La diputada quincista Rondán defendió censura de Doyenart
Lo que sigue a continuación es una amplia selección de la versión textual del acta taquigráfica de la sesión de la Comisión de Educación y Cultura de la Cámara de Diputados.
He aquí los dichos de la diputada quincista Rondán:
«Yo no le creo a usted nada. Me siento feliz de podérselo decir así, francamente, frente a usted. Hace muchos años me hubiese gustado decirle esto; lo llamé muchas veces, pero usted nunca estuvo libre como para poderme atender. Yo no le creo. Puede ser que muchas veces usted desde su diario diga la verdad, pero como hay tantas cosas que no son ciertas, entonces yo no le creo nada. Por eso, para mí, siempre va a valer más otra palabra que la suya, porque yo no le creo. Es una opinión muy personal. No lo quiero agredir pero, ¿sabe qué?, hay una cosa en la que a lo mejor usted y yo somos iguales: yo digo siempre la verdad, aunque la verdad no guste; no importa a quién se la estoy diciendo, es lo que yo siento.
No voy a perder un minuto de mi tiempo en hablar de mí –no creo que merezca la pena–, pero voy a decir cómo también se toma una parte fuera del contexto. Vea que tampoco me preocupa mucho, pero se lo digo para que se me entienda por qué tengo esa posición de decir que a mí con la palabra de Doyenart me alcanza, no porque él sea una persona de mi amistad –que no lo es–, no porque sea de mi sector político –que no lo es–, no porque sea de mi Partido –que no lo es–, sino simplemente porque entre estas dos personas, siempre voy a optar por la otra.
Usted hablaba de la libertad de opinión y estoy de acuerdo con usted de que es un bien fundamental. Pero si me remito al lugar y a las circunstancias, era el canal oficial, con esto estamos todos de acuerdo. Para que haya absoluta libertad de opinión e información, voy a explicitar con un ejemplo, quizás más claro. Antel tendría que tener en sus vidrieras los aparatos de Movicom. Entonces, Antel, que es oficial ¿cómo no tiene Movicom? Ancap tendría que poner el reclame de todos los whiskies escoceses.
Además, a fuer de ser sinceros, el discurso del doctor Fasano lo recogió SEÃAL 1, LA REPUBLICA y, después, muchísimos medios, no fue cercenado en la posibilidad de emitir su opinión; no creo que haya sido así.
Formalmente presento mis excusas al capitán, porque no me estoy ocupando de usted; usted dice una cosa, y yo, bueno, sigo en mi misma posición.
Creo que aquí hubo un acuerdo entre dos empresas. Una empresa que dijo: quiero esto, o nos ponemos de acuerdo para hacer esto. Y, bueno, rompieron el acuerdo. Si yo tengo una empresa y digo que se puede vender agua sin gas, y otra empresa, con la que tengo el acuerdo, quiere vender café, yo rompo el acuerdo.
Otra cosa que quiero destacar es que el contenido de las palabras expresadas por el doctor Fasano no merece que yo emita opinión, pero no porque esté o no de acuerdo, porque esa no es la cuestión. Capaz que en algunas cosas hasta podría estar de acuerdo con lo dicho, pero sí voy a defender hasta el último momento de mi vida un concepto bien distinto de lo que es la cultura y de lo que es la política, pero no la política a la que criteriosa e inteligentemente se refería el doctor Fasano; esa política de todos los días, la que hacemos los hombres y las mujeres en todas las instancias de nuestra vida.
Ese era un evento absolutamente de carácter cultural –desde mi punto de vista–, que se trasmitía a todo el país, en el que desde mi modesto punto de vista debieron hacerse consideraciones del punto de vista cultural. Si ese discurso lo hubiese realizado una persona que desde mi modesta opinión yo considerara mucho menos inteligente que el doctor Fasano, diría que no se dio cuenta, que mezcló. Pero el doctor Fasano tiene las cosas clarísimas; no se equivoca. Dice lo que quiere decir; él mismo lo admite. Y en cuanto a que no se puede separar, voy a poner un ejemplo de alguien que no es de mi partido, que lo pongo siempre porque le tengo afecto, lo admiro y lo respeto: el arquitecto Arana. Yo participé siempre en los eventos de la Comisión de Educación y Cultura y nunca escuché al arquitecto Arana hacer consideraciones que pudieran causar rispidez en mis compañeros blancos, del Nuevo Espacio ni a nadie. Yo, como docente, creo que he sabido separar lo que es la cultura de la política, de la política que compromete posiciones ideológicas, ya sea en el plano de la política nacional o internacional.
Quiero decirle que hay una cosa que no me gustó: su referencia al señor presidente Batlle. Me parece que el presidente Batlle ha dado muestras de ser un hombre muy directo, claro y transparente. Cuando el señor presidente Batlle quiera que usted sepa algo, quédese tranquilo que se lo va a decir. No se haga problema. También usted el 1º o el 2 de marzo nos escribió un editorial que a mí me resbala –digo que aquí mi piel ya no es de elefante, sino de rinoceronte–, pero que fue ofensivo, agresivo, denostador del señor Presidente de la República. El Presidente no se ocupó de contestarle. No espere, a veces, que el Presidente le conteste. De repente, no le contesta.
