Entrevista con Fany Canesa, titular del Juzgado Penal de 4º Turno de Maldonado

La primera jueza en entrar a un cuartel a investigar atentados

Eran poco más de las 9 de la noche del lunes y la jueza de 4º turno en lo penal tenía por delante algunas horas más de trabajo en una jornada iniciada a las 11 de la mañana, interrogando a un ladrón de joyas. Mientras extendía la mano cordial aprovechó para señalar al cronista el mal desempeño de «ese cuadrito» (en referencia a Peñarol), mientras hacía gala de su reconocida pasión «bolsilluda». Las paredes del despacho recogen esa predilección deportiva: en una de ellas cuelga un enorme cuadro de José Gervasio Artigas; exactamente en la pared de enfrente hay una foto del hijo menor, luciendo la camiseta tricolor y al lado un escudo de Nacional.

Sobre el escritorio se apilaban varios expedientes. Una copa con tres rosas rojas, dos blancas y tres claveles ponían el toque femenino. Junto a ella, un portalápices con los colores de su equipo destacaba entre el Código Penal, un informe de la Unicef sobre niñez y adolescencia, otro sobre el estado internacional de los derechos humanos y un libro que llamó mi atención: «Un refugio para el corazón», de Billie Letts.

¿Le gustan las novelas románticas?, pregunté sorprendido.

«Para nada –dice con gesto de desagrado, agregando– ese libro debe ser de… (menciona a una conocida abogada de Maldonado)… que se lo olvidó».

La esquina de Sarandí y Santana, donde se ubica el juzgado a su cargo, es una imagen recurrente en los medios de comunicación uruguayos y argentinos. Por allí han pasado simples rateros, proxenetas, golpeadores de niños y mujeres, violadores, narcotraficantes, estafadores, asesinos, personajes de la farándula y hasta el propio intendente de Maldonado, Camilo Tortorella.

Fany Canesa tiene fama de implacable. «Pobre de vos si caés en su juzgado», es una voz corrida en el hampa local. Reconoce con una sonrisa que «alguna vez ha escuchado ese comentario», pero sostiene que «los jueces no hacemos la ley, sólo la aplicamos con el auxilio de la Policía». Sin embargo es un hecho innegable que muchas de sus decisiones han contribuido a gestar el respeto social de que goza. Tanto como para que recientemente una mujer recorriera comercios logrando el crédito que quiso diciendo únicamente que «era la jueza Canesa y había olvidado el monedero».

En 1996 junto al entonces juez penal de 2º turno, Homero Da Costa, descabezó una mafia de narcotraficantes que había asolado con impunidad al departamento durante 10 años; fue la primera magistrada del fuero civil en ingresar a una unidad del ejército para investigar una serie de atentados con explosivos robados en el cuartel y lo hizo después de entablar una contienda de competencias contra un juez militar; persiguió a una banda de proxenetas locales hasta lograr extraditarlos desde Milán; citó al intendente Tortorella para interrogarlo después que Adeom denunciara algunas prácticas corruptas en la administración y aún espera la resolución de su colega de 2º turno, Daniel Tapié, quien desde hace dos años tiene pendiente un pedido fiscal de procesamiento contra un ex alto jerarca de Salud Pública e importante dirigente político en una causa que ella iniciara por mala praxis médica, entre otras muchas acciones judiciales con repercusión pública. En varias de estas causas se cruzaron notorios dirigentes políticos, parlamentarios y altos jerarcas comunales. Canesa asegura que dirigentes políticos intentaron presionarla más de una vez, pero «los rechazó a todos» y dijo que «no creía adecuado revelar los nombres de los responsables».

–¿Cuál es el problema social que más repercute en los juzgados?

–La pobreza y el desempleo. El delito de hurto es el que trae más gente y cuando preguntamos al detenido por su ocupación, la mayoría contesta que es desocupado.

–¿Llegan muchos primarios?

–Sí, muchos y cada vez más jóvenes. Me refiero al hurto sobre todo.

–Los delitos contra la propiedad y los accidentes de tránsito preocupan a toda la sociedad, pero no ocurre lo mismo con el tráfico de drogas o la violencia doméstica, estos delitos ¿no llegan al juzgado?

–En temas de tráfico de estupefacientes hemos intervenido en varias oportunidades, todas las que nos trae la Policía. En cuanto a violencia doméstica cada día tenemos más. No siempre se trata del delito tipificado como violencia doméstica, pueden ser lesiones personales. También se da contra los niños. Y ocurre en todos los sectores sociales. Sucede que a los juzgados sólo llegan denuncias de personas humildes.

–Los otros no vienen acá, van derecho a un sanatorio privado…

–Bueno, alguno ha llegado. Pero francamente es una situación horrible.

–En 1996 el juez Da Costa y usted procesaron a dos traficantes que operaban con impunidad. Después de cuatro años ¿puede decirnos si esa banda tenía protección política?

–Sus agendas revelaban importantes contactos al igual que las escuchas telefónicas. En su momento hubo hechos muy llamativos, pero la probatoria no alcanzó para continuar las investigaciones.

–¿Alguna vez sintió miedo?

–No, nunca. Pero entienda que no es por valentía. Cuando se está trabajando no hay tiempo para detenerse a pensar en posibles consecuencias personales. Además debo necesariamente tener una actitud imparcial. ¿Se acuerda del caso Silgoria? (se refiere a un sujeto que asesinó a una joven a martillazos ). Pues cuando lo tuve aquí, no permití que se representara lo que había hecho, si no, no podría ejercer esta tarea.

