Demagogia y oportunismo
Carlos Peláez
De improviso, en medio de una conferencia de prensa con la que prentendía anunciar el inicio de su campaña electoral, el candidato a la Intendencia por el Partido Colorado, Benito Stern se despachó con un anuncio por lo menos sorprendente para quienes conocemos su actividad y pertenencia política. Ahora quiere investigar la desaparición del edil comunista Horacio Gelós Bonilla. Aunque no aclaró si lo hará ya o en caso de que sea electo intendente. Stern es una buena persona, que ha dado muestras de su vocación democrática y sensibilidad social.
Sin embargo, su declaración del sábado demuestra hasta qué punto en medio de una campaña electoral se puede llegar a ser demagógico y oportunista.
Como sagaz político que es, intuye perfectamente que la actitud del presidente Jorge Batlle con relación a la nieta del poeta Juan Gelman generó de inmediato una reacción de simpatía desde la izquierda o desde quienes, con una posición de independencia política, sufren el problema como propio.
En Maldonado, tanto Stern como el candidato nacionalista Enrique Antía disputan palmo a palmo un porcentaje de electores independientes que, a estar por los resultados de octubre, serían más proclives a votar al candidato Encuentrista, Darío Pérez.
Si su vocación por la verdad no fuera más que un sarpullido electoral, en el pasado y con mucho más poder, el ahora candidato tuvo enormes oportunidades para contribuir al esclarecimiento de hechos que afectaron a los Derechos Humanos y conmovieron a la sociedad.
Ya fue intendente; director de Antel, ministro de Turismo; es un dirigente forista de primer nivel y muy cercano al ex presidente Julio María Sanguinetti. Es decir, tenía dónde y cómo preguntar.
Pero si eso sólo no alcanzara, tiene en Maldonado correligionarios que, de haberlo quierdo, podrían ayudarlo antes, no en medio de la campaña.
Por ejemplo, el diputado forista y su amigo personal Alejo Fernández Chaves, calificado integrante de la Comisión Departamental de Derechos Humanos durante los años 1984 y 1985. Por ejemplo, el médico militar Francisco Pons, varias veces candidato por el Partido Colorado, quien, revistando en el batallón de Ingenieros Nº 4, fue testigo privilegiado de las horrendas torturas allí infligidas a los prisioneros por los militares de la dictadura. Podía haber preguntado a su ahora suplente, Moisés Salgado, que también intervino en alguna autopsia en la misma unidad militar.
Su ahora compañero de ruta, el senador Wilson Sanabria, se cansó de calificar como «terroristas» a todos los que preguntaron por los restos de sus seres queridos durante los últimos cinco años, siguiendo las directivas impartidas por el ocultador Julio María Sanguinetti.
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