El discurso
He aquí, en forma textual, el discurso del doctor Tabaré Vázquez:
«Queridas uruguayas, queridos uruguayos, queridos compañeros y queridas compañeras frenteamplistas, constituye para mí un honor poder dirigirme a todos ustedes en nombre de nuestra fuerza política y además tengo el gusto y el placer de poder decir a todos los compañeros y compañeras frentamplistas: feliz aniversario, muy feliz aniversario.
La sabiduría del pueblo uruguayo clama en la calle para cambiar la política económica que este gobierno está llevando adelante.
Los trabajadores, los productores, los empresarios, los comerciantes, los cooperativistas, alzan su voz en las plazas pidiendo esos cambios. En los principales lugares de reunión la gente a viva voz le pide al gobierno uruguayo que cambie el rumbo de la política económica que lleva adelante. En las entradas de las puertas de las ciudades de Uruguay, las intersociales, las intergremiales, los movimientos de vecinos, los transportistas están pidiendo a este gobierno que cambie su política económica. Hoy aquí esta fuerza política y toda la gente, compañeras, compañeros, uruguayas y uruguayos que nos acompañan, y son miles de uruguayas y uruguayos, pedimos el ancho promedio de Agraciada, con el permiso de la Intendencia Municipal de Montevideo. De fachada de casa a fachada de casa, sin contar este ensanche hay 23 metros de ancho. Los compañeros de organización me acaban de decir que más de cuatro cuadras hay de gente acompañando este acto. Pese al mal tiempo calculamos que aproximadamente hay unos 7.000 metros cuadrados cubiertos de uruguayas y uruguayos cubriendo este acto. Y como están apretaditos, la televisión lo puede mostrar, si calculamos entre tres y cuatro ciudadanos por metro cuadrado vamos a tener más de 25.000 personas en este acto, esta noche de frío, lluvia y tormenta.
Este es un acto formal de festejo del 31 aniversario de nuestra fuerza política. Hace un año en el Velódromo Municipal decíamos: ‘No somos mesiánicos, pero ¿se puede concebir al Uruguay de nuestros días sin nuestro Frente Amplio? ¿Cómo sería Uruguay si no existiera este Frente Amplio? Pensémoslo un solo momento’. ¿Verdad que de pensarlo mete miedo? El Uruguay sin este Frente Amplio defendiendo a su gente, al trabajo, a la producción, al patrimonio nacional. Y esta fuerza política, por suerte para Uruguay y los uruguayos, existe, tiene su recuerdo, su pasado, sus raíces, esas raíces que nos permiten estar fuertemente unidos en este presente y entre todos tejer, bordar, el futuro.
Situación del país
En estas circunstancias tan especiales, no hace muchas semanas, en la apertura del Congreso del Partido Socialista, decíamos en estas circunstancias tan particulares para el mundo, la región, el país, donde el siglo XX no terminó nada bien, y el siglo XXI no empezó mejor, es en esta oportunidad, en estas circunstancias, que esta fuerza política quiere hablar.
Queremos hablar, queremos decir cuál es nuestro pensamiento, cuál es nuestro diagnóstico, cuál es nuestro planteamiento, cuál es nuestro compromiso de acción presente y futura. Lo vamos a hacer y para poder explicarnos mejor analizaremos seis capítulos.
El primero de ellos, Uruguay cómo está en estos días. El segundo, cuáles son las causas por las cuales el Uruguay está como está. El tercer capítulo es qué actitud han desarrollado en estos últimos años los gobiernos nacionales, colorados, blancos, blanquicolorados. En cuarto lugar, qué actitud ha adoptado nuestra fuerza política. El quinto capítulo, qué es lo que quiere, qué es lo que reclama la gente; y el sexto capítulo, las propuestas de nuestra fuerza política. Comencemos con este primer capítulo, cómo está Uruguay de estos días. Quizá muchos de ustedes pueden decir con mucha fuerza como el compañero que ‘no hay trabajo, que no hay laburo’. Tenés razón, no hay laburo. Entonces los invito a que hagamos un ejercicio de abstracción, que nos olvidemos por un momento que estamos en este país, que nos alejemos de los acontecimientos diarios y no pensemos que somos uruguayos y que tratemos de ver la realidad desde más lejos.
