"Lo real es que hay que cambiar la estructura económica y tributaria"
VICTOR H. ABELANDO
Alvarez asumirá el 1º de marzo la presidencia de Diputados. Se constituirá así en el segundo representante de la izquierda que asuma tal responsabilidad (en el período anterior dicho cargo también fue ocupado por otro legislador de la izquierda, Carlos Baráibar)
Será el único diputado encuentrista en presidir la Cámara en esta legislatura, si bien –sostuvo Alvarez– de acuerdo a la votación de octubre de 1999 le correspondían dos presidencias al EP-FA. «En definitiva, la coalición de gobierno impuso su tesis de que cuatro presidencias debían ser para sus legisladores», comentó.
Los siguientes son los pasajes fundamentales de la conversación mantenida con Alvarez.
–¿Comparte la idea de reducir el número de diputados?
–Creo que sobre ese planteo inciden tres factores. Uno es el demagógico. Ante la situación social que se padece, aparecen aquellos que dicen: Bueno vamos a ahorrar reduciendo el número de legisladores. Un segundo razonamiento surge de aquellos a los que no les gustan los parlamentos. Ese ya es un asunto peligroso. En definitiva, filosóficamente piensan que el Parlamento es un gasto innecesario en una democracia.
El tercer factor es el que más me preocupa. La sociedad vive una crisis muy aguda y profunda y si bien no estamos en la situación argentina –y no creo que se dé así en Uruguay–, es real que aquí hay gente que pasa hambre y tiene enormes dificultades para subsistir. Ha habido una tendencia, en los últimos tiempos, de echarle la culpa de esos males al Estado y, dentro de éste, al Parlamento. La gente responde diciendo: Bueno cerrémoslo o rebajemos el número de parlamentarios, etcétera.
Reducir el número de legisladores, en última instancia, puede significar que sectores políticos queden fuera del Parlamento, lo que no me parece bueno. Al contrario, quiero la mayor cantidad de opiniones en el Poder Legislativo.
Cerrarlo está descartado. Los que vivimos la dictadura sabemos los que es un país sin Parlamento. Por tanto, pienso que se debe centrar la discusión en los temas reales y no buscar desviarla hacia asuntos absolutamente laterales.
Lo real es que hay que cambiar la estructura económica y tributaria del país. Creo que ese es el centro del debate. Lo demás es tratar de desviar la discusión haciendo planteos diversionistas. Por supuesto me niego a discutir si debe haber una o dos cámaras, aunque me parece mejor la última opción, porque siempre hay un control de una sobre otra.
En definitiva ese planteo (el de achicar) atenta contra el principio de la democracia representativa. A veces se pierde de vista que, en definitiva, el Parlamento es el organismo más representativo de la democracia. Es justamente la institución del Estado que más debemos cuidar, incluso los propios legisladores, con nuestra actitud de trabajo.
–¿Ese planteo puede llevar a una elitización de la política?
–Como decíamos hoy, dejamos fuera algunos sectores y, por tanto, el poder decisorio queda cada vez más concentrado en menos manos. Ello daría lugar a la conformación de una pequeña elite, que en definitiva sería la que gobernara el país.
–¿Piensa que detrás de los planteos de reducción hay, además, una crítica a la política?
–Sí, hay un cuestionamiento, en la medida que existe una disgregación importante en la sociedad uruguaya. Entonces es que aparecen las corporaciones. Hoy vemos distintas corporaciones, cada una moviéndose por sus diferentes postulados e intereses, todos respetables, pero eso ha hecho que la política no importe o sea necesaria en el afán de la reivindicación corporativa. Considero que eso, también, es peligroso para la sociedad. En definitiva, la política es fundamental, porque ella debe globalizar todas las demandas sociales, provengan de donde provengan.
–El Parlamento ha dejado de ser el centro de decisión en muchos aspectos. La mayoría de los paquetes legislativos se acuerdan fuera de él.
–Creo que es un elemento que juega y lo vemos hoy en la aprobación de esta ley llamada de «responsabilidad fiscal», donde el Parlamento ha permanecido ajeno a una discusión cuyos resultados le van a doler a toda la sociedad. Pienso que hay un error político en el manejo de la coalición de gobierno. Tabaré Vázquez lo ha dicho varias veces: «Podemos discutir con el Presidente de la República y es bueno que lo hagamos, ya por propuestas nuestras o de la coalición; pero, en definitiva, la negociación se debe llevar a cabo en el Parlamento, porque es el lugar hábil para ello».
–¿No influye en el desdibujamiento que los principales dirigentes de los partidos políticos no sean legisladores?
–Los líderes partidarios no están en el Parlamento. Esto no sucedía antes. No digo que esté mal, simplemente es una realidad distinta y hay que ver en última instancia cómo encauzarla. Vuelvo a las palabras de Vázquez, cuando decía que podía conversar con el presidente, pero la negociación debe hacerse en el Parlamento.
