Decenas de miles de argentinos en la calle contra el gobierno
REDACCION Y AGENCIAS
Varios miles de manifestantes se autoconvocaron espontáneamente en distintos puntos de Buenos Aires ayer por la noche, desafiando el estado de sitio decretado por el gobierno como consecuencia de la ola de violencia que dejó un saldo de al menos cinco muertos, un centenar de heridos y más de 300 detenidos en todo el país.
«Pelotudos, pelotudos, el estado de sitio se lo meten en el culo», fue una de las consignas más escuchadas en la madrugada argentina.
Poco después de la medianoche, decenas de miles de personas comenzaron a colmar la Plaza de Mayo y los alrededores del edificio del Congreso, para protestar contra la crisis social, entonaron el himno nacional e insultaron a coro por igual a De la Rúa y a Menem.
En tanto, varios miles de personas se congregaron frente a la quinta presidencial en Olivos, en la periferia de Buenos Aires. Una manifestación similar se produjo frente al domicilio de Cavallo, minutos antes de conocerse su renuncia. Los incidentes incluyeron un incendio provocado en la sede del Ministerio de Economía y agresiones en varias sucursales bancarias extranjeras en la capital bonaerese.
La situación se repetía en distintos barrios de la ciudad, en especial en los de la periferia, donde se vivió ayer una jornada de violencia y de psicosis, con comercios que cerraron sus puertas ante el temor de verse afectados por la ola de saqueos que encabezan miles de indigentes.
Enemigos
Estos hechos se desataron minutos después del discurso televisado del presidente De la Rúa y mientras se propagaban versiones de renuncia del gabinete en pleno (sumándose a la de Cavallo) y del inicio de negociaciones para formar un gobierno de concertación con integrantes peronistas.
En su alocución, el mandatario acusó de los desmanes, en un discurso a la Nación, a «enemigos de la República», pero de inmediato cientos de miles de personas salieron a las calles de Buenos Aires a protestar, desafiando el estado de sitio con un «cacerolazo», al tiempo que cortaron las principales avenidas de la ciudad.
Mientras en el Palacio Presidencial se sucedían nerviosas reuniones entre funcionarios y titulares de fuerzas de seguridad, la oposición utilizó su control sobre el Congreso para asestar un duro golpe a la desfalleciente gobernabilidad de De la Rúa, derogando en la Cámara de Diputados los poderes especiales cedidos al «superministro» de Economía, Domingo Cavallo, por la crisis económica.
«Decrétase el estado de sitio en todo el territorio de la Nación Argentina, por el plazo de 30 días», dijo el texto del decreto presidencial que entró en vigor ayer mismo miércoles. La medida permite al Poder Ejecutivo ordenar arrestos y requisas sin orden judicial, además de restringir la libertad de reunión.
Los blancos de los saqueadores fueron fundamentalmente tiendas pequeñas y medianas, mientras que algunos de los grandes centros de compras decidieron entregar voluntariamente bolsas con comida para evitar ser atacados.
Uno de ellos fue Coto, uno de las principales cadenas de supermercados del país. En su centro de distribución anoche los trabajadores se concentraron, armados con palos, para repeler cualquier intento de saqueo.
Los incidentes dejaron al menos cinco muertos por heridas de bala, uno en las afueras de Buenos Aires, otro en la patagónica provincia de Río Negro y los tres restantes en la de Santa Fe, donde también se registraron saqueos. La Policía de la provincia de Buenos Aires calculó que unos 20.000 manifestantes saquearon comercios en el distrito, donde hubo 359 detenidos y 39 policía resultaron heridos. (Más información página 4)
Zona de guerra
En la localidad de Ciudadela, a unos 15 kilómetros al oeste de Buenos Aires, un grupo integrado por niños y amas de casa saquearon comercios de la zona, mientras unas 400 personas desesperadas se agolparon en las puertas de un supermercado esperando que cumpla la promesa de entregar víveres.
«Estaban saqueando y me metí. Es la primera vez que lo hago (…) Lo hago para comer», dijo Adriana, de 56 años, cuando salía de un pequeño mercado devastado.
La escena se repitió en un puñado de ciudades del cordón urbano que rodea a la capital argentina, mientras las fuerzas de seguridad se mantenían mayormente expectantes, sin reprimir a los manifestantes, aunque en algunos contados casos arrojaron gases lacrimógenos, como ocurrió ya en la madrugada en Plaza de Mayo.
Desbordado, el gobierno acusó a activistas políticos por los incidentes y De la Rúa ordenó al Ministerio de Desarrollo Social la compra urgente de alimentos para repartir entre la población hambrienta. «El presidente dispuso la compra de 7 millones de pesos en mercadería que va a ser distribuida a través del Ministerio de Desarrollo Social» ayer miércoles, dijo a una radio el ministro de Trabajo, José Dumón, al tiempo que afirmó que «es necesario recobrar la calma».
Pero la promesa de víveres no ayudó al mandatario a mejorar su impopular imagen entre los argentinos, decenas de los cuales lo esperaron pacientemente a la salida de una reunión para insultarlo y arrojarle huevos y hasta una baldosa. «Le lanzaron una baldosa grande, que impactó en el techo del auto (que lo trasladaba), además le lanzaron huevos», relató un reportero de la agencia Reuters que estaba en el lugar.
La gente le gritaba, desde los balcones, «hijo de puta» y «goberná, inepto».
A pocos kilómetros de ahí, mientras comerciantes lloraban en las puertas de sus comercios saqueados, un camión de una importante cadena de supermercados arrojó alimentos a centenares de manifestantes que se peleaban por estar en la primera fila. «Hace seis meses que busco trabajo, tengo tres chicos, no sé como alimentarlos», dijo un joven mientras utilizaba un carrito para llevarse mercadería de un local saqueado.
El gobierno, que es rechazado por cerca del 80 por ciento de la población, necesita con urgencia la sanción de la norma para recomponer sus relaciones con el FMI, que suspendió la ayuda financiera al país debido a su indisciplina fiscal. Los incidentes comenzaron en la madrugada y su epicentro fue la provincia de Entre Ríos –al norte de Buenos Aires–, además de los suburbios de Buenos Aires, donde la policía inicialmente reprimió con gases lacrimógenos y balas de goma a decenas de personas que habían entrado a pequeños negocios para obtener alimentos.
En Entre Ríos, imágenes de televisión mostraron a casi un millar de manifestantes, entre ellos mujeres y niños, saqueando varios supermercados en la ciudad de Concepción del Uruguay ante la mirada impávida de la Policía, que los dispersó cuando los anaqueles de los comercios estuvieron vacíos. Desde el viernes, pequeños grupos de personas venían apostándose frente a las puertas de los supermercados para exigir alimentos, especialmente en Entre Ríos, las provincias de Santa Fe y Mendoza y los suburbios de Buenos Aires, mientras que otros irrumpieron directamente en las tiendas para hacerse de víveres. Los saqueos obligaron a las provincias afectadas a aumentar la entrega de alimentos a los sectores empobrecidos de la población. *
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