Un día después del escrache, el militar retirado fue reconocido e insultado en un supermercado
Un día después del escrache frente a su domicilio, el coronel retirado Manuel Cordero fue insultado por varias personas que lo descubrieron dentro de un supermercado de Atlántida. Custodiado por dos guardaespaldas, el militar torturador debió abandonar sus compras y escapar del lugar.
«Cordero ya no caminará tranquilo por estas calles», señaló la organización de derechos humanos Plenaria Memoria y Justicia en la proclama que, ante más de 1.500 personas y unos cuantos policías, leyó uno de sus integrantes durante el escrache al coronel, realizado el pasado sábado en la intersección de las calles Artigas y República Federal de Brasil, a una cuadra y media de su casa.
La advertencia de la organización estaba acompañada por las pancartas con el rostro del militar que, bajo la inscripción «torturador impune», predominaban entre el público. Se trataba de la misma foto que semanas atrás había publicado LA REPUBLICA, revelando así el rostro actual del conocido represor, requerido por la justicia internacional.
Esa tarde, Cordero había elegido no quedarse en su vivienda, ubicada sobre la calle Artigas. De todos modos, el domingo, cuando supuestamente todo había vuelto a la «normalidad», permaneció en su chalet. La leyenda «Cordero asesino» y una flecha señalando hacia su domicilio, pintada sobre el pavimento, era el «recuerdo» que había quedado de la jornada anterior.
Sobre las 18.30, cuando el decisivo partido entre Uruguay y Australia ya había terminado y los residentes de Atlántida festejaban en las calles, el militar subió a su camioneta y, acompañado por dos hombres, acudió a un supermercado de ese balneario canario, recientemente inaugurado. Pensaba hacer las compras.
Cuando estaba dentro del comercio, entonces repleto de público, un cliente que había visto su foto comprobó su presencia, comenzando a alertar a otras personas. El guardaespaldas que caminaba detrás suyo observó la situación, por lo que se le acercó para avisarle que alguien lo había descubierto.
«¿Usted es Cordero?», le preguntó una persona. En un primer momento, el coronel retirado optó por negar su identidad, argumentando que quien le gritaba «torturador» y «asesino» era un «loco» que se había confundido de persona. Sin embargo, otros compradores se sumaron al improvisado escrache y lo acusaron de haber violado los derechos humanos durante la dictadura militar.
Entonces, el militar no tuvo más remedio que dejar a un lado el carro de supermercado y caminó rápidamente hacia la salida del local comercial. Uno de los guardaespaldas interceptó a uno de los ciudadanos que gritaba, mientras que el otro protector corrió a encender la camioneta.
En medio de los gritos, Cordero subió al automóvil y abandonó el lugar. Las personas que lo habían «escrachado» delante de todo el supermercado lo despidieron con gritos de «asesino» e «hijo de puta». Los guardias privados del lugar averiguaron qué había sucedido y trataron de calmar a los manifestantes. A esa altura, quienes hacían sus compras miraban cómo el torturador escapaba asustado.
«Nadie se imaginaba que al otro día del escrache estaría paseándose públicamente», dijo a LA REPUBLICA uno de los participantes en el espontáneo acto de protesta, que duró entre dos y tres minutos. Más tarde, varios vecinos de la Costa de Oro comprobaron que la camioneta estaba estacionada en las cercanías de su casa. *
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