
López, analista de temas militares, ve con buenos ojos los intentos del presidente Jorge Batlle por solucionar el tema desaparecidos, y sostuvo que con la solución oficial del “caso Gelman” éste “dio vuelta la página” con respecto a la polÃtica de los ex presidentes Julio MarÃa Sanguinetti y Luis Alberto Lacalle.
–A partir de la asunción de Batlle ?en qué terreno nos estamos moviendo desde el punto de vista institucional?
–DirÃa que hay otro escenario, hay otra actitud diferente de gestión presidencial. Notoriamente hay dos hechos concretos. La aparición de la nieta de Gelman. El otro que conmocionó a la sociedad fue lo rápidamente que se laudó la situación creada en torno a los dichos del general Manuel Fernández. Allà hay dos cambios importantes.
–?Qué cambios senalarÃa?
–Primero, que este Presidente dio vuelta la página con la polÃtica de Sanguinetti y de Lacalle, de interpretar ampliatoriamente la ley de Caducidad y no hacerle caso al artÃculo 4o. No sé hasta qué punto lo va a llevar hasta sus últimas consecuencias en cuanto a lo que mande investigar. Pero evidentemente, Batlle quiere laudar el tema derechos humanos, que para Sanguinetti y sus dos presidencias era un tabú, y que Lacalle prácticamente ni tocó.
–Sanguinetti dijo que no tuvo la información, ?es posible?
–Yo creo que él tenÃa todos los medios para llegar a ella. Sobre todo, con la ayuda de los familiares. El no tenÃa la voluntad polÃtica de hacerlo. Sanguinetti hizo un pacto con la fracción del Ejército partidaria de transar, con el cambio de situación institucional, que fue la de Hugo Medina y sus seguidores –creo que Fernán Amado tenÃa un papel clave en esto como seguidor de Medina– y se atuvo muy radicalmente a eso.
–?Usted dice que Sanguinetti debÃa cumplir ciertos compromisos?
–Estaba comprometido a raÃz de la actitud polÃtica que tomó en 1986 cuando transitó desde una posición un poco más abierta a la de impulsar la impunidad.
–?Más abierta en qué sentido?
–La posición más abierta, pienso, tiene que ver por lo menos con que no tenÃa muy claro cómo se iba a laudar el tema de los derechos humanos. Y la forma como fueron ocurriendo los hechos lo fueron llevando a la idea de que habÃa que hacer un pacto polÃtico y de ahà nació la Ley de Caducidad. En realidad, la formulación de la ley final la hicieron los blancos. El era partidario de algo muy escueto que fue presentado al Parlamento, que consistÃa en una amnistÃa lisa y llana. Tanto fue autorÃa de los blancos la ley, que prácticamente después no le hizo caso. Aplicó lo que él entendÃa que debÃa ser la polÃtica, de borrón y cuenta nueva, y todos los adjetivos nostálgicos que aplicaba de “ojos en la nuca” de “revanchismo”, estaba un poco destinado a amparar esa resolución polÃtica que le preservó un espacio de autonomÃa enorme a las fuerzas armadas, como base de lo que él llamó la paz y la estabilidad de la República. Que no fue una paz sino una determinada paz. La Ley de Caducidad cae en el momento en que se empezaba a gestar en el paÃs un momento de conflictividad social muy grande. Creo que él preservó un espacio de autoridad estatal como amenaza permanente, que lo ayudara a frenar la conflictividad. Los anos ochenta fueron anos muy terribles, muy crÃticos. Incluso algún miembro del gobierno, como Tarigo, llegó a decir en algún momento que riesgo institucional no habÃa en el momento de votar la Ley de Caducidad. Wilson también llegó a preguntar que si no habÃa riesgo institucional por qué razón nos habÃan embretado con esa ley.
–Pero con Batlle hay un cambio de perfil evidente; él se decide a investigar.
–Batlle decidió enfrentar el problema y darle una solución. No sabemos todavÃa cuál va a ser. Hasta dónde va a llegar. Pero está abierta.
–Es novedoso también porque surge además desde el propio Partido Colorado.
–Exactamente. Es como si estuviera muy maduro ya en los proyectos presidenciales enfrentar este tema que estaba pendiente. Los paÃses del entorno regional algo han hecho, incluso Chile lo ha hecho que tiene un problema mayúsculo, dirÃa que mucho mayor que el nuestro, pero aquà era granÃtica la posición. Hay otra cosa en que yo noto un cambio de perfil. Y es en el papel del Ministerio de Defensa. Esto pasa más desapercibido. Si uno analiza cuál fue el rol de los ministerios de Defensa, tanto en las dos presidencias, de Sanguinetti y de Lacalle, se percibe que fueron de perfil muy bajo: los presidentes gestionaron directamente el tema. Y en el caso que hubo un ministerio de perfil alto, fue el ministerio de Medina, que entiendo fue una opción por introducir la corporación en el interior del Estado. Es decir que hubo un pasaje al extremo opuesto. Incluso en la actitud de poner ministros blancos en la segunda presidencia. Lo que quiere decir dos cosas: primero, que el ministerio no le parecÃa tan importante porque no hubo ministro blanco de EconomÃa por ejemplo. Y segundo que habÃa un acuerdo pragmático sobre algunos lineamientos de polÃtica militar en ambas colectividades polÃticas. Me parece que ahora Batlle marca una diferencia con algunos detalles hasta pintorescos. En esta última crisis sobre los dichos del general Manuel Fernández, pasó toda la manana el aparato mediático ocupándose del asunto, no hablaba el gobierno, nadie se manifestaba, y en deteminado momento fue visto el Presidente en una librerÃa comprándose tres libritos del siglo XIX. Poco después se dio la noticia del relevo. Se tramitó, dirÃa con corrección institucional, sin darle demasiada trascendencia, y se hizo por boca del ministro. El Presidente prácticamente no se manifestó sobre el asunto. Creo que hay una intención de institucionalizar la relación, de que las cosas circulen por donde deben circular.
–Eso es lo que, de alguna manera, dejó verse de este proceso. Pero en lo profundo, ?qué cree que se está procesando?
–Yo creo que aquà hay que hilar más fino, porque una institución armada tiene un papel en el Estado, permanente, tiene un rol que las coyunturas a veces modifican. Creo que en el paÃs está ocurriendo un proceso de inversión de lo que aconteció desde los sesenta hasta el golpe, en que hubo un pasaje de una institución que era totalmente lateral al Estado, al centro del Estado. Y ahora eso se está revirtiendo. La institución empieza un poco por imperativo de su propia supervivencia, a adecuarse a una situación totalmente diferente.
Donde no hay enfrentamientos polÃticos evidentes, donde se vive en democracia por lo menos en sus aspectos formales, dirÃa ejemplar casi, y donde las fuerzas sociales más combativas han sido desmanteladas por la situación económica. El mercado se ha impuesto con tanta fuerza, que ha debilitado los sindicatos, hay una cola de desempleados detrás de cada puesto de trabajo. Y eso genera un clima que no es nada propicio a los enfrentamientos violentos. Hay otra secuela del modelo que es la violencia difundida socialmente.
El gesto de este general fue como un coletazo del pasado. El horno no está para bollos, y me parece que la colectividad polÃtica y la sociedad en general respondió en consecuencia. Muy diferente a lo que pasó en los tres lustros anteriores, donde casi nos acostumbramos a que los generales se salieran e hicieran discursos polÃticos el dÃa del Ejército y no pasara nada.
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