En cuanto a las fotos, ahí me entra otra duda. ¿Vio? Resulta que las fotos de LA REPUBLICA me preocupan un poco. Hace muy poco tiempo aparecieron unas fotos que nos conmovieron a todos; yo no tengo por qué no creerle al señor ministro Stirling y, sin embargo, parece que esas fotos fueron trucadas. De pronto engañaron al señor director de LA REPUBLICA. No sé.
Y lo que más me deja fuera de mi lugar, que no entiendo, es cuando usted dice que no es enemigo de Doyenart. ¡Pobre de los que entonces sean sus enemigos! Porque si lo trata de bufón, de censor, de todo lo que usted le ha dicho a través del diario, ¡ay, señores diputados! Si ese no es enemigo, qué se puede esperar si usted…! O a lo mejor usted no tiene enemigos, sino adversarios. Ahí vamos a coincidir. Yo no tengo enemigos, tengo adversarios. En todo caso, me parece que así no se trata a alguien que no es un enemigo.
En cuanto a Puglia, que usted dice que fue premiado, es verdad. Ahora, ¿sabe qué? Sergio hizo una gran fiesta. Yo soy miope y a veces no veo bien. A usted no lo vi, a Doyenart sí. No sé si Puglia estará enojado con Doyenart, pero lo vi muy contento.
Usted también habla de dos estilos, y es verdad. Usted habló de su diario, con tanto afecto y me parece absolutamente normal que lo haga. ¿Sabe qué? Usted tiene un estilo bien diferente a los demás, pero no solamente por eso que usted dice de que no baja la cabeza ante el poder. No sé si «El Observador», «El País», «Brecha» o «Búsqueda» bajarán la cabeza ante el poder, pero sé que no insultan, que no ponen a un compañero como a Henry López en la tapa agrediéndolo de repente sin ninguna razón. Es cierto: usted tiene un estilo distinto. Si ese es el periodismo verdad, me quiero morir. Porque si la verdad es agredir…
Y voy a hacer una pequeña digresión, porque me pareció un término muy inteligente y muy acertado: el tema de la idiotez. Quizás mañana aparezca en la tapa de LA REPUBLICA con el adjetivo de la idiotez, porque no creo que la política y la cultura no se puedan separar. Si soy idiota como Arana, Batlle o Mercader, no me importa, porque por ahora saben separar las cosas.
Y también habló del desprestigio de la clase política. Claro, a mí me duele. Voy a dejar flotando una pregunta en el ambiente: habría que ver quién contribuye al desprestigio. Si hacemos una revisación de la prensa, no creo que haya un periódico que nos desprestigie más que el suyo. Tal vez usted me diga que cada cual es libre de escribir, pero hay cosas muy gruesas que me parece que un director responsable
… Soy de la vieja guardia. Yo me crié dentro del diario «Acción»; Luis Batlle era muy duro en sus editoriales; Jorge Batlle, Sanguinetti, Paz Aguirre y Vasconcellos también, y hasta ahora, nunca vi escribir esos adjetivos; la verdad es que no.
Usted hablaba del respeto del otro y decía que Doyenart no lo respetó. Y es cierto, no lo respetó, ¿pero usted puede esperar respeto cuando no nos respeta? Usted tampoco respeta; está como en la guerra. Si usted no respeta, no espere que lo respeten. Quizás él no lo respetó en sus dichos, y no me estoy refiriendo al hecho concreto porque, como usted dijo, soy la única que estoy de acuerdo. Sí, estoy de acuerdo. Considero que estuvo bien, porque de acuerdo con lo que yo creo, faltaron a lo acordado. Y estamos hablando de dos empresas. No estamos hablando de otra cosa más que de dos empresas. Pero para que me respeten, yo tengo que respetar. Y cuando ese hombre se sentó acá, se habían dicho tantas cosas de él, se había atacado tanto el honor personal, la hombría de un ser humano, que la verdad que lo que él dijo de usted al lado de lo que usted dijo de él, nada. Mucho menos.
Y usted habló de pasionales y de apasionados. Sabe que en esto también vamos a coincidir. Quien es pasional, es absolutamente auténtico. Mete la pata, pero es él o ella. Y usted dijo que era apasionado. Y es verdad, porque usted es absolutamente frío. Usted pega donde quiere pegar. Agrede donde quiere agredir. Usted sabe cómo hace las cosas. Ojalá siempre las hiciera con la verdad. Ojalá. Porque cuando uno dice la verdad, la verdad puede doler, pero hay que decirla. Lo malo es lo otro, doctor, toda esa otra cosa, que no sólo lastima a la clase política. A veces lastima a la clase política, a veces a la familia policial, a veces a la institución, que es el Ejército, la Armada…
Yo tenía la necesidad de decirle estas cosas porque, además, si usted es un hombre de honor, usted sabrá que yo soy una mujer de honor. Lo único que tengo es mi dignidad personal. Y por eso quería, frente a usted, decirle que digo y repito, una por una, las cosas que dije ahí y que usted, con mucha delicadeza, no me las repitió pero sí las publicó en LA REPUBLICA, y está bien porque yo las dije. Pero quiero decirle, también, que no las publicó todas». *
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