Masivo reencuentro de ex presas y presos políticos
La iniciativa surgió en 1999 de parte de un grupo de ex presos de la Barraca 4B del Penal de Libertad. Ahora ya es una sana costumbre anual a la que convocan y se convocan todos los ex presos y ex exiliados y sus familias.
Una gran bandera uruguaya era el único símbolo que recibía a quien se acercaba hasta el «Gran asado, gran», anunciado por «medios de prensa amigos», como comentaban en los corrillos que de inmediato y naturalmente se formaron. Los temas fueron variados, una recorrida por las distintas mesas y grupos de a pie nomás, que rodeaban la gran parrilla alcanzó para encontrar que se hablaba de fútbol, de música, («Che, así que ahora escuchamos a Los Fatales»), de libros, de los gurises, la escuela y el liceo y también, de política.
En las mesas se confundían diputados, ediles, ex senadores, economistas, empresarios, desocupados y jubilados, a casi todas las categorías (salvo la de ex senador) se le aplica el femenino.
Después de un rato de conversación la cárcel se hace presente, en los más veteranos, casi con ironía como un recuerdo duro de años y años de calabozo y barracas, de hostigamiento y de dolor. En los más jóvenes, como el recuerdo de interminables viajes en ómnibus, revisaciones, vejaciones, hostigamiento, para ver al viejo y/o a la vieja a través de un vidrio, una vez por mes.
Esas vivencias están en el comentario, pero el presente y el futuro ganan la partida, en las conversaciones también.
La discusión sobre qué va a pasar con Ancap, «¿estás haciendo algo por las firmas de Antel?», «¿Viste qué viejo está Fidel?, pero igual les da ¿viste?», se va desgranando hasta disolverse en los partidos de truco y en el baile.
En ese terreno el presente ganó más claramente la batalla. «La Gozadera», Los Fatales, Mayonesa, La Autentika y Chicano sonaron a todo volumen y fueron bailados con devoción por las más chiquitas. Las más grandes y los más veteranos también se sacudieron lindo.
En medio de la gente había libros, artesanías y fotos del encuentro del año pasado y hasta alguno que confesó que todavía no había firmado por Antel, cumplió con su obligación cívica apoyado en un escalón del viejo y cálido hotel. Hubo mucha conversación, mucha música y mucha risa, también mucha emoción y mucho afecto compartido en cada abrazo. «Bueno, ¿era para eso, no?» entre preguntó y afirmó uno de los más entusiastas promotores del encuentro.
Parece que sí, que era para eso. *
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