La tortura y el honor

El domingo 16 de diciembre LA REPUBLICA publicó una nota de mi autoría sobre la existencia de simulacros de torturas en las maniobras realizadas por la Escuela Militar en el campo de Zapará, departamento de Tacuarembó.

La nota no fue firmada simplemente por razones de estilo: en esta casa se firman muy pocas notas, consideramos que la protagonista debe ser la información y no quien la escribe.

Un día después, el Comando del Ejército emitió un desmentido de la información quejándose de lo que calificó como «el intento de ensuciar la honorabilidad de las personas involucrando en esta oportunidad a dos dignos señores oficiales del Ejército Nacional con falsedades que trasmite a la opinión pública, sin ningún tipo de miramientos y menos aún confirmación».

Esa afirmación del Comando del Ejército es falsa. En el proceso de elaboración de la nota se recibió el testimonio de cuatro cadetes y se consultó luego la información recibida con fuentes militares que la ratificaron.

Obviamente no se puede revelar el nombre de los cadetes que sujetos a jerarquía militar se animaron a contar lo que los asombró y preocupó; tampoco el de las fuentes que en éste y en otros casos han contribuido a correr el velo de reserva y secreto que se ha impuesto desde siempre sobre la vida militar y de sus institutos de enseñanza. Los que redactaron el desmentido y el ministro de Defensa, Luis Brezzo, saben perfectamente que los cadetes no pueden hablar públicamente, por eso actúan como actúan. Pero la información no fue «irresponsable y sin confirmar», fue analizada y confirmada.

Lo prueba la nota que hoy publicamos donde una de las fuentes consultadas responde a un cuestionario y explicita aún más los hechos informados.

Como un dato adicional sería bueno que se aclarara por qué, si lo publicado es mentira, un general se contactó el domingo con LA REPUBLICA para averiguar la forma en que habíamos llegado a la información y si algún cadete había hablado con nosotros.

El Ejército anuncia, con gran destaque de aquellos medios de comunicación que silenciaron la noticia y destacaron el desmentido, que iniciará acciones legales y lo hace movido por el daño a su honorabilidad. Curioso criterio, similar al del torturador coronel Bianchi de Maldonado, que se ofendió en su honor, utilizando el mismo término que el Comando del Ejército porque fue mencionado participando en torturas cuando se informó sobre las terribles circunstancias en las que murió Gelós Bonilla.

Sería muy bueno discutir, aún en los estrados judiciales, de qué honor se habla cuando el Ejército jamás condenó la tortura, no depuró sus cuadros de oficiales de violadores a los derechos humanos y ni siquiera asumió su responsabilidad cuando la Comisión para la Paz comprobó oficialmente lo que se sabía hace años: que se torturó, secuestró y asesinó impunemente en establecimientos militares. La información publicada es veraz, fruto de la consulta con varias fuentes. LA REPUBLICA cumplió con la obligación periodística de informar y con la obligación ciudadana de contribuir a erradicar los vestigios de un pasado nefasto que algunos sectores militares persisten en intentar cubrir con un manto de impunidad. *

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