"Olla a presión": original y punzante análisis de la crisis en Argentina
«Cacerolazos, piquetes y asambleas, sobre fuego argentino» es el subtítulo de la obra, editada por la Universidad de Buenos Aires. En su análisis, Cafassi parte de la base que los caceroleos son «un modo de revocación de la representación ejercida por los dirigentes políticos pero a la vez, en tanto emergencia, una (re)vocación por la política».
El autor refiere en su primer capítulo a la «naturaleza perversa y antihumana» del neoliberalismo, que continúa siendo implementado en forma radical «aun con matices de cierta heterodoxia, en ocasiones experimental, que confrontada con el fracaso estrepitoso de sus resultados puede parcialmente reencontrarse en la radicalidad y magnitud de los conflictos, protestas y movilizaciones actuales».
«Sedimento de desesperanza»
Cafassi ubica el inicio de la profunda crisis económica que asuela a Argentina en los años de la dictadura militar, cuando el ministro Martínez de Hoz «no deja de sintonizar la onda mundial, por entonces apenas incipiente, de estabilidad monetaria pero, como debe sustentar a la vez sus desviaciones criminales, construye su modo particular sobre la base de una espiral de endeudamiento externo que, aunque no tiene parangón con lo que conocemos actualmente, comienza a hipotecar el futuro de las generaciones populares con la complicidad de la banca internacional y de los organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial».
Por otra parte, responsabiliza a Raúl Alfonsín de la profundización de la crisis, correspondiendo su gobierno a «la década del vaciamiento del Estado mediante la venta de las empresas públicas por medio de procedimientos plagados de irregularidades y sospechas de soborno y cohecho». Carlos Saúl Menem terminó el trabajo en una actitud de «profundo antirrepublicanismo», que dejó un «indecible sedimento de desesperanza».
«A fuerza de cucharón»
Cafassi entiende que la corrupción se instaló en el gobierno argentino sin posibilidad de superación. Esta imposibilidad de cambio queda en evidencia con la renuncia de Chacho Alvarez a la vicepresidencia. Esta actitud «puso de manifiesto que no sólo el deterioro institucional de la década menemista continuaba con la putrefacción de los tres poderes del Estado sino que contra eso no había antídoto alguno».
En el proceso que siguió hasta la crisis de diciembre del año pasado, cuando el ex presidente Fernando de la Rúa instauró el Estado de Sitio, los argentinos fueron creando en forma interna el proceso de rechazo a las medidas del gobierno. El Estado de Sitio hizo explotar los cacerolazos, que actuaron como «revocaciones de hecho» de los gobiernos de De la Rúa y posteriormente de Adolfo Rodríguez Saa. Cafassi indica que «este movimiento social contra la expropiación tomó la sartén por el mango, ante el hartazgo de tanta defraudación acumulada en casi dos décadas de promesas incumplidas, de impotencia y corrupción. Y la hizo sonar a fuerza de cucharón».
Cacerolas «fundacionales»
El 19 y 20 de diciembre del año pasado, las protestas y cacerolazos hicieron emerger «una nueva semántica de la ciudad», con un modelo de ciudadano que «comenzó a querer hacerse dueño de la ciudad y, por tanto, a intentar construir la ciudadanía». Estos episodios dejaron «gente en las esquinas con la mirada abierta a sus vecinos», hubo un «corrimiento de la mirada desde la ventana televisiva hacia el codo del vecino y desde la naturaleza expulsiva y atomizadora de la ciudad hacia su reapropiación aglutinante y socializadora».
Cafassi considera que los cacerolazos son el inicio de un proceso de cambio que apunta a «desarrollar la vida política desde abajo». En ese sentido, «la emergencia de las asambleas viene a reforzar el desarrollo de los procesos de lucha antes iniciados y a dar continuidad a la irrupción plena de la clase media en estas luchas, que se inició fundacionalmente con los cacerolazos y movilizaciones de diciembre». *
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