"Estoy preparando varios asaditos y voy a hacer todo lo posible por rabonearle a los blancos y colorados"
RAUL LEGNANI
–¿Usted quién cree que es?
–Ando entretenido en averiguar esas cosas, pero cada vez estoy más entreverado. Soy el resumen de un pedazo de historieta, de un conjunto colectivo, de una lucha de muchos años y naturalmente debí haber recibido el acervo de muchos soldaditos anónimos en la construcción de una manera de pensar, de pararse ante la vida.
No sería quien soy si no me hubiera parido una peripecia. Si hubiera vivido otra peripecia, seguramente sería distinto.
Yo no soy el dueño absoluto del escenario, porque estoy determinado. Mi conducta está determinada por ciertos hechos de cuarenta años y por algunos cromosomas que vinieron del entrevero del viejo y de la vieja.
—Siempre fue conversador, escuchador.
–Sí, siempre fui así. Claro que pasé por las edades. Como cualquier hijo de vecino tuve, en una época, como gran preocupación enamorarme de una piba (se emociona). Me atildaba, eran los tiempos de la moñita..
—Yo tengo una foto suya con moñita y flor de pinta.
–Zapatos de charol, el traje negro a rayas, que era un uniforme, con chaleco aunque hiciera calor. Después se me pasó. Digo todo esto porque quiero marcar que no somos ningún fenómeno raro, que somos como el zapallo que está verde y de repente termina con otro color.
—¿Cuál es el momento en que usted se mete en este lío de ahora?
–Soy parte de una generación que tuvo algunos inconvenientes y algunas ventajas. Soy de una generación que creyó tocar el cielo con las manos porque pensaba que la construcción de una sociedad mejor estaba a la vuelta de la vida. Soy de la época de las revoluciones tercermundistas, donde el imperio no era un tigre de papel.
—Como dijo Mao.
–(Se ríe.) Y sufrí las transformaciones, los golpes y los aportes del tiempo. La ventaja: la esperanza. Desventaja: la ingenuidad. Esa especie de reduccionismo de creer que porque se tienen cuatro razones y cuatro verdades, se ha sido capaz de captar la vida y la evolución humana. No reniego de ese tiempo, no reniego nada, y además en algunos aspectos fue hermoso a pesar de sus tragedias (le brillan los ojos).
Ese tiempo nos dejó la percepción de lo que no tenemos que hacer. Aprendimos de los errores. No renuncio de la visión socialista de la historia, no renuncio a que el homo sapiens pueda construir una sociedad mejor. Creo que si este capitalismo continúa así es capaz de hacer desaparecer la vida de arriba de la Tierra. Tal vez hoy sea trágicamente más crítico que antes, porque estamos ante una cuestión de la vida.
Cuando era joven me conmoví cuando Fidel dijo que más valía que se hundiera la isla antes que perder la dignidad… ¡No querido, no, no seas malo, que no se hunda nada! Aunque haya que andar un poco de rodillas no importa: lo primero es salvar la vida. Porque si hay vida se puede pelear con todo lo demás. Es que la vida es la verdadera causa. Ni siquiera el socialismo es la vida.
–¿Los tupamaros, cuando formulan el Frente Grande, comienzan a cambiar?
–Raúl (Sendic) fue un heterodoxo del punto de vista mental: el análisis dialéctico no lo llevaba. Pero el concepto de liberación nacional que nosotros manejábamos fue una puerta de entrada al hoy. Estábamos más cerca de Marx que de Lenin, porque el concepto de liberación nacional implica el enriquecimiento de la sociedad, la multiplicación de los medios materiales y culturales.
—¿Más capitalismo?
–Sí, sí. Implica exprimir el capitalismo. Es que la revolución capitalista no llegó a Uruguay porque tiene una pálida burguesía, es una lumpen burguesía por el carácter de su dependencia.
Marx tendía a ver la flor del socialismo como la maduración de un proceso. Y a esta visión, de alguna manera, estábamos ligados, entendiendo que la cuestión cultural tiene una preeminencia. En definitiva, la construcción del socialismo es un brutal fenómeno cultural que necesita soporte material, pero no alcanza con lo material.
–A pesar de esa visión más amplia del proceso de cambio uruguayo, a ustedes les costó aceptar la propuesta de la creación del Encuentro Progresista.
–Tuvimos contradicciones y en realidad el MPP de ese momento no fue frentegrandista, pero el MLN sí. El MPP era achicador. Por eso es injusto decir que el MPP es igual a los tupamaros. Noooo… nosotros nos bancamos y nos bancamos un montón de cosas con las que no estábamos de acuerdo. Y a la larga, naturalmente, tuvo que tener un desenlace político.
