Revista Caras y Caretas

Amplia cobertura de prensa de la actitud del censor Doyenart

Eran aproximadamente las 22 horas. La fiesta se vestía con sus mejores galas: llegaban los invitados a un lujoso salón en donde se iban a entregar las estatuillas de los premios Tabaré 2001 que LA REPUBLICA otorga a los mejores de la radio y la televisión.

Artistas, músicos, animadores, políticos, comunicadores, autoridades nacionales y departamentales, empresarios, publicistas, profesionales, trabajadores de la cultura, deportistas llegaban a un festejo que ya es tradicional y que ha merecido el reconocimiento de la inmensa mayoría de los trabajadores de la comunicación, particularmente de los más jóvenes y menos consagrados. Federico Fasano comenzó a leer un discurso que hasta el menos informado consideraría por lo menos previsible. Muchísimos de los que allí estábamos lo compartiríamos o no, pero sobre el habitual murmullo de las fiestas bien regadas se elevaba la voz algo lineal de Fasano que reiteraba las opiniones que anualmente expresa en los Tabaré. Algunas diferencias había con referencia a otros años: el director de LA REPUBLICA hablaba en nombre del «multimedio plural», anunciaba lo que todo el mundo sabía desde hace un mes y medio porque lo publicó Caras y Caretas: que había comprado SEÑAL 1. Destacó que los premios se daban a los protagonistas de la comunicación y no a los propietarios de los medios y, como es lógico, abordó por enésima vez el problema de los medios de comunicación, del fenómeno multimediático, de la concentración del poder comunicacional, de la desigualdad en la información, de la guerra y la paz, de la trivialización del entretenimiento, del marketing, de las necesidades informativas de la gente, del espectáculo, de los rating, de la superglobalización, de la historia, del derecho de las audiencias, de la responsabilidad social de los comunicadores y hasta de Gutemberg, Marconi y Baird quien, según nos dijo, inventó la televisión. Todo fue previsible y hasta tratándose de Fasano, moderado y medidísimo.

Pero su discurso se interrumpió para los que lo miraban por TV. Bastó que hiciera referencia a los «patanes de la guerra» para que el novel director de Tveo, Juan Carlos Doyenart, se levantara indignado, se dirigiera a los operadores de Canal 5 que tomaban la transmisión, se interpusiera entre los mismos y Fasano, ordenara el cese de la transmisión, literalmente arriara a aquellos funcionarios que tuvo a mano y que esperaban la entrega de premios, y dijera haberse sentido estafado por un discurso que por ingenuo o por «estúpido» (sic) no previó.

Desde entonces en adelante el rumor creció como una ola. Los presentes comenzaron a especular acerca de los motivos de semejante reacción. Doyenart iba caminando hacia la salida rodeado de algunos de sus funcionarios, los operadores de SEÑAL 1 intentaban retomar la transmisión con una sola cámara que habían llevado y que resultaba insuficiente. Fasano parecía no haberse dado cuenta de la barbaridad que ocurría fuera del estrado y continuaba su discurso plagado de contenidos ideológicos, escasamente políticos y en ningún caso partidarios. Al bajar del estrado algunos colaboradores le informaron de la novedad. Fasano asombrado quería ir a discutir con Doyenart, quien permanecía en la puerta hablando por su celular y rodeado de algunas personas que al parecer compartían su punto de vista.

Minutos después atravesó el salón César Rodríguez Batlle, se dirigió al exterior y recostado contra un muro habló largo rato por celular: imaginamos que con su primo el Presidente de la República. Preocupado, Rodríguez Batlle volvió y se sentó junto a Cristina Ferro con quien permaneció una media hora más.

Mientras tanto, los seiscientos participantes conversaban sobre el gesto por lo menos insólito del director del canal oficial. Era evidente que el Presidente no había tomado la resolución; al parecer fue consultado después, por celular. La suspensión de la transmisión fue hecha justamente a tiempo para salir en la tapa de Búsqueda. Sergio Puglia y Raquel Daruech fueron premiados por sus programas, y recibieron el premio con emoción y orgullo mientras Doyenart seguía en la puerta hablando con la inagotable batería de su celular.

A la mañana siguiente, el escándalo estaba hecho. Doyenart disfrutaba de su protagonismo y decía en el programa matutino de Radio Nacional que el Tabaré del magazine matutino de Tveo sería devuelto y que Sergio Puglia se había «apoderado del programa», felicitaba a Daruech por el Tabaré que había ganado ella porque era una coproducción y no un programa del canal, era entrevistado por dos chicas en la pantalla del Canal 5, pero brillaba por su ausencia en la entrevista el galardonado Puglia. Fasano estaba desconcertado y decía que él nunca había pactado nada y que lo que él dijo es lo que piensa, lo que siempre dice y lo que nadie le puede prohibir. Batlle aún no había hablado por sus propios labios. La fiesta pudo ser opacada por semejante dislate pero, la verdad, no lo fue. Fasano agotó su edición y esta vez merecidamente; Doyenart, en quien habíamos confiado tanto, se salió de madre y a nosotros que aunque no lo crean somos auténticamente independientes nos dio vergüenza ajena y nos fuimos a la fiesta de Macromercado donde con los amigos del Macro bailamos con el negro Rada ‘La mandanga’. Esa sí nunca podrá ser censurada. *

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