Grauert, el gran olvidado
Evocar a una figura que se ha convertido en símbolo, mal que a muchos les pese, nos lleva necesariamente a plantearnos un alto en nuestro camino para reflexionar. También nos lleva a ver cómo muchas veces la técnica del silencio sistemático hace desaparecer a esa figura del debate diario y la coloca en esa especie de tumba del olvido en la que, lamentablemente, los uruguayos somos expertos.
Ante tan gran y abrumador olvido uno se encuentra con que no sabe por dónde comenzar, porque en realidad uno quiere despojarse de la indignación, aunque inmediatamente nos demos cuenta que esa indignación no es otra cosa que la muy humana rebeldía ante la injusticia, esa sana rebeldía que nos dignifica.
Trataremos en breves líneas de evocar la figura de aquel joven abogado de profunda raíz batllista, que ofrendó su vida por sus ideales, de aquel joven batllista revolucionario que fue Julio César Grauert.
Sin dudas que Grauert supo ver en profundidad la esencia misma del batllismo, y no dudó un instante en enfrentarse a la maquinaria de un partido dominado por los que habían puesto freno al gran impulso transformador del batllismo. Sabía que exponer con claridad su pensamiento lo colocaría en el ojo de una tormenta, pero no dudó y por eso siempre evocó al Batlle y Ordóñez joven, revolucionario; al Batlle que no dudó en enfrentar primero al militarismo y luego no dudó en enfrentar a su partido para transformarlo.
Grauert fue sin temor a equívocos quien vio con más claridad que el batllismo era una formidable herramienta para la liberación de su pueblo, de los explotados trabajadores, de las mujeres, en fin supo ver en el batllismo de don Pepe la herramienta uruguaya para la socialización del país; también supo darse cuenta del estancamiento del batllismo. Ese estancamiento provocado por los conservadores que veían en las ideas de don Pepe la gran amenaza para sus riquezas. Cuando junto a sus compañeros fundó la agrupación Avanzar, inició el camino de la nueva revolución batllista, retomó el camino justo donde don Pepe lo había dejado, seguramente esperando que alguien más lo continuara. Es que en esencia el batllismo fue siempre un pensamiento en evolución constante, una ideología revolucionaria generadora de transformaciones permanentes. Se podrá decir que no tuvo la velocidad suficiente, pero es innegable su avance, a poco que se profundice en la esencia del pensamiento batllista uno se da cuenta de esto.
Grauert comenzó a hacer lo que había que hacer, esto es replantear todo lo que Batlle no pudo hacer porque los conservadores de dentro y fuera se lo impidieron; y justamente ahí está lo más trascendente del batllismo, y lo más peligroso para los conservadores de aquella época y de este tiempo.
No tembló ni se horrorizó por tener grandes afinidades con el marxismo, porque en realidad cuando uno profundiza en la teoría batllista y estudia la tesis final del batllismo, indesmentida hasta el momento, se encuentra con una gran afinidad filosófica con el socialismo. A esta altura cabe preguntarse ¿por qué no se evoca a Grauert? ¿Cuánto hace que no escuchamos decir lo que pensaba Batlle sobre la propiedad de la tierra y los bienes de producción?
Claro que la marxismofobia que ha atacado en forma tan grave a don Julio y sus más queridos seguidores les impide hablar de estos temas, so pena de alguna enfermedad gastrointestinal.
Por eso en estos tiempos de capitalismo salvaje, ese mismo capitalismo que a pesar de haber fracasado en todo el mundo sigue sometiendo a millones de seres humanos, ese mismo capitalismo en cuyo nombre y por cuyo nombre se han violado todos los derechos humanos, ese mismo capitalismo made in USA que mata impunemente en el mundo entero, y que somete al hambre, la marginación y la miseria a más y más gente, ese mismo capitalismo que apoyó las más crueles y sanguinarias dictaduras en nuestra América –vaya que los uruguayos tenemos la experiencia–, hoy es tan impostergable el recuerdo de aquel que murió por sus más sagrados ideales.
Porque volviendo a Grauert nos reencontramos con Batlle, no con el Batlle de bronce, sino con el Batlle joven revolucionario, volver a Grauert es encontrarnos con el sueño de un país modelo, donde los ricos sean menos ricos para que los pobres sean menos pobres, volver a Grauert es también recordar a aquella entrañable luchadora que fue nuestra querida Alba Roballo, volver a Grauert es reencontrarnos con la utopía vital tan necesaria para luchar.
Hoy este grupo de batllistas que integramos el Batllismo Progresista, comprometidos con todos los compañeros en llevar el pueblo al gobierno, junto a Tabaré, hoy retomamos fuerzas y alzamos con orgullo la bandera de Grauert, y estamos seguros de no temblar un momento en la defensa de nuestras ideas, y así sea desde un banco de una plaza vamos a trabajar con coraje y decisión en hacer realidad los ideales del batllismo de Grauert.
Grauert no morirá jamás, siempre vivirá toda vez que alguien sufra una injusticia, toda vez que alguien sea víctima del atropello de los poderosos, vivirá toda vez que las banderas progresistas se levanten al cielo, vivirá en los pobres, en los explotados trabajadores de nuestro campo, en los obreros cuando van a la lucha por salarios dignos, en fin, vivirá en todos los uruguayos que queremos cambiar nuestro destino para avanzar hacia el país que nos merecemos.
Será nuestra bandera de lucha contra la opresión a que nos somete este imperialismo asesino y negador de la condición humana, y será también el azote permanente en la conciencia de los que se han vendido a ese imperialismo sometiendo a su pueblo a la injusticia de no tener esperanzas. *
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