
En sendos actos, que contaron con nutrida concurrencia, los presidentes de dichos institutos, respectivamente los tenientes generales Raúl Mermot y Juan Rebollo, recordaron a los militares y policÃas caÃdos en enfrentamientos con el Movimiento de Liberación Nacional- Tupamaros (MLN-T), asà como la muerte del profesor Armando Acosta y Lara, y el peón rural Pascacio Báez.
Mermot apoyó los anuncios del presidente Batlle en procura “de lograr sellar de una buena vez, la paz y la concordia” en el paÃs, no obstante lo cual, llamó a estar “alertas y expectantes” ante “quienes luego de las generosas soluciones legales que le dieron a los uruguayos la paz para convivir, han logrado alcanzar elevadas posiciones polÃticas en el Parlamento Nacional, al amparo de una democracia que tiempo atrás amenazaron con sus armas” y que a su juicio “aún hoy se permiten reivindicar públicamente hechos de sangre, en una flagrante apologÃa del delito, constituyéndose además, en permanentes crÃticos de quienes fueron sus vencedores”.
Rebollo en tanto se pronunció por que los ex integrantes de la guerrilla “manifiesten su arrepentimiento y se comprometan a nunca más utilizar las armas para imponer su voluntad a los demás”. Afirmó que la “campaña” contra las fuerzas armadas “continúa hasta el presente con su doble objetivo de neutralización y venganza” y en la cual “se sigue atacando a determinados integrantes de las fuerzas armadas acusándolos de violadores de los derechos humanos”.
En su discurso, Mermot cuestionó a los militares que en los últimos dÃas se pronunciaron públicamente en torno al tema detenidos desaparecidos. Sentenció que “hay circunstancias en las cuales es válido hacer oÃr nuestra voz en el marco de la responsabilidad que tenemos”, pero también “existe un tiempo para hablar y un tiempo para callar”.
En determinadas circunstancias, dijo, “cuando estamos por fuera de ella (del marco de responsabilidad), debemos preservar para quienes sà la tienen, las opiniones que sostengan sobre aquellos aspectos que puedan afectar de alguna manera a la institución armada”.
Los oficiales caÃdos El ex comandante en jefe del Ejército recordó los nombres de los oficiales caÃdos en el marco de la “lucha antisubversiva” y las circunstancias de las muertes. Mencionó al capitán de corbeta Ernesto Motto, “ametrallado tras salir de su domicilio en la ciudad de Las Piedras, desde un coche que lo habÃa estado esperando”; al coronel Artigas G. Alvarez, “ametrallado en presencia de su esposa e hija, que resultan ilesas, al salir de su domicilio”, al teniente 2do. Ricardo Braida, “baleado de muerte mientras custodiaba dentro de un coche a un sedicioso detenido”, al capitán Wilfredo J. Busconi, quien “muere después de una larga agonÃa, herido gravemente tras un procedimiento practicado en un predio lindero a una regional del Partido Comunista, por uno de los ocupantes de este local”, al capitán Julio C. Gutiérrez, quien “fallece a consecuencias de heridas recibidas mientras se realizaba un procedimiento”, al coronel Ramón Trabal que “fue acribillado a traición por un grupo sedicioso en garaje del subsuelo del edificio de apartamentos donde residÃa en la ciudad de ParÃs, encontrándose cumpliendo la misión de Agregado Militar ante la República de Francia”, al capitán Roberto Botti quien “cae abatido en el curso de un allanamiento”. Mermot mencionó además a varios soldados abatidos, como los cuatro que integraban la custodia del ex comandante en jefe del Ejército, asà como los integrantes de la PolicÃa Nacional, que “cayeron infamemente en manos de la insurgencia”.
También recordó a Armando Acosta y Lara “educador y hombre público, abatido ese 14 de abril de 1972 por un franco tirador sedicioso que le disparara desde una ventana del templo Metodista”, asà como al peón rural Pascacio Báez, “asesinado con pentotal por los tupamaros, al haber descubierto en forma casual un escondite sedicioso”. “Vil asesinato dispuesto y ejecutado por profesionales de la medicina, para quienes, evidentemente, no se accionan los Tribunales de Etica Médica”, afirmó.
Sobre el caso del capitán Busconi, una investigación parlamentaria de la época puso en duda la versión oficial. Determinó que los militantes comunistas se rindieron sin ofrecer ningún tipo de resistencia –no estaban armados–, y que la bala seguramente partió de las fuerzas atacantes. También se supo que de los ocho muertos varios fueron fusilados en la propia calle. Otro de los mencionados, el coronel Ramón Trabal, fue muerto en ParÃs a fines de 1974, según Mermot “acribillado a traición por un grupo sedicioso”. En su momento, los propios guerrilleros desmintieron su participación en el hecho. Datos posteriores, a su vez, dejaron entrever la posibilidad de un complot interno.
Mermot señaló que “una forma de honrar a nuestros muertos es reivindicando la justicia de la lucha antisubversiva llevada adelante por las Fuerzas Armadas”.
Advirtió que esos hechos “despertaron nuestras conciencias y por ello redoblamos esfuerzos para que el odio y la violencia, ni en aquel momento ni nunca más, pudieran esgrimirse”.
“Las causas justas y legÃtimas, no necesitan ni del odio ni de la violencia porque las tornan injustas y en última instancia las llevan a negar los más caros valores y principios de nuestra nacionalidad”. Mermot dijo que “no es el camino del rencor sino el del respeto mutuo el que queremos y defendemos”.
En otra parte de su discurso, Mermot señaló que la institución armada “continúa en el centro del interés del público debido a hechos sucedidos en el pasado y que en muchos casos se han transformado en pretextos para un severo enjuiciamiento a nuestra formación de soldados”.
Dijo que “los muy difÃciles momentos que sufrió la patria, frente a aquella escalada de violencia y muerte en procura del poder, impusieron la adopción de una posición ineludible de ser ejecutantes de la voluntad superior” y añadió que “el pueblo que nosotros defendimos, nos necesitó, nos apoyó y nos agradeció”.
Mermot advirtió que “determinadas circunstancias que la nación vivió en el pasado, el pueblo mismo las dio por superadas, pero esto no parece ser una idea compartida por algunos sectores de la sociedad que pretenden revisar hechos que en nada contribuyen a la concordia nacional y que lejos de conducir al bien común, exacerbarán sin lugar a dudas extremas pasiones”.
“No permitamos que el odio y la intolerancia nos lleven a situaciones que no podamos controlar y a épocas que creÃamos definitivamente superadas. La sociedad y las instituciones que sostienen al Estado están por encima de protagonismos y reivindicaciones”, afirmó.
No obstante, señaló que “inmersos en ese espÃritu que propiciamos y defendemos, frecuentemente nos vemos frente a nuevas situaciones de análisis en las cuales es necesario ver el fondo de las cosas y aunque no compartamos las formas de manifestarlas, debemos coincidir y en ellos aspiro a recoger el sentir de todos los asociados de este CÃrculo Militar, al expresar, que sin perjuicio de confiar en los avances que se vienen cumpliendo en procura de lograr sellar de una buena vez la paz y la concordia entre todos los ciudadanos de este paÃs, a lo cual decididamente aspiramos, será igualmente necesario que permanezcamos siempre alertas y expectantes, fundamentalmente cuando quienes luego de las generosas soluciones legales que le dieron a los uruguayos la paz para convivir, han logrado alcanzar elevadas posiciones polÃticas en el Parlamento Nacional, al amparo de una democracia que tiempo atrás amenazaron con sus armas”. Agregó que “aún hoy se permiten reivindicar p
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