—Hoy no hay un mundo socialista que le brinde mercados y capitales a una sociedad como la nuestra que quiere el cambio. ¿Cómo se para el país en el mundo de hoy?
–Hay que pelear por enriquecer al país y a la sociedad: al mismo tiempo sembrar valores. Es que el hombre nuevo es la continuidad reformada del viejo, no pasa que uno se despierta y nació el hombre nuevo. Hay que lidiar con esta humanidad rotosa que tenemos. No hay que ser chorizos: estamos lidiando con el capitalismo, ¡vamos a respetarlo! Tenemos que pelear con las leyes de él. Pero el asunto es que en ese intento no seamos «él».
—¿Ese peligro existe?
— Todos los días nos tiende la mesa. Siembra valores. ¡Qué bonitos somos para el capitalismo! Si sos un tipo que sonás un poco, te trata bien, te invita, te pone la mesa, te manda tarjetas, te invita a comer y estás a un paso para que te creas que vos sos el dueño de la cosa, pero sos un pobre desgraciado (se ríe).
—Los argentinos, después del susto, están planteando la necesidad de recuperar la austeridad como un valor fundamental. ¿Está de acuerdo?
–La austeridad es comodidad, el que cree que la austeridad es un sacrificio es un nabo. La austeridad es sacarse una cantidad de problemas de encima. Pero entendamos: austeridad no es indigencia.
—¿A las capas medias altas de este país les falta austeridad y les gustó este modelo mientras anduvo?
–A todos nos hicieron comer la pastilla. Muchos de los paisanos que no pueden pagar las cuentas, son los que se comieron la película de comprar los tractores digitales, cuando el trigo llegó a doscientos dólares. Es que a cualquier canario le gustan los fierros nuevos. ¡Los mataron!
Recordá a Sanguinetti, adusto, con su tono patriarcal (comienza a imitarlo), serio, con sus cejas pobladas, hablando de la calidad de vida del pueblo uruguayo, diciendo que consumimos cuarenta mil autos nuevos por año.
Hice las cuentas. Cada uno, financiado, costó 23 mil dólares, cuando eran autitos de trece mil dólares (baja la voz). Cuando los terminaron de pagar (casi no le oigo la voz) valían cinco mil dólares. Perdieron miles de dólares, pero era la imagen de que me voy para arriba. ¿Me entendés? Lo que pasa es que la dominación del mundo central pasa por meternos sus parámetros consumistas, su cultura, sin tener el necesario basamento económico. Esas son las crisis.
–Pero el confort es importante, mire que en el socialismo se lo comieron. No es lo mismo un televisor con control remoto, que un televisor donde hay que levantarse de la cama para cambiar de canal.
–Si se puede tener sí, pero el problema central es otro. Yo parto de la base que el cristiano tiene que trabajar para vivir y que el trabajo también es una forma de relación. Pero no me puedo transformar en una máquina de laburar para andar comprando cosas. Cuando te das cuenta de esto, sos un viejo de mierda que no puede ni con las patas. También escuchás a gente que dice que no quiere que a su hijo le falte nada. Pero después él le falta a los hijos, porque no tiene ni una hora para estar con ellos. Ent
onces, ¿qué negocio es ése? Debe haber un tiempo para trabajar y un tiempo para vivir. De otra forma la vida es una penuria.
–¿Cómo ve la situación financiera del país?
–Estoy asombrado de la cantidad de guita que se está yendo. Se va dinero y oro: viajecitos de 130 kilos, de 150, de 400 kilos. Se va, se va, se va…
–¿Hay que salvar al sistema o no?
