Un millar y medio de voces escrachó la impunidad

«Hola qué tal, Cordero cómo estás. Milico hijo de puta te venimos a escrachar», fue el canto ensordecedor del millar y medio de personas que se congregó ayer de tarde en la esquina de la Avenida General Artigas y la calle 10 de Atlántida, a menos de cien metros del domicilio del coronel (r) Manuel Cordero.

Eran las 17.16 horas, y apenas un minuto antes había llegado al lugar la «Caravana de la Justicia» compuesta por diez ómnibus y casi un centenar de vehículos que partió a las 14.40 horas desde el Obelisco de Montevideo, donde se concentró la manifestación convocada por el PIT-CNT, la Plenaria Memoria y Justicia, el Sindicato del Taxi, la organización Hijos, la Coordinadora de Radios Comunitarias, la Tendencia Sindical Clasista y Combativa y la Asociación de Estudiantes de Bellas Artes.

Las cuatro manzanas en torno a la casa del militar habían sido cercadas con vallas metálicas, detrás de las cuales se había instrumentado un dispositivo de seguridad con más de un centenar de policías de Canelones (incluidos efectivos de las fuerzas GEO del departamento), comandadas por el inspector mayor Erodes Ruiz y «monitoriadas» por el propio jefe de Policía canario, inspector principal Luis Pereira Roldán, quien controló desde un móvil la zona del «escrache».

Pese a las afirmaciones del ministro del Interior, Guillermo Stirling, quien aseguró que el «escrache», «en la medida en que sea una manifestación pacífica no se filmará», dos agentes identificados con chalecos de Policía Técnica, realizaron tomas de los periodistas que se habían concentrado a esperar la llegada de los manifestantes.

Durante las dos horas y media que se demoró en recorrer los cuarenta kilómetros de distancia, la caravana fue saludada por cientos de personas que aplaudieron y mostraron banderas uruguayas en adhesión al acto de repudio a Cordero. Sendas paradas en El Pinar y Salinas permitieron que más ómnibus y automóviles se sumaran a la marcha.

En el momento del «escrache», el militar acusado de múltiples violaciones a los derechos humanos y requerido por la Justicia de Argentina y España, había abandonado su domicilio, que se veía custodiado por policías y perros entrenados. Cordero había sido denunciado esta semana ante la Justicia penal uruguaya por «apología del delito», debido a declaraciones públicas en las que justificó la utilización de la tortura y la desaparición forzosa.

En la multitud congregada a sólo cincuenta metros de la Comisaría de Atlántida y frente a la sede del Poder Judicial, se destacaba la presencia de dirigentes de las organizaciones convocantes, de Amaral García y de los ex legisladores Lucas Pitaluga, Hugo Cores y Jorge Zabalza. También pudo identificarse a algunos agentes de la Dirección Nacional de Información e Inteligencia, y a jóvenes con las caras cubiertas por pañuelos y pasamontañas.

Un grupo de mujeres se identificó con el particular cántico de «Soy puta, soy puta y no he parido milico, torturador ni asesino». Entre otras consignas, los manifestantes entonaron: «Alerta vecinos, al lado de su casa vive un milico asesino», la tradicional «No hubo errores, no hubo excesos, son todos asesinos del proceso» y dedicaron a los policías un «Milico, tarado, vos también sos explotado».

Al terminar la lectura de las proclamas se anunció el fallecimiento del inspector Hugo Campos Hermida, lo que generó aplausos y la estrofa: «Se murió, se murió, la puta que lo parió». Alguien comentó: «Un escrache menos». Pese a algunos calificativos utilizados, no se produjeron incidentes, y el propio inspector Ruiz evidenció su tranquilidad porque «todo transcurrió en orden».

Sobre las 17.55 finalizó el mayor «escrache» realizado hasta la fecha y los participantes se retiraron pacíficamente. En la valla de contención quedó colgado un cartel que rezaba: «Hoy, Cordero a las brasas» e inscripciones en el suelo que marcaban una flecha hacia la casa del militar y la advertencia de «Asesino». *

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