–Desde el punto de vista humano ¿cuál fue el caso que más la afectó de todos en cuantos intervino?

–El de Ana Karina, la joven muerta por sobredosis en 1996. Creo que afectó a todo Maldonado porque la reacción fue colectiva. Ultimamente sufrí con el horrible accidente que tuvo la familia Astigarraga, una familia entera que desapareció en un minuto. Fue espantoso ver muertos a dos niños tan chiquitos. La parte de accidentes de tránsito es realmente horrible. Cuando veo a los padres enloquecidos por lo que les ocurrió a sus hijos, no puedo evitar ponerme en su lugar y pensar en mis propios hijos.

–Y desde el punto de vista judicial ¿cuál fue el más complicado?

–Uno de los que me dio más trabajo fue el de proxenetismo en 1997. También el de narcotráfico en el ’96, trabajamos mucho con el doctor (Homero) Da Costa y con la Policía.

–¿Alguna vez recibió presiones políticas?

–Hubo llamadas telefónicas al juzgado y vino gente a mi despacho. Más de una vez.

–¿Las denunció?

–En su momento hice lo que consideré que había que hacer, rechazar cualquier tipo de presión. Tampoco creí adecuado denunciar el hecho ante la Corte, porque eran situaciones que necesariamente debía resolver yo y no los señores ministros.

–¿Tuvo disgustos con su carrera profesional?

–Sí y sigo afectada. Con motivo de una investigación administrativa dictada por la Suprema Corte sobre la oficina de 4º turno a mi cargo, concurrió un inspector cuyo nombre no quiero dar por ahora e hizo preguntas totalmente impertinentes sobre mi patrimonio. Pretendía saber si durante los años que llevo en Maldonado el mismo había crecido. Presenté una denuncia ante la Corte y hasta el momento no obtuve respuesta. Fue el peor disgusto de mi vida laboral y es una herida que tengo abierta.

–¿Y eso le trajo alguna consecuencia?

–No lo sé. Sólo sé que le formuló esa pregunta a varios abogados y ni siquiera las consignó en el acta. Realmente me ofendió porque vivo de mi trabajo y rijo mi vida por principios éticos que bajo ninguna circunstancia
estoy dispuesta a soslayar.

–¿Qué sintió cuando se enteró que alguien usando su nombre estafaba a comerciantes?

–Una indignación espantosa. Y también me dije que finalmente quien anduvo preguntando acerca de mi patrimonio habría pensado que tenía razón y yo era una irresponsable que dejaba clavos por ahí. Por suerte la Policía aclaró todo enseguida.

–Su nombre aparece reiteradamente en los medios de comunicación ¿cómo reacciona su familia?

–Bueno, no es fácil y francamente no me gusta. Mi familia no se siente bien y lo he comprobado con mi hijo más chico. Sin embargo, comprendo las necesidades informativas que tienen los medios de comunicación y la aparición de mi nombre lo asumo como una consecuencia del trabajo. Siempre tuve mucho respeto por la labor del periodismo, no sólo porque también soy una ciudadana que necesita información, sino porque además en este tiempo comprendí lo sacrificada que es su profesión. Por ejemplo, los he visto ahí afuera un día entero bajo lluvia y frío para conseguir una foto o un dato.

–¿Qué opinión le merece el proyecto de Código del Proceso Penal que no llegó a aplicarse y que ahora el Presidente de la República encargó reformar al doctor Gonzalo Fernández?

–¿Usted me pregunta por el nonato?, era absolutamente inaplicable y lo demuestran las sucesivas postergaciones que tuvo y la voluntad del Presidente (Jorge) Batlle en dejarlo sin efecto definitivamente. Tengo entendido que la nueva propuesta se basa en la división entre juez de instrucción y juez de sentencia y eso me parece correcto. Se trata de dos ópticas para ver un proceso que contribuirá a una mejor aplicación de justicia. No sé si será viable desde el punto económico, pero lo considero positivo.

–Durante el verano la actividad en el juzgado penal se intensifica y adquiere relevancia internacional. ¿No cree que debería haber un régimen de Feria especial?

–Creo que es agotador para una persona, trátese de un juez de paz o un juez letrado. Casi diría que el régimen es inhumano, una persona sola permanece 40 días corridos como juez subrogante. La población aumenta enormemente y con ella crece el delito, además de las connotaciones sociales que tienen.

–A partir de su experiencia ¿cree que hay mucha, poca o nada de corrupción en el sistema político?

–En los últimos años la Justicia se ha expresado con mucha claridad al respecto.

–¿La Justicia está preparada para enfrentar ese tipo de delitos?

–Yo creo que sí. A veces hay dificultades con los medios. Por ejemplo, cuando se trata de problemas contables el Instituto Técnico Forense cuenta con un solo contador, eso es un problema porque está muy exigido.

–¿Y la Policía?

–Aquí la Dirección de Investigaciones cuenta con muy buenos funcionarios con los que he trabajado muy bien.

–Hace algunos años el doctor Gervasio Guillot dijo en Maldonado que en este país el Código Penal era para los pobres y el Civil para los ricos. ¿Coincide?

–Por lo menos el Penal se aplica más a los pobres que a los ricos. Aunque los abogados de oficio son excelentes profesionales, hay una gran diferencia con aquel que puede pagar los servicios exclusivos de un abogado.

–¿Es partidaria de la existencia de una Policía Judicial?

–Sí, aunque hace años que se habla de ella. Creo que le haría bien a todo el sistema la existencia de una Policía más específica.

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