qué diferencia observa respecto a este tema entre el actual Presidente y los anteriores presidentes de la República?

–Me parece que Batlle ha tenido, sobre este asunto, la visión política de un estadista. Ha mirado hacia el futuro, a largo plazo, y no actuó como un gobernante que trata de resolver sólo el problema político coyuntural.

–Usted es una persona que viaja mucho y que por sus actividades está en contacto con personalidades intelectuales y políticas del mundo. ¿Qué percepción observa en el exterior del vuelco producido en el tema Derechos Humanos por Batlle?

–Observo una visión muy positiva. Yo estaba en el exterior cuando ocurrió la solución del caso Gelman y le puedo decir que los principales diarios del mundo cubrieron la noticia como un acontecimiento importante.

He hablado con ex premios Nobel de la Paz y desde afuera se percibe que hay un clima favorable para resolver el tema, que por otra parte es similar a lo que ocurre en el resto del mundo.

–Sin embargo, han existido reacciones como las del general Manuel Fernández que muestran la existencia de más de una postura dentro de las Fuerzas Armadas.

–Me llamó poderosamente la atención esa declaración. Me pareció perteneciente a otro tiempo. Preocupa que un general en actividad siga pensando el Uruguay en términos de enemigos y de bandos.

Los uruguayos tenemos que recuperar el respeto por la diversidad de posturas; podemos discutir sobre cualquier tema y estar en desacuerdo. En todo caso somos adversarios, no enemigos.

En ese sentido me pareció excelente una mesa redonda en Radio Sarandí donde participó un ex guerrillero, un ex comandante del Ejército, un senador blanco y el hijo de un desaparecido. Fue una conversación madura que refleja la actitud que hay que tomar para salvar esta situación

–¿Piensa que las Fuerzas Armadas deben pedir perdón por los excesos cometidos durante la dictadura, piensa que lo deben hacer todas las partes, o que con reconstruir la verdad basta?

–Es un tema interesante, pero me parece que aún no se debe ingresar en él. Lo importante ahora es dejar que los interlocutores, el Poder Ejecutivo y los familiares de los desaparecidos, encuentren un camino para avanzar. No hay que adelantarse.

–En relación a los temas del olvido y el pasado. ¿Cómo observa el ascenso de un líder identificado con la doctrina nazi en Austria?

–Asutria es un buen ejemplo de hacia dónde conduce la política del olvido. Austria es un país que ha querido olvidar todo lo que pasó durante el nazismo, no se habla de aquello, el tema no existe en los textos escolares ni liceales.

A partir del ocultamiento se construyen estos monstruos como Hyder. Me parece aberrante que un líder nazi se encuentre en el gobierno de Austria después de todo lo que sucedió.

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