Larrañaga reclamó terminar con un partido "coloradizado y derechizado"
Bajo el eslógan «La Revolución recién empieza», más de mil blancos se dieron cita ayer para escuchar al caudillo sanducero, que estuvo acompañado entre otros por el ex vicepresidente Gonzalo Aguirre, el ministro de Industria, Sergio Abreu, los senadores Luis Alberto Heber y Francisco Gallinal, los diputados Beatriz Argimón, Roberto Arrarte, Julio Cardoso y Julio Lara, el intendente de Paysandú, Alvaro Lamas y los dirigentes Walter Campanella, Jorge Cerdeña, Jorge Gandini y Ana Lía Piñeyrúa.
En un discurso que debió interrumpir varias veces porque su voz quedaba cubierta por los aplausos de los asistentes, Larrañaga hizo un llamado a «la unidad» del Partido Nacional con el objetivo de «dar esperanzas al país». Pese a haber silbado cuando se leyó el saludo del presidente del Directorio blanco, Luis Alberto Lacalle, la multitud respaldó con aplausos el pedido de su líder de «recrear la mística del compañerismo». El objetivo del legislador es «eliminar el codazo y el forcejeo que genera la zancadilla del otro».
País de «desesperanza»
Larrañaga se comprometió a evitar en el futuro «las polémicas inconducentes» aunque admitió que le corresponde «una cuota de responsabilidad en las disputas pasadas». Este cambio de actitud responde a la comprensión que «la gente está cansada de enfrentamientos entre políticos que dejan sin resolver los problemas de los uruguayos. Los enfrentamientos entre los blancos deben cesar».
El ex intendente de Paysandú opina que todos los blancos deben concentrarse en «levantar las banderas del Partido. Después veremos quién la lleva. Vamos a zurcirla si es necesario pero debemos tener claro que sin bandera no habrá esperanza para el país ni para el Partido Nacional».
La crisis económica, la desocupación creciente, el «desastre» del sector agropecuario, la industria y el comercio, el alto déficit público y la deuda externa fueron abordados por el dirigente. Si bien Larrañaga no quiere ser «agorero del desastre», afirmó que en la crisis actual «el país mantiene cierta estabilidad política pura y exclusivamente gracias a la grandeza del Partido Nacional».
En ese sentido, criticó duramente al gobierno de Jorge Batlle porque «le pedimos que cambie el rumbo pero deja nuestros planteos en la congeladora. ¿Hasta cuándo vamos a reclamar que se vire el rumbo y se dé una esperanza a los uruguayos. El principal problema de este país es el desastre de los números y la crisis social pero lo más grave de todo es la desesperanza».
Bensión «hace la plancha»
Uno de los puntos que preocupa a Larrañaga respecto a la situación actual es la postura del ministro de Economía, Alberto Bensión, quien «está ciego, sordo y de espaldas a la realidad uruguaya. Estamos exportando uruguayos, generando desesperanza, incapacitados para darle empleo a la gente».
El líder de Alianza Nacional reclamó el derecho a hacer exigencias al gobierno nacional, ya que «el propio presidente Batlle debe reconocer que ganó el balotaje gracias a nosotros». En una parte del discurso que fue fervientemente aplaudida por todos con excepción del ministro Abreu y el senador Heber, Larrañaga reiteró su propuesta de «cambiar esta coalición por gobernabilidad. Estamos inviabilizando a nuestros mejores hombres. Tenemos ministros que reciben respuestas siempre negativas del ministro de Economía, que hace la plancha. ¿Desde cuándo la estabilidad política del país requiere que un partido tenga ministros en el gobierno?». Ampliando esta idea, defendió el mantenimiento de representantes de los entes por tratarse de organismos de contralor. Sin embargo, aclaró que «si el Presidente quiere utilizar su facultad constitucional de remover a los directores de los entes, vamos a levantar nuestra mano y que se vayan todos. Si los quieren, que se queden con los cargos. Nosotros estamos para construir el Partido Nacional». Larrañaga advirtió que en marzo solicitará a la Convención de su partido que se expida respecto a la estrategia de relacionamiento con el gobierno nacional. Su aspiración es «luchar por la construcción de un nacionalismo humanista, con equidad y justicia. Tenemos que levantar nuestras banderas con aquello que nos enseña Saravia desde los confines de la Historia: La Revolución recién empieza». *
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