Remontémonos en el espacio y miremos el mundo, y observemos en él un país con tres millones de personas, donde el 24% de su población total vive por debajo de la línea de pobreza, vive en situación de pobreza. Donde el 47% de los niños nacen en hogares pobres e irremediablemente van a reciclar y repetir la pobreza en la que viene. Donde el 10% de los niños que nacen en los hospitales públicos tiene bajo peso al nacer, producto de que sus madres tienen importantes carencias nutricionales.
Donde una de cuatro adolescentes es madre precoz, y el 63% de ellas ni trabaja ni estudia, y el 37% no tiene pareja estable. Piensen uruguayos en un país donde 66 mil jóvenes, mujeres y hombres, no estudian ni trabajan, donde 500 mil personas tienen problemas con el trabajo, desocupación, ocupación precaria, inestabilidad laboral, informalismo, donde 150 mil personas viven en viviendas precarias e insalubres, piensen en un país cuya industria manufacturera cayó un 22% en 2001 comparado con el año 2000 y donde las exportaciones en ese mismo período cayeron un 9%. Nos preguntamos cómo vemos a ese país. Es un país que está devastado, que está en la lona, que está absolutamente quebrado. Y ese país no es ni Bangladesh, ni Sierra Leona, ni Haití. Ese país es Uruguay. Esos dramáticos números somos nosotros, y detrás de cada número, uruguayas y uruguayos, hay una persona, hay un ser humano, con sus grandezas y debilidades, con sus esperanzas y sueños, con sus derechos y obligaciones, pero más con sus derechos cercenados, que con las obligaciones que se les exige pese a estar en esa situación de marginación y exclusión social. Este es el Uruguay de nuestros días. ¿Y quién puede decir que no es así? ¿Quién puede decir que inventamos esos números? Esta es la realidad, la dramática realidad del Uruguay de nuestros días.
La experiencia Montevideo
Pero analicemos en un segundo capítulo las causas por las que Uruguay está así. Hace doce años y poco, en 1989, cuando comenzábamos la campaña electoral para disputar al gobierno y la Intendencia de Montevideo, en aquel entonces decíamos qué ha pasado con la tacita de plata –se acuerdan que así le cantaba Romeo Gavioli a Montevideo–, que estaba en un deterioro y en una caída atroz. Aquel Montevideo, un Montevideo oscuro, más de 1.700 basurales en los barrios, las plazas públicas devastadas, vaya, cuántos de ustedes habrá visto jugar al fútbol en la Plaza del Entrevero al mediodía, en aquellos años. El transporte colectivo que se caía a pedazos, las playas contaminadas, los ciudadanos de Montevideo eran simplemente contribuyentes y no participaban de la vida real, de la construcción del Montevideo de aquel entonces. Por suerte la gente eligió al Frente Amplio en aquel momento para gobernar Montevideo. Y las cosas cambiaron, vaya si cambiaron. Basta recorrer Montevideo, no lo vamos a decir nosotros, para decir que las cosas cambiaron y cambiaron para bien. Pero hoy, doce años y medio después, nos preguntamos qué pasó con la Suiza de América, qué pasó con aquel Uruguay, con aquel Uruguay comparado con las cifras que acabamos de manejar. Yo sé que ustedes saben, que tienen la respuesta clara y precisa para esta pregunta. Pero lo que ha pasado en Uruguay, no es producto de un castigo divino, ni de un cataclismo cósmico, ni es culpa exclusiva de males ajenos. No hubo una guerra, no fue un accidente, no fue casual ni tampoco –y lamentablemente– es transitorio.
Lo que Uruguay ha sufrido fue el desarrollo constante
por los últimos gobiernos nacionales, de políticas económicas que han dado los resultados que hoy vimos. La aplicación obcecada y obsecuente de políticas económicas que privilegian los números en detrimento de las personas y esto no es casualidad. Esto no es casualidad.
Vamos a referirnos a alguno de estos aspectos para documentar lo que queremos decir.
