Por qué cayó De la Rúa
ISIDORO GILBERT
Ocurre casi justo en la mitad de su mandato de cuatro años, acosado por el desastre electoral con que el pueblo lo castigó en las elecciones legislativas de octubre, y por la tozudez en mantener a rajatabla la política fiscal de déficit cero así como el régimen de convertibilidad que provocó por un lado la reacción violenta de sectores carenciados de la sociedad y por el otro, una inédita movilización pacífica de las capas medias, afectadas por las decisiones restringiendo el uso de los ahorros que sacó de quicio a la mayoría de los argentinos con depósitos en los bancos.
De la Rúa hizo un último intento frustrado de supervivencia ofreciendo entregarle al justicialismo, el partido que ganó las elecciones de octubre, la conformación de un gobierno de coalición o salvación nacional e incluso aceptó por primera vez que daría un giro en la política económica neoliberal y en modificar el tipo de cambio, los dos factores que llevaron a la catástrofe a una administración que había prometido torcer la política económica del menemismo.
Sea por la pesada herencia que recibió como el elevado déficit fiscal y una desocupación de más del 14%, sea por su íntima convicción conservadora, a contramano con el programa de centro-izquierda de la Alianza, la coalición entre los radicales y el Frepaso del ex vicepresidente Carlos Chacho Alvarez, lo cierto es que De la Rúa se rodeó de asesores ortodoxos, e hizo lo indecible por sacarse de encima al frentismo y al ala progresista de la UCR.
Curioso y trágico: nadie del radicalismo gastó ayer una lágrima en el ex presidente, excepto lamentar el hecho de que dos hombres de ese partido, antes Raúl Alfonsín, debieron abandonar el cargo presidencial sin cumplir su mandato y en situaciones parecidas: una ola de saqueos y el desencanto.
De la Rúa dejó pasar oportunidades para salvar a su gobierno, la más reciente, el miércoles, durante un encuentro promovido por la católica «Cáritas» y el representante de la ONU aquí porque un vasto espectro político, económico y social, le dijo que estaba de acuerdo en concertar si había un cambio de rumbo y el alejamiento del titular de Economía, Domingo Cavallo. Su respuesta fue desalentadora: se negó a las dos opciones.
Pero horas más tarde cuando una inédita movilización de las capas medias cubrió la Plaza de Mayo, los barrios porteños y el frente del domicilio de Cavallo, entre otros sitios, reclamando la renuncia del ministro, el ex Presidente se vio obligado a aceptarla. Antes, un discurso explicando la necesidad de implantar el Estado de Sitio para intentar poner freno a una ola nacional de saqueos de sectores muy carenciados, como también de oportunistas, provocó la ira de la gente al soslayar que si hubo asaltos a supermercados, es porque existe hambruna, profundizada con el ajuste que el gobierno preparaba para el presupuesto de 2002 por reclamo del FMI.
Cavallo arrastró a De la Rúa
A Cavallo, en rigor, lo tiró tanto la furia en las calles y las manifestaciones de las capas medias (alguien la ha bautizado como la rebelión de los plazos fijos, que el ministro congeló con sus medidas financieras), como el propio FMI que se negó a darle auxilio por no creer que tuviera suficiente poder político para llegar al déficit cero y por su negativa a salir de la convertibilidad para poder preparar un plan económico sustentable.
Ayer los líderes legislativos de la UCR virtualmente conminaron al Presidente a que los autorizara a hacer gestiones con el justicialismo para lograr conformar un gobierno de unidad nacional sobre la base de otro programa económico, satisfecha la reivindicación generalizada de la salida de Cavallo. Uno de ellos, el senador Carlos Maestro, escuchó del jefe de la bancada justicialista en la Cámara alta, José Luis Gioja, un «ya es tarde; el Presidente debería hacer un gesto patriótico». Es decir, renunciar.
¿Por qué? Porque De la Rúa ya no estaba en condiciones de generar expectativa alguna por su desgaste político, su estilo parsimonioso y tozudo y sobre todo después de la jornada del miércoles y sus 16 muertos, que ayer se elevaron a 23 con las violentas manifestaciones que pedían la dimisión presidencial.
