"Esa loca, loca idea de invadir Uruguay"
El humorista Vicente Muleiro publicó ayer en el diario argentino «Clarín» una columna donde analiza en términos jocosos las reacciones que provocaron en el gobierno argentino los dichos del presidente Jorge Batlle la semana pasada. Con el título «Esa loca, loca idea de invadir Uruguay», el artículo de Muleiro refiere a los hechos de la siguiente manera:
«Las insidiosas declaraciones del presidente uruguayo Jorge Batlle reflotaron en algunas cabezas calenturientas la idea peregrina de invadir Uruguay. En la Cancillería hubo posiciones moderadas. Allí se conjeturó que, con exhumar el certificado de nacimiento de Carlos Gardel en el suelo patrio, y con no devolver a Natalia Oreiro ni a Hermenegildo Sábat, alcanza para que sientan el fiero peso de la venganza. En esa línea se habló de retener en el país a Jaime Roos y a Leo Maslíah, apenas pisen el territorio para dar un recital. Desde el Ministerio de Educación se amagó con instruir a los profesores para que la narrativa de Juan Carlos Onetti sea incorporada, sin más, como literatura argentina a los programas de enseñanza en todos los niveles.
Pero los barones de la guerra quisieron imponer sus posturas extremas. Un general muy estrellado se animó a gritar «Â¡Que venga el Principito!» aunque, a partir de amargas y pasadas experiencias, se apuró a aclarar que estaba desafiando al hijo menor de Enzo Francescoli. Otro oficial, envalentonado y con el cuchillo en la mano, sentenció: «La semana que viene voy a estar mojándome el shorcito en La Mansa y paseando en chancletas por la Gorlero».
La Armada no se quedó atrás. Un almirante obeso clamó: «Yo me encargo del departamento de Canelones». Un coronel retirado, de apellido Damasco, se ofreció para invadir Durazno y armar una ensalada de fruta al comando de un pelotón de paracaidistas que pretendía trasladar en submarino. Al final, entre los guerreros primó la cordura. Sobre todo luego de que el coronel Cañones, atusándose los mostachos, dijo: «Nos ofendió George Bush y no respondimos; nos pegó cuatro gritos Fidel y nadie dijo nada; nos ladró Aznar con Duhalde al lado y ni nos mosqueamos. ¿Vamos a hacer la guerra a los uruguayos, que son mucho más parecidos a nosotros de lo que ellos creen? Recuerden si no aquella milonga de un tal Borges que también se puede aplicar a la política y a ciertos enjuagues bancarios:
«El sabor de lo Oriental
en estas palabras pinto,
el sabor de lo que es
igual y un poco distinto». *
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