Este país se define por una apertura indiscriminada al exterior, por una desregulación financiera, por privatizaciones, por un achicamiento del Estado y por un dejar todo librado a que el libre mercado asigne recursos y distribuya riquezas.
El desmantelamiento del aparato productivo que el país había logrado construir mediante el esfuerzo de varias generaciones de uruguayos no es un garrón, para utilizar la expresión no demasiado académica utilizada por el doctor Batlle hace pocos días, sino que es la consecuencia lógica de la aplicación obsecuente y obcecada de una política económica contraria a los intereses de la nación.
Obsecuente por su procedencia. Es cierto que el Uruguay no es un centro de poder, somos muy pequeñitos, pero no por ello sus gobierno se han de resignar a comprar todos los espejitos y vidrios de colores que vienen del norte. Pero lamentablemente lo han estado haciendo sin ni siquiera cuestionarse por qué quienes le dicen lo que tienen que hacer no aplican esas recetas en su propia casa.
Relación con EEUU
Hace pocas horas, el gobierno anunció que para el próximo viaje del presidente de la República a EEUU, a entrevistarse con Bush, llevaba una valija cargada de propuestas. Ojalá le vaya muy bien. Ojalá podamos vender todo lo que hacemos a Estados Unidos, al Nafta, al mundo. Necesitamos empujar e impulsar nuevamente nuestra economía, pero más vale que en lugar de esa valija con tantas propuestas lleve dos preguntas, que si traen una respuesta franca y leal seguramente estaremos en condiciones de empezar a vivir mejor los uruguayos. Que le pregunte al presidente de EEUU por qué nos hace llevar adelante políticas económicas que en su país no practican. Por qué pone un cupo a las importaciones de los productos uruguayos a los Estados Unidos. Por qué hay trabas en la comercialización de nuestros productos al gigante del norte; y que le pregunte por qué si aplicamos la política que ellos aplican, intentan sancionarnos. Si viene la respuesta leal a esa pregunta entonces empezaremos a abrir los ojos para caminar por el sendero que el Uruguay debe seguir.
Además de una política obsecuente, por la ortodoxia con que la han aplicado, han sido más realistas que el rey. Los resultados de tanto fundamentalismo económico están a la vista. Primero, la tasa de desempleo más alta que conozcamos. Segundo, la mayor inseguridad laboral de que tengamos memoria: Recuerdan cuando hace algunos años el entonces presidente Sanguinetti proclamó que nunca había perdido un conflicto laboral. Tercero, el aparato productivo del país desmantelado. Un documento presentado el 13 de diciembre pasado por 18 gremiales empresariales que reclaman un acuerdo nacional para el crecimiento productivo del país expresa: ‘La economía uruguaya está virtualmente paralizada’. Cuarto, tenemos un Estado gordo e ineficiente, pero así lo moldearon blancos y colorados a lo largo de la historia del país. Ellos lo hicieron, no lo hicimos nosotros, si no nos dejaron ni opinar. ¿O es que en el último presupuesto nacional nuestros compañeros legisladores pudieron siquiera introducir alguna propuesta?
Un Estado gordo e ineficiente que no recauda y que para gastar debe endeudarse más aún y esto va a ser una herencia maldita para el próximo gobierno nacional, cualquiera sea su signo.
Quinto, generalizada sensación de abatimiento y desesperanza de la población ante una situación que parece no tener salida, no tener fin.
Sexto, los únicos sectores que pueden tener ganancias son los que menos han arriesgado, los grandes importadores y los banqueros.
El semanario Búsqueda, en un artículo publicado en su edición 1.136 correspondiente al 31 de enero de este año, titula: ‘Pese a la recesión, el sector financiero se mantuvo en expansión, con balances positivos y aumento de sucursales’. En ese artículo da cuenta que en enero-setiembre, la banca oficial perdió 172 millones de dólares, los 20 bancos privados dieron ganancias por 108.300.000 dólares y el resto de las casas financieras, cooperativas de off shore, ganaron 24 millones de dólares. Fueron los únicos que ganaron en este país pero aún estas ganancias son frágiles. En el caso de los importadores, están sustentadas más por la operación financiera del negocio que por la venta del producto importado, la que tiende a reducirse en el marco actual de depresión económica.
