La columna de Sherlock

El no «default» argentino desestabilizó a los bancos

Por estos días la Ciudad Vieja al mediodía es una especie de caldera del diablo. A la temperatura del comienzo del verano se suma el recalentamiento de la banda cambiaria, que determina una difícil situación de la mayoría de los bancos que, para cubrirse de un posible «defaut» en la Argentina, compraron dólares a malsalva. Pensaban en que el ensanchamiento de la banda de flotación en Uruguay era un hecho indefectible. Desde setiembre estuvieron pasando activos a dólares demostrando que aquí tampoco creían en Cavallo.

–¿Y ahora? –consultó Sherlock.

–Que el Banco de la República debió salir por segunda o tercera vez a comprar dólares, para que la divisa no se desplomara por debajo del límite inferior de la banda de flotación.

–Afirman que el martes fueron trece millones de dólares… ¿Usted también dice que los bancos hacen una sobreoferta de dólares?

–Claro, los analistas que tienen se jugaron al descalabro argentino y se pasaron a dólares, previendo que aquí también se modificaría la paridad cambiaria.

–¿Y?

–¡Se clavaron! Ahora tratan de colocar los dólares, pero la gente no compra por razones estacionales. Los sueldos y los aguinaldos sirvieron este mes para otro tipo de consumo. Hay plata en la calle pero el dólar no es pedido.

–¿Qué pasará ahora?

–En eso el proceso es claro. Quizás el Banco Central le ordene de nuevo al República seguir comprando billetes verdes en un proceso que puede extenderse a enero.

–¿Le parece que llegará hasta esa altura la sobreoferta?

–¡Claro que sí! Y no lo digo yo, lo dicen algunos analistas de la situación. *

 

Tres organismos del Estado en mora con sus balances

La plaza Matriz tiene para nuestro sabueso un atractivo muy grande.

Entrar a ella no es sólo bañarse de un cúmulo de belleza dado por un medio ambiente excepcional, sino un lugar de encuentro. Por allí pasan, en cruz, por las aceras laterales, por la peatonal Sarandí, hombres y mujeres que muchas veces son portadores de información de primera calidad que se convierte en insumo fundamental de esta columna.

Ayer al mediodía Sherlock paseaba lentamente bajo la sombra de los frondosos árboles cuando un hombre sentado en la centenaria fuente central, la que tiene tantos símbolos de la masonería, atrajo la atención de nuestro sabueso con un chistido.

Era uno de los informantes que casi siempre aportaba buena información del Tribunal de Cuentas.

–¿Cómo le va mi amigo? –dijo Sherlock tratando de no salir de aquel bucólico medio ambiente que los había trasladado a sus mejores recuerdos.

–¿Sabe la noticia del Tribunal de Cuentas?

–¿Algo nuevo?

–Qué los ministros están entre sorprendidos y molestos porque hay tres organismos públicos que no han completado sus balances correspondientes a 2000.

–¿Tres organismos públicos? A esta altura del partido es demasiado ese atraso –reflexionó nuestro sabueso.

–Se los digo: el Banco de la República, Ancap y la Corporación para el Desarrollo.

–Pero… ¡Ancap ya publicó su balance!

–Que fue observado. Las interrogantes y aclaraciones que se le pidieron todavía no fueron respondidas y estamos casi a fin de año.

–Pero en otro caso, el de la Corporación para el Desarrollo, ¿no es que sólo admite auditorías privadas?

–Sobre la Corporación dos cosas. Primero, que el balance igual lo tiene que elevar al Tribunal de Cuentas. En segundo lugar su presidente, el economista Julio De Brum, indicó que para el balance de 2001 se regularizará la situación, permitiéndose la actuación de los auditores del Tribunal de Cuentas.*

 

Ley sobre animales que levanta duras críticas

Nuestro sabueso había sido citado al bar Tabaré, en la calle Zorrilla de San Martín, por un destacado científico que quería manifestar su posición en contra del proyecto de ley de «defensa de los animales» que fuera aprobado por unanimidad en la Cámara de Diputados.

Sherlock se acercó a la mesa, se sentó y pidió una cerveza, mientras se aprestaba a escuchar a su informante.

Un gato grisáceo en ese momento comenzó a pasearse por un barandal del local.

–¡Esa ley es un bochorno! Ya existía un proyecto presentado por varias organizaciones científicas de las que no se tomó nada y lo que se aprobó es un articulado demagógico, fuera de lugar, que no favorece a los animales y que es un «curro» para algunas organizaciones que recaudarán. Se establece que se creará una comisión, ¿para qué?

–¿No está siendo muy fuerte?

–Nada de eso. Se maneja un criterio demagógico sobre los animales, cobrándose una tasa a todo el mundo que tenga mascotas para favorecer algo que ya no existe en el mundo… y además no se tuvo en cuenta la propuesta científica, bien estructurada, que habían presentado varias organizaciones. Además –repitió– es algo que no existe en el mundo…

–¿Que no existe en el mundo?

–Esos campos de concentración para animales, en donde unos se comen a los otros.

–¿Usted no es demasiado duro? Me obliga a hablar con alguien de la otra posición. Por aquello de la ecuanimidad… Quizás el diputado Pais.

–¿Me deja definir esa ley…?

–Como no…

–Es un verdadero bochorno.

El gato en ese momento pegó un salto y como bólido se lanzó por una escalera al subsuelo del bar.

«A lo mejor estaba escuchando», pensó nuestro sabueso. *

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