–Fui hace poco a Florida a una curtiembre, donde trabajan casi 400 negritos. Es cuero trabajado para autos finos. El tipo de la firma no tenía aliento para quince días más, porque necesitaba guita para pagar las quincenas y esto y lo otro. No es que estuviera quebrado, el asunto es que el loco tiene que colocar un embarque y necesita cambio para los gastos elementales. Cuento esto porque la crisis del sistema financiero desata de inmediato todo un caos general y se fractura toda la economía. No estoy avalando al sistema financiero, pero es éste. La Iglesia Católica hace muchos siglos tenía a los banqueros en el infierno, después tuvo que transar y transó tanto que se hizo banquera ella. Podemos discutir mucho del punto de vista ético a la actividad financiera, pero tienen un gran peso en la economía. Uruguay tiene la debilidad de ser adicto. Si tienes un bebedor crónico y cortas de golpe el alcohol, el tipo termina en el loquero. Uruguay va a necesitar un largo tratamiento para cambiar este sistema financiero, porque tiene una profunda dependencia de él. Hay que operar en el sistema como un batallón de ingenieros operando en un campo minado y actuar con criterio de zapador para que no haya una explosión. Si no se estabiliza al sistema financiero, las consecuencias no las maneja ni Mandrake. El sistema financiero precisa de una doble reformulación. Una la va a imponer la realidad, porque este sistema financiero estaba montado para cobrar platita negra y más o menos dulzona que venía de la Argentina, ganando en el tránsito de los depósitos. Permanentemente había una burra, cinco mil, seis mil millones de dólares que no eran nuestros, que estaban acá como acampados, mientras tomaban puntería para otro lado y nos dejaban algunos servicios. Creo que eso, chau, se terminó en gran medida. Es decir que la plaza off shore va a quedar muy menguada por la situación argentina. Otro tema es revisar la cristalinidad del sistema financiero, sabiendo que está el del Estado y el privado. Si al BROU le sacamos el crédito social se hace pelota, si le vamos a pedir que sea banca de desarrollo hay que darle algunas ventajas, como ser poseedor de la burra del Estado. Porque de otra manera le hacemos comer todos los clavos al Banco República. Somos unos nabos si no entendemos que todavía hay un margen muy grande de confianza en los bancos del Estado, a pesar de que son un queso porque están todos agujereados. Esta es una ventaja cultural que tenemos. Mientras que a la banca privada no nos la podemos sacar de encima en el mundo en que estamos. Claro que tenemos que ir a un sistema de seguros, como se quiera. Es que tiene que haber una burra de respaldo, pero que la genere el propio trabajo de los bancos. Mirá que en Uruguay hay seguro bancario, pero lo bancamos nosotros. No, ¡que hagan una burra entre todos y que banquen ellos! Hay que privatizar las pérdidas también.
–¿Está planteada la estatización de la banca?
–No, por ahora no, porque nos verían muy feo en el mundo. Si tuviéramos plata, si no tuviéramos que pagar las cuentas, ¿sabés como me apilo? A los bancos privados les digo chau, cosa que no le digo a la actividad privada que es otra cosa.
–En el discurso de la izquierda desapareció el reclamo por más salarios.
–No, Legnani, no. En este Uruguay de hoy el que tiene un salario es un privilegiado ante los que no tienen nada. Somos un país de changadores que se fractura socialmente. Acá la primera etapa es asegurar un salario para la gente. Sólo hay condiciones para mejorar los salarios actuales, si hay laburo. Claro que esta realidad da la oportunidad de que en el país haya inmoralidades, porque hoy a los naranjeros les están pagando 80 pesos, cuando hace cinco años ganaban 140. Cuando tú mejoras el ingreso de los sectores bajos, reactivas la economía interna. Cuando Tabaré Vázquez plantea que hay que socorrer, que hay que hacer ayuda social, no debe verse sólo como una actitud ética, porque es además un movilizador de la economía. Acá es así.
–Si las elecciones fueran hoy, ¿qué le plantearía a la gente?
–Nosotros tenemos una economía que llamo «gil». Vendemos al exterior carne, cueros, un poco de manteca, leche en polvo, arroz. Pero siempre encontramos que a esos productos les ponen barreras, nos achican el mercado y además a sus excedentes subsidiados los vuelcan en el mundo y nos matan. No, este mundo es joda, este mundo no es liberal. Si Europa y Estados Unidos nos compraran las vacas a los precios que les pagan a sus productores, yo salgo con el estandarte «Viva el libre cambio». Si no puedo vender trabajo para afuera, tengo que vender trabajo para adentro. Pero tenemos al sistema político hablando todo el día de inversores –que vengan inversores, dicen– y son como la gata Tobita, todo el día hablando de inversores. ¿Por qué no le dan un poco de pelota a los que están acá, a los que están medio moribundos? Los zapatos toda la vida los hicimos acá en el país y Bagnulo puede darle trabajo mañana a 1.500 tipos. Es verdad que nos van a costar tres veces más los zapatos, pero como te van a costar más va a haber un viejo que vos les llevás los zapatos para que les ponga media suela. Se asustan por lo que nos van a costar las cosas y yo me asusto por la cantidad de gente que está sin laburo. Ojo que no voy a poner una fábrica de tractores, hay que ser selectivos: en algunos caso cerrados, en otros abiertos.
–La crisis es grave, la situación social es dramática, pero Vázquez alerta sobre que el EP-FA no crece.
–Es que les cree a los politólogos éstos. Si estos fenómenos que dan informes decían que nosotros, los del MPP, estábamos muertos. ¡Por favor! Yo me cagaba de risa, me parecía que estaban locos.
–¿Va a invitar a otros para integrarse al Encuentro?
–Voy a juntar gente por ahí. Estoy preparando varios asaditos (se ríe) y voy a hacer todo lo posible por rabonearle a los blancos y a los colorados. Voy a ser bien abierto. *
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