En el caso de los banqueros, la ganancia se sustenta en la cobrabilidad de sus créditos ligada a la capacidad de pago de los deudores que cada vez se achica más.
Esta es la situación que vive nuestro Uruguay. ¿Y qué actitud han tenido los sucesivos gobiernos ante este proceso de deterioro del país? Durante décadas han aplicado una política económica obsecuente y obsecada. Pero, ojo, ninguno de esos gobiernos actuó sin saber lo que hacía, ni desconociendo las consecuencias de sus actos. Sabían muy bien lo que estaban haciendo y sabían muy bien lo que iba a pasar. Como dicen los partes policiales, aquí se actuó con premeditación y alevosía aunque ahora, cuando el modelo se desploma, se cae en mil pedazos, algunos pongan cara de ‘yo no fui’ o pretendan deslindar responsabilidades hablando de factores externos o hablando de garrones.
Claro, no ignoramos la incidencia de la compleja realidad internacional y regional sobre nuestros país, ni desconocemos los efectos adversos de las sequías, las inundaciones o el brote de fiebre aftosa que ha padecido Uruguay pero no culpemos exclusivamente al clima de nuestros resfríos. Es evidente que si uno anda en julio en bermudas, camiseta y ojotas se va a resfriar. Pues bien, salvando las diferencias ante un mundo cada vez más complejo y competitivo, los sucesivos gobiernos blancos y colorados han dejado indefenso al país. Y para no ir demasiado lejos en el pasado, tomemos el caso del gobierno del doctor Lacalle de 1990 a 1995. En ese período se privilegió el objetivo de bajar la inflación para lo cual se procedió a controlar el valor del dólar, luego vendría el famoso atraso cambiario, y se recurrió al ajuste fiscal, inaugurando una cultura de ajuste permanente y siempre pagan los pobres, siempre pagan los que tienen menos.
Impuestos transitorios que aún perduran, como el Impuesto a las Retribuciones Personales, se ajustaron al alza, por supuesto, las tarifas públicas, no se le quitó el impuesto al gasoil para los productores rurales como se había prometido en la campaña electoral, se recordó la inversión estatal, se usaron reservas para pagar deuda externa, el llamado Plan Brady, y se recurrió a más endeudamiento para mitigar los efectos sociales del ajuste. Ciertos sectores aprovecharon que Argentina perdía competitividad para tener sus quince minutos de gloria. Pero la competitividad de las empresas uruguayas en otros mercados y el endeudamiento final del sector privado fueron quienes pagaron el costo de la ilusión de que ‘con los blancos se vive mejor’.
Y si el costo no fue mayor se debió a que el pueblo frenó en el plebiscito sobre empresas públicas, realizado en 1992, la estampida privatizadora del gobierno y de otros que no estaban en el gobierno pero que apoyaban la singular manera de reformar el Estado dilapidándolo, por ejemplo, nuestro actual Presidente de la República, Jorge Batlle. Y las cosas no cambiaron demasiado con el retorno del doctor Sanguinetti a la Presidencia de la R
epública. Su gobierno no quiso, no supo o no pudo poner al país en un camino de crecimiento económico. Prefirió seguir dolarizando la economía, engordando el Estado -alias contratos-, alentando el consumo suntuario y financiando el derroche con más impuestos a la producción y a los consumos básicos. Si sería así que el crecimiento del momento, del doctor Sanguinetti, lo medía en autos cero kilómetros uno atrás de otro, y en litros de Coca Cola que se consumían. ¿Cuántos autos cero kilómetro se venden hoy? Y todos ustedes saben lo que está pasando con la Coca Cola. Había que pasar de aquello de ‘con los blancos se vive mejor’ a qué ‘con los colorados también se vive mejor’.
