Arquitectos de todo el mundo proyectan revitalizar Montevideo
Arquitectos de todo el mundo trabajaron desde el 19 de marzo en proyectos para el Parque Rodó, el Parque Vaz Ferreira, el pueblo Santiago Vázquez y los parques adyacentes. Ayer concluyó en la Facultad de Arquitectura la presentación de los trabajos, que incluyeron planes para construir muelles que penetren el río Santa Lucía desde Santiago Vázquez y la recuperación del Edificio Mercosur para extender el Casino.
El seminario fue dirigido por los arquitectos Mariano Arana y Ruben Otero y el jurado final estuvo integrado por Yorgos Semioforidis (Atenas), Eduard Bru (Barcelona), Jorge Fiori (Londres), Jorge Moscato (Buenos Aires) y Alberto Sbarra (La Plata).
Los proyectos fueron elaborados en seis talleres dirigidos por Nathalie De Vries (Rotterdam), Eleni Gigantes (Bruselas), Hiroshi Hara (Japón), Fernando Bajo (Bilbao), Antonio González Cordón (Sevilla) y Giangiacomo D’Ardia (Italia).
Opinión académica
El director de Espacios Públicos de la Intendencia de Montevideo (IMM), Roberto Villamarzo y el asesor de Planeamiento Urbano, Hugo Gilmet, aclararon a LA REPUBLICA que las propuestas «no necesariamente serán aplicadas. Algunas son muy desafiantes y otras resultan académicas». Sin embargo, aclararon que «estas instancias sirven para analizar planes para las distintas zonas y contienen algunas propuestas que pueden ser concretadas».
El taller conducido por Nathalie De Vries propuso la construcción de un sendero «envolvente» que se extienda desde el Club de Golf por el Parque Histórico, la zona del Museo de Artes Visuales y la rambla Sur. El camino tendría también ciclovías y áreas «lúdicas», por ejemplo para patinaje, generando un recorrido que unificaría la zona. Este proyecto fue calificado como «muy viable» por los representantes municipales.
Sin embargo, la propuesta tiene aspectos que los arquitectos uruguayos encuentran «muy arriesgados», como la construcción de una plataforma central sobre la costa, a la altura de Sarmiento, para que los usuarios puedan «contemplar el paisaje sin bajarse de los vehículos». Además, aspira a volver a convertir el Edificio Mercosur en un «gran casino con restaurantes, prolongando las actividades lúdicas a lo largo de toda la costa».
Muro «lúdico»
El italiano Giangiacomo D’Ardia dirigió un taller que presentó ideas más arriesgadas para el Parque Rodó. El eje de su planteo es la construcción de un muro de 800 metros que se extienda desde 21 de Setiembre y bulevar Artigas hasta la playa Ramírez, penetrando en el mar con un muelle. Allí se generaría una concentración de actividades, agrupando los juegos eléctricos y colocando allí publicidad y pantallas de cine. Según Gilmet, esta propuesta generó «comentarios críticos porque el muro generaría una división del parque. La idea sería permitir el pasaje de una parte a la otra pero aun así habría una separación». Sin embargo aclaró que el aspecto positivo de la idea radica en que «el dinero recaudado a través de la publicidad o de concesiones para actividades de restaurantes generaría fondos que posibilitarán la conservación del resto del entorno».
Villamarzo agregó que ese mismo mecanismo de gestión permitiría «hacer un túnel en Sarmiento y enterrarlo para que no afecte el parque. Además plantean completar la zona de restaurantes haciendo una línea perpendicular a ese muro y completando la oferta con un circuito gastronómico». El arquitecto destacó que este proyecto «en cierta forma revitaliza la historia. El Parque Rodó surge con los muelles de baño de la playa Ramírez y posteriormente los juegos comenzaron a instalarse en la arena. Recién a partir del muelle de madera comenzó a generarse el parque y esta propuesta, aunque desafiante, lograría algo así».
Intervención discreta
Para la zona de Santiago Vázquez, los proyectos implican intervenciones menores y apuntan principalmente a conservar los espacios ya existentes y a resaltar la importancia de los humedales.
El taller dirigido por la arquitecta Eleni Gigantes planteó la necesidad de adoptar la zona de Santiago Vázquez como «parque puerta» de Montevideo y asumir la presencia del pueblo como «la casa del guardabosques», integrándolo al resto del paisaje. Los arquitectos integrantes de dicho grupo de trabajo también propusieron considerar el río como «puerta de entrada», equipando las islas de la zona con propuestas de actividades que destaquen la recreación en el espacio natural.
Además, se realizarían eventos en diversas áreas del parque para «penetrar» la zona protegida con actividades lúdicas pero conservando la naturaleza.
El otro proyecto, coordinado por el arquitecto Antonio González Cordón, fue todavía más cauto y se limitó a hacer un acercamiento pedagógico. Las únicas sugerencias concretas fueron trabajar en la recuperación del vínculo del pueblo Santiago Vázquez con el río, mediante puentes y túneles, construyendo incluso una plataforma a nivel del agua. La propuesta incluye la construcción de una «estación de visita» a los bañados, que permitiría dejar los vehículos cerca del río y hasta hacer un «corte» que deje ver la sedimentación en los bañados.
Parque agreste
La propuesta del español Fernando Bajo para revitalizar el Parque Vaz Ferreira parte de una conceptualización de la trama urbana de la villa del Cerro, prolongando esa geometría en el parque y generando una línea que una la Fortaleza con la bahía y el ex Frigorífico. Villamarzo explicó que «esa especie de línea fue planteada como una grieta en la falda del Cerro, que quedaría con el Memorial de los Detenidos Desaparecidos a un costado». El proyecto incluye la incorporación de nuevas plantaciones de árboles, miradores y lugares donde puedan desarrollarse actividades de entretenimientos manteniendo las características del parque agreste.
El japonés Hiroshi Hara, por su parte, sugirió la realización de pequeñas intervenciones en el borde del parque, ya que es la zona desde donde se disfrutan las mejores vistas. Esa especie de «frontera externa» fue planteada como un triángulo que parte de la Fortaleza y se une a los dos ex frigoríficos. En esa área se realizarían nuevas plantaciones de árboles y se incorporarían tres plazas, una en cada extremo del triángulo, con un recorrido perimetral que mantenga el carácter agreste del lugar hacia su parte central.
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