Torquemada

Doyenart, el converso

Cuando los integrantes del elenco de En honor al mérito, obra escrita por la uruguaya Margarita Musto, recibían el martes los Florencio en los diferentes rubros en los que fueron galardonados, aprovecharon la oportunidad para dirigirse al auditorio en términos sentidos sobre «las heridas todavía abiertas» en la sociedad, la importancia de este tipo de trabajos artísticos para «rescatar la memoria» y así lograr que «nunca más» nuestro país adolezca una dictadura y la desaparición de personas. Los aplaudí desde el otro lado de la pantalla, en la madrugada de mi casa, y hasta me dieron ganas de ir a ver la obra que aún no vi. Suerte que lo pasaban por Monte Carlo TV Canal 4; si hubiera sido transmitido por el canal estatal Tveo, Juan Carlos Doyenart, ese encuestador parcial, licenciado en censura, habría ordenado la interrupción de la programación porque los actores estaban «politizando el tema».

En efecto, ésta fue la actitud del mencionado responsable de Canal 5, en ocasión de la décimosegunda entrega de los premios Tabaré a la radio y la televisión, organizada por el diario LA REPUBLICA. Sucede que Federico Fasano, director del matutino, hizo referencia en el discurso de apertura de la anual ceremonia a los «patanes» que habían destruido las Torres Gemelas, sepultando miles de vidas en un instante, y a los «patanes» de la industria bélica que habían hecho escombros un país mucho más allá del Tercer Mundo para detener a un hombre que no detuvieron, subidos a caballo de una excusa y de un bombardero último modelo. A Doyenart le supo a estafa y a una «ofensa a un gobierno amigo con el que tenemos relaciones comerciales» y ordenó detener la transmisión.

Es curiosa la distinción entre «gobierno amigo» y el resto del planeta que hace este camaleón ideológico, en algún momento, otrora, de conciencia antiimperialista. «Amigo» es aquel con el que tenemos «relaciones comerciales», el resto que reviente. A su manera, el hombre es una versión occidental del Talibán, aunque profesa otra doctrina religiosa: el dólar.

El dólar es una síntesis perfecta de todos los manuales teológicos escritos; él dicta todas las normas de conducta, una moral particular, una estrategia para la victoria, un preciso marco de alianza. El dólar es el Corán y la Biblia de los «infieles» que abjuraron de cualquier teoría que hablara de igualdad, justicia o libertad. Doyenart hace tiempo que cambió de bando y hay pocas cosas peores que un arrepentido.

Sólo un arrepentido sería capaz de tal vileza. Un reaccionario de todas las horas, seguramente no habría aceptado transmitir, o habría escuchado el discurso con cierta sorna estampada en el rostro. Después de todo, un eterno convencido no tiene que demostrarle nada a nadie y este hombre sí. Ya lo había hecho el día que asumió el doble rol de responsable de encuestas de opinión y operador político, confesando su opción en el balotaje. A quién le podía interesar lo que dijera este señor. Pues, sólo a él y a los que disfrutaron presenciando una conversión intelectual pública lamentable.

Doyenart es así, un tipo sin un dejo de decencia o dignidad, capaz de hacer chanchadas con tal de que lo acepten en ese círculo donde quiere ir: el del poder de entrecasa terrenal y el noveno dantesco, cuando ya no importe. Mas qué asco, da lástima. Lástima, porque es triste espectar las miserias del hombre. Supongo que a Juan Pablo Terra se le estremecieron los despojos de decepción, de pena y odio, cuando le llegó la novedad cruel de la suprema innobleza de quien, en algún rinconcito de la historia, había sabido ser su compañero. *

*Periodista de «Caras y Caretas» / Columna publicada en la edición de ayer.

 

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