El destino de hijos y nietos
Y después Batlle con su «gobierno divertido», sus leyes de urgente consideración y sus presupuestos caóticos, aprobados en el Parlamento gracias a la mano de yeso de la bancada oficialista. Sus idas y venidas en materia de política exterior y económica: por ejemplo el lunes nos habla de reinstalar el Virreinato del Río de la Plata y enojarnos con Brasil, el martes dejamos Argentina y nos recostamos al Mercosur, el miércoles rompemos con el Mercosur y con la Comunidad Económica Europea y nos vamos con el Nafta, el jueves dejamos el Nafta, arreglamos con EEUU mano a mano y el viernes nos volvemos a región porque es mejor el Mercosur que andar por el mundo buscando respaldo. En política económica de repente nos van a bajar el IVA del 23 al 19%, pero de repente nos ponen IVA del 23% hasta al agua, a las bananas, los kiwis y los ananás, como si fuera un lujo.
Todas estas cosas desacomodan muchas veces hasta a sus propios ministros de esas carteras. Las piruetas para desmantelar lo que queda del Estado uruguayo olvidándose de aquel plebiscito de 1992, y su más reciente ocurrencia que tuvo el buen gusto de llamarlo «paquete de medidas de responsabilidad fiscal», a partir de lo cual uno puede suponer que hasta ahora se actuó con irresponsabilidad fiscal. Ahora van a cambiarla por la responsabilidad. Es cierto, reconocemos en Batlle un hombre inteligente y afable, es cierto que es así, a un político coherente con el dogma ultraliberal, tan ultraliberal que resulta ultraconservador y que lo inspira desde hace décadas, y a un gobernante con gran capacidad de trabajo. Pero aquí no están en juego las virtues del doctor Batlle, lo que está en juego es el futuro del país, es el destino de todos los uruguayos, incluso el suyo aunque él diga que está en la estación Carnelli. Es el destino de nuestros hijos y nuestros nietos, y de los hijos y nietos del doctor Batlle lo que hoy está en juego. Y para hacer frente al futuro del país, el contador Bensión apela a más de lo mismo, que nos ha llevado a la situación en la que estamos: más ajuste, más impuestos, más aumentos de tarifas públicas. Y como entre tantas subas algo tiene que bajar, reduce el número de los telefonos celulares y los vehículos oficiales del Estado. No está mal que lo haga pero se trata de una gota en el mar.
Y ante tal monótono recurso, tan repetido a lo largo de las décadas con medidas que van a aumentar la recesión sin dudas del país, la respuesta a nivel de la coalición de gobierno ha sido rutinaria. Como ya es costumbre, el Foro Batllista, que oscila entre la batucada oficialista y el silencio opositor según le convenga, ha optado en esta oportunidad por un silencio atronador.
También, como ya es habitual, legisladores del Partido Nacional han expresado públicamente sus reservas en algunos casos y rechazo en otros a las medidas de responsabilidad fiscal. Incluso fueron a hablar con el Presidente de la República iniciando un nuevo episodio de negociación que al día de hoy no sabemos qué resultado ha obtenido, si es que obtuvo alguno.
Pero la coalición de gobierno no improvisa, el modelo que la inspira y la política económica que instrumenta, tiene objetivos precisos cuyos resultados están a la vista. Es necesario que muchos pierdan mucho, para que pocos ganen muchísimo más de lo que ganan.
Claro que en todas estas conversaciones, de reactivación económica y desarrollo humano, nada de nada. Hasta ahora no conocemos propuestas de ninguna medida que tienda a reactivar nuestra economía y a mejorar el desarrollo humano.
El desarrollo no puede delegarse en el liderazgo de actores trasnacionales ni en las fuerzas que operan en el orden global. No existe ninguna experiencia histórica significativa que pruebe lo contrario.
Salimos alegremente a decir que nos integrábamos, que abríamos nuestras puertas, que competíamos libremente, y salimos a pelear con un tenedor en la mano, y así nos fue, y así estamos.
Y en el cuarto capítulo de nuestro análisis queremos decir, queremos explicar cuál ha sido nuestra actitud ante ese mismo proceso. Oponerse a todo, dicen algunos, promover la cultura del No, acusan otros, criticar lo ajeno sin hacer propuesta alguna afirman ciertos opinólogos, proponer medidas inspiradas en buenas intenciones pero acientíficas, anacrónicas e inviables, expresan los más benévolos de nuestros críticos. Por suerte no somos perfectos y no nos molestan las críticas sensatas, por el contrario, aprendemos de ellas pero pongamos las cosas en su lugar.
Continua en la siguiente nota….
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