–¿Es alto el gasto del Parlamento?
–En este momento no lo podría precisar en detalle. Sin embargo, se que está muy por debajo del presupuesto de los ministerios de Defensa e Interior.
–¿Cuál es la tarea de un presidente?
–El presidente es el responsable de la administración de la Cámara de Diputados –una unidad ejecutora del Presupuesto nacional–. A su vez, es el representante de la institución hacia el exterior y quien dirige los debates, coordina las sesiones y trata de llevar adelante el trabajo de las comisiones.
–¿Qué se propone desde dicha responsabilidad?
–Mi preocupación fundamental, a esta altura un tanto obsesiva, es cortar esa distancia que existe hoy entre la sociedad y el Parlamento. Ingresé en 1985 y durante esa legislatura el Palacio Legislativo estaba repleto de gente, todos los días, en las barras y los pasillos. Llegaban planteando distintos problemas e interesándose por la actividad parlamentaria. Con el tiempo eso fue bajando y bajando. En el presente, la situación es que la sociedad ve con mala imagen al Parlamento. Mi obsesión no es recrear 1985, pues ella constituyó una etapa muy especial, sino volver a hacer que la gente se interese por la tarea de los legisladores. Que vean al Parlamento como suyo propio, que no haya distancia entre el hombre de la calle, el trabajador o el empresario y el Poder Legislativo, sino que en definitiva soy representante de sus intereses y deben tener conmigo un diálogo permanente.
¿Cómo instrumentarlo? No es sencillo, pero aquí se comenzó –básicamente hace dos años y se ha hecho con buen impulso– un trabajo de acercamiento a la sociedad, a través de distintos seminarios y eventos, con participación de miles de personas. Quizás haya faltado la concreción de ellos en proyectos de ley, que se tramiten en el Parlamento. Hay que buscar que esos eventos no queden en una discusión política importante, sino llevarlos después a las comisiones legislativas. Otro elemento a poner en práctica es la eliminación de esa percepción montevideana del Parlamento, más allá de que los legisladores del Interior participen activamente en sus departamentos.
Creo que las comisiones parlamentarias deben ir al Interior, a tratar los puntos que interesan a sus habitantes. Por ejemplo, con lo ocurrido en Maldonado en plena temporada turística, con la inhabilitación del agua de la empresa privada para el consumo. Pienso que la comisión que trató el tema, y lo hizo bien en Montevideo, podría haberlo hecho en dicho departamento. Es una manera de hacerle sentir al vecino que el Parlamento está a su lado. Cosa qu
e hoy no siente.
En definitiva es acercar al representante y al representado. Espero que los distintos sectores parlamentarios me hagan llegar propuestas en este sentido.
–¿Eso permitiría mejorar la imagen?
–Hay una contradicción con cierta percepción generalizada. Existe un estudio del Instituto de Ciencias Políticas de la Universidad de la República, donde hace una valoración positiva del trabajo parlamentario desde 1985 a 1999, comparándolo con sus similares de América Latina e incluso consigo mismo y la labor de otros períodos.
–¿Cómo se vincula un legislador montevideano con sus representados? En el Interior parece más fácil.
–Es más sencillo. En el Interior el diputado es más conocido y no tiene descanso, pues los vecinos le plantean sus inquietudes en todo momento. Pero ahí no funciona como institución, es el hombre, la persona. Me interesa que la gente no separe al hombre de la institución, porque ello es sustancial para la democracia.
Más difícil es en Montevideo, donde la mayoría de la gente no conoce a sus representantes.
–¿Piensa incentivar los acuerdos con la Universidad?
–Hay un convenio marco con la Universidad de la República y también con las privadas. También, muchas veces, se solicita asesoramiento de las distintas cátedras de la Facultad de Derecho.
–En este momento el Parlamento está acotado por la restricción del gasto. Si bien hoy es prioridad nacional darles de comer a los niños que no lo hacen, hasta qué punto el recorte presupuestal no afecta el funcionamiento correcto y con una perspectiva de desarrollo de las instituciones públicas, sobre todo del Parlamento.
–¿Cómo encarará desde la presidencia los grandes temas nacionales?
–Si bien el presidente representa la institución y deja de ser representante del partido por el cual fue electo, sigue teniendo sus concepciones. Entonces, más allá de mantener la neutralidad y buscar los consensos necesarios para el mejor desempeño de la institución como tal, uno puede tratar de ayudar al trabajo de las comisiones, discutiendo la priorización de determinados proyectos de ley que tengan que ver con las necesidades más urgentes de la sociedad. Lo mismo con los seminarios. Quizás podamos tenerlos muy bonitos y académicos, pero debemos cuidar que hagan a la problemática de la gente. Por ejemplo, la situación del sistema de salud. *
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