Escrito por: Edison Lanza

Era la primera vez que la influyente colectividad judÃa se solidarizaba con el reclamo de las vÃctimas de la dictadura, en un momento que la presión arreciaba sobre la administración de Julio MarÃa Sanguinetti. En el gobierno de entonces la palabra de Sclofsky causó malestar, poco tiempo después se alejaba de la presidencia de la organización. Dos años y medio después Sklofsky accede por primera vez a hablar públicamente sobre el asunto. Sus silencios son elocuentes cuando se le pregunta sobre la relación que mantuvo con el anterior gobierno luego de su petitorio. Sólo dice que la historia abrirá juicio sobre la actitud de cada gobernante frente al tema. Comparte, en cambio, el camino adoptado por el presidente Jorge Batlle y sentencia que volverÃa a adoptar la misma posición que a su entender se sustenta “en valores morales y éticos del pueblo judÃo”.
–A finales de 1997, siendo usted presidente del Comité Central Israelita emitió una declaración que recomendaba solucionar el tema de los desaparecidos ¿Por qué tomó esa decisión en ese momento histórico?
–Nosotros entendÃamos, en el Comité, que la Colectividad JudÃa no podÃa permanecer ajena a la solución de un tema tan serio y grave como era el de los desaparecidos.
Nosotros, el pueblo judÃo, tiene una extensa trayectoria con situaciones bastante desagradables de sufrimientos a través de los siglos, y siempre hemos entendido que la solidaridad con situaciones semejantes era totalmente necesaria. Toda nuestra ética, y nuestra moral, se basa en los Derechos Humanos y la libertad. Por eso consideramos que debÃamos pronunciarnos en ese sentido.
Invocamos inclusive un párrafo de la Biblia donde Abraham expresa su preocupación por dar sepultura a los restos de su esposa Shara.
–¿En ese momento su mensaje causó malestar en el gobierno encabezado por Julio MarÃa Sanguinetti?
–Yo pienso de que no hubo una interpretación clara de cuál fue nuestro mensaje. El mensaje no tuvo un matiz polÃtico, ni nada parecido. Nosotros entendÃamos que no se podÃa sellar la paz en la República sin resolver ese tema.
Pensabamos que era necesario marcar una posición de solidaridad y manifestar que el olvido no iba a solucionar el trágico asunto.
–¿Recibió entonces algún tipo de presión del gobierno de Julio MarÃa Sanguinetti?
–Mire, yo creo que se interpretó mal en el gobierno lo que nosotros dijimos. La nuestra fue una toma de posición sobre el tema, no fue un intento de desestabilización. Pensabamos entonces, y pensamos ahora, que la solidaridad con los familiares de las personas desaparecidas forma parte de la ética y los principios del pueblo judÃo. Consecuentemente nos pronunciamos en ese sentido.
–Eso está claro, pero en su momento se dijo que su renuncia a la presidencia de la organización judÃa más importante del paÃs tuvo que ver con el malestar del gobierno. ¿Eso fue asÃ?
–Me parece que lo importante es reafirmar esa posición ética, lo demás forma parte de lo anecdótico y no es el momento de hablarlo. Por lo demás, la historia es la que se encarga de juzgar a los gobernantes frente a este asunto. Asà que ya veremos.
–El pueblo judÃo y sus instituciones han tenido como polÃtica la búsqueda y divulgación de la verdad sobre la Soha. ¿Usted entiende que la búsqueda de la verdad, revisar los hechos del pasado, contribuyen a forjar la paz?
–Hoy por la mañana estaba leyendo el documento de Serpaj y me pareció un excelente documento. Los pueblos no tienen que olvidar las tragedias que han pasado. Son situaciones desagradables, pero para edificar el futuro de un paÃs hay que construir sobre la verdad.
No es casualidad que el fenómeno de revisión se esté produciendo en los paÃses de la región, entiendo que todos debemos felicitar al actual Presidente de la República por su valiente posición.
–¿Qué diferencia observa respecto a este tema entre el actual Presidente y los anteriores presidentes de la República?
–Me parece que Batlle ha tenido, sobre este asunto, la visión polÃtica de un estadista. Ha mirado hacia el futuro, a largo plazo, y no actuó como un gobernante que trata de resolver sólo el problema polÃtico coyuntural.
–Usted es una persona que viaja mucho y que por sus actividades está en contacto con personalidades intelectuales y polÃticas del mundo. ¿Qué percepción observa en el exterior del vuelco producido en el tema Derechos Humanos por Batlle?
–Observo una visión muy positiva. Yo estaba en el exterior cuando ocurrió la solución del caso Gelman y le puedo decir que los principales diarios del mundo cubrieron la noticia como un acontecimiento importante.
He hablado con ex premios Nobel de la Paz y desde afuera se percibe que hay un clima favorable para resolver el tema, que por otra parte es similar a lo que ocurre en el resto del mundo.
–Sin embargo, han existido reacciones como las del general Manuel Fernández que muestran la existencia de más de una postura dentro de las Fuerzas Armadas.
–Me llamó poderosamente la atención esa declaración. Me pareció perteneciente a otro tiempo. Preocupa que un general en actividad siga pensando el Uruguay en términos de enemigos y de bandos.
Los uruguayos tenemos que recuperar el respeto por la diversidad de posturas; podemos discutir sobre cualquier tema y estar en desacuerdo. En todo caso somos adversarios, no enemigos.
En ese sentido me pareció excelente una mesa redonda en Radio Sarandà donde participó un ex guerrillero, un ex comandante del Ejército, un senador blanco y el hijo de un desaparecido. Fue una conversación madura que refleja la actitud que hay que tomar para salvar esta situación
–¿Piensa que las Fuerzas Armadas deben pedir perdón por los excesos cometidos durante la dictadura, piensa que lo deben hacer todas las partes, o que con reconstruir la verdad basta?
–Es un tema interesante, pero me parece que aún no se debe ingresar en él. Lo importante ahora es dejar que los interlocutores, el Poder Ejecutivo y los familiares de los desaparecidos, encuentren un camino para avanzar. No hay que adelantarse.
–En relación a los temas del olvido y el pasado. ¿Cómo observa el ascenso de un lÃder identificado con la doctrina nazi en Austria?
–Asutria es un buen ejemplo de hacia dónde conduce la polÃtica del olvido. Austria es un paÃs que ha querido olvidar todo lo que pasó durante el nazismo, no se habla de aquello, el tema no existe en los textos escolares ni liceales.
A partir del ocultamiento se construyen estos monstruos como Hyder. Me parece aberrante que un lÃder nazi se encuentre en el gobierno de Austria después de todo lo que sucedió.
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