Con todo, De la Rúa intentó poner en un brete al peronismo ofreciendo darle todo el poder, excepto la silla presidencial que quedaría como protocolar, si aceptaban integrarse a su gobierno. Tarde ofreció cambiar la política económica, abandonar el corsé de la convertibilidad y promover una política de crecimiento para sacar al país de su recesión de casi 44 meses y que con la ortodoxia de Cavallo de los últimos meses, amenaza con una nueva caída del PBI para el año que se avecina.
Los agravios de la política menemista y delarruista sobre la calidad de vida de los argentinos, tardarán años en ser revertidos. ¿Tiene el peronismo un plan alternativo?. El bloque de diputados nacionales dice que sí; un sector de senadores justicialistas encabezados por Eduardo Duhalde bordó durante los últimos meses con Alfonsín y sectores económicos vinculados al mercado interno y al menos la CGT llamada oficial, un programa con otro rumbo.
Pero el peronismo es como la Alianza del Norte de Afganistán, con sus pastunes variopintos, sunitas, chiítas y además, Carlos Menem que quiere jugar un papel en el futuro. Menem pidió a los suyos sin éxito que preservaran a De la Rúa hasta 2003, acaso para ganar tiempo para regresar a la Rosada, pero ayer congelaba su petición a favor de la dolarización.
Dolarización o devaluación, son dos expresiones de diferentes grupos de poder. Los adeptos de la primera variante, están en las filas de los bancos extranjeros, las empresas privatizadas y las compañías adeudadas en divisas. En el otro rincón, la débil burguesía vinculada al mercado interno, que quiere defenderse de las importaciones y promover sus propias exportaciones o los argentinos con activos en divisas en el extranjero. Son, además, los partidarios de afianzar el Mercosur, ir a la moneda única y restablecer su espacio en el universo económico nacional.
La sucesión peronista
En rigor, uno y otro camino soslayan la necesidad de elevar la demanda deprimida por los salarios bajos y especialmente por el incremento de la desocupación y la marginalidad.
¿Cuáles son los pasos siguientes? Primero, la Asamblea Legislativa (plenario de las dos cámaras) presidida por el titular del Senado, Ramón Puerta, debe aceptar la dimisión que anoche llegó al Parlamento. Este plenario, debe decidir que Puerta como Presidente provisional convoque en no más de 90 días a nuevas elecciones, o designa a un legislador o a un gobernador, para que complete el mandato vacante.
Eso es lo que anoche discutían en la provincia de San Luis, gobernadores y altos dirigentes del PJ, aunque no estaba Menem. De ese cónclave debe salir el rumbo económico del que se hace cargo el peronismo, según el reclamo de las urnas y las sangrientas demandas callejeras, dijeron algunos de los dirigentes, y el nombre del presidente que acaso cumpla el mandato, ¿Quién? Acaso Duhalde si se compromete a no serlo en 2003. Pero necesita que Menem no lo vete: el PJ quiere un hombre de consenso.
Y que pueda abrir juego hacia el radicalismo que sale muy traumatizado por la experiencia aunque ya se sabe el viejo partido no sacó un afiliado a la calle a defender al gobierno que ya no lo consideraban suyo, sino expresión de la alianza del gran capital financiero, con Cavallo y De la Rúa.
El peronismo no llega con la bendición de grandes sectores que echaron a De la Rúa y que en octubre votaron nulo. Las consignas callejeras de las
capas medidas arruinadas, así como fustigaban al modelo de Cavallo y Menem, consideran corrupta a toda la clase política, al punto que ayer rodearon al Parlamento y trataron de agredir a algunos legisladores.
No hay cheque en blanco para los que vienen, que son un arco con contradicciones muy profundas, pero con una vocación de poder que asombra. Nada sucedió inopinadamente. El peronismo se preparó para el relevo anticipado cuando ganó las legislativas y se hizo del control de las dos cámaras, colocando a Puerta en la sucesión, en tanto sus sindicalistas caldearon el ambiente cabalgando sobre la bronca. Una rama de la CGT inició un paro del transporte para asegurarse la salida del ahora ex habitante de Olivos. Y sobre un gobernador, Carlos Ruckauf, cayeron las sospechas de promover este anticipo.
Por ahora hoy habrá feriado cambiario y Puerta será momentáneamente, o no, jefe de Estado. Quedan demasiados interrogantes, son poderosos los sectores que quisieran mantener el ajuste pero también hay en los EEUU un nuevo enfoque para los países adeudados.
Se verá. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad