«Yo quiero rebelarme, ante eso que sostienen los analistas de que Tabaré Vázquez gana»
–¿Por qué Batllismo Abierto? ¿Es un grupo o un espacio de reflexión?
–Es entre otras cosas el nombre de una página web, donde un grupo de ciudadanos batllistas nos hemos reunido para analizar la situación –el momento–que vive nuestra colectividad política. Me resisto a decir que es un grupo.
–Porque teme caer bajo sospecha…
–Porque enseguida se cree que uno está armando una lista y eso no es así. Somos un conjunto de ciudadanos que vienen de todos los sectores, también independientes, cuya única actitud es hacerle un aporte al partido todo, para analizar el momento que vivimos y también el futuro.
–En esa página se encuentra un documento, en cuyo primer capítulo se lee: «Apuntes para un análisis largamente postergado». ¿Por qué este título?
–El Partido Colorado vivió la salida democrática, después de un período de renovación de 1982 y 1984.
Luego, en el gobierno, fue muy difícil discutir y analizar el funcionamiento partidario, porque hubo una enorme tarea para hacer.
Le siguió el gobierno del doctor Lacalle, en que el partido tuvo que establecer una nueva estrategia para desarrollar su rol de garantizar la viabilidad de ese gobierno. Otra vez el gobierno del doctor Sanguinetti. Siempre con eso de que los gobiernos se fagocitan al partido, por lo que el análisis se fue postergando.
En la medida en que la situación del partido permanecía incambiada, los tiempos iban cambiando y los resultados electorales fueron marcando que muchas cosas estaban pasando con la ciudadanía. Sin ir más lejos en 1984 el Partido Colorado tenía el 42% de los votos y en 1999 accedió únicamente al 30%.
–Pero cualquiera podría decir que de cuatro elecciones después de la dictadura, el Partido Colorado gana tres…
–Eso es verdad y debería tranquilizar al partido. No es así en cuanto a esos porcentajes y tampoco lo es en cuanto a lo que es posible percibir en su funcionamiento. El partido no cultiva su historia, no tiene a sus órganos funcionando, no funciona su convención nacional, no funcionan sus comités ejecutivos, sus comisiones asesoras, no hay participación, no hay medios, no hay comunicación.
Los ciudadanos que integramos este grupo sentimos que el funcionamiento del partido es garante del sistema democrático del país. Porque cuando el Partido Colorado, allá en los años 60 y 70, dejó de funcionar y pasó a tener un funcionamiento cupular y atomizado, como una gran federación de sectores, el país vivió horas difíciles. Como ve también nos preocupa la garantía del funcionamiento democrático y en este país necesita, para ello, un Partido Colorado fuerte (golpea la mesa con su mano derecha) y funcionando.
–Son muchos los temas que ustedes han tirado sobre la mesa. Veo en ese documento la preocupación por la pérdida electoral no sólo del Partido Colorado, sino también del Partido Nacional. También preocupa que los jóvenes optan por el Encuentro Progresista, a pesar de que ya no se vive la euforia de la revolución cubana. ¿Por qué pasa eso?
–Uno podía esperar en los tiempos del mayo francés (1968) de que la izquierda tuviera una convocatoria diferente, clima político que no se vive hoy. Pero es un hecho que los nuevos votantes optan mayoritariamente por el Encuentro Progresista.
Creo que cultivar la historia del partido, su tradición, sus valores, está en el déficit del partido. No creo que podamos hacer renacer aquello de la familia tradicionalmente colorada, pero el cultivar y transmitir los valores partidarios hoy no existe y debería existir.
–Pero mire que hoy hay familias del Frente Amplio donde el muchacho o la muchacha están más cerca de ustedes en materia de política económica, pero igual votan a la izquierda. Como que la comunidad de sangre es hoy muy fuerte en el Frente Amplio, mientras que eso no ocurre tan así en los partidos tradicionales.
–El Encuentro Progresista tiene entre sus banderas los mayores paradigmas sociales que el batllismo ha mostrado a lo largo de su historia, pero hoy el Encuentro Progresista maneja los íconos batllistas mucho más que el Partido Colorado.
–La izquierda es más batllista que ustedes.
–Es que el Partido Colorado ha revisado muchas actitudes que fueron buenas en tiempos de don Pepe, que no son buenas hoy. Sin embargo el EP levanta esas banderas.
A la vez el EP recoge la mística de los movimientos guerrilleros del 60 y del 70, que con muy buen marketing se transmite a los jóvenes. Por eso para revertir esta política se requiere de un Partido Colorado funcionando.
–Pero, además, el Partido Colorado nunca le explicó a su gente los cambios doctrinarios de los últimos años.
–Del partido dirigista, estatista, que fue sobre todo en la década del 50, ha pasado a ser un partido de ajuste, de ajuste fiscal, de desprendimiento de sectores que no tienen razón de mantenerse hoy en el Estado. Pero debió haberse explicado y no se hizo de la forma en que se debió hacerlo.
–Hierro López, que no integra el Batllismo Abierto, dijo en Colonia, hace pocos días, que uno de los problemas del Partido Colorado es esa herida que quedó del gobierno de Pacheco Areco, con los estudiantes muertos, lo que generó un corte con las nuevas generaciones. Incluso, hace ya unos años, el doctor Jorge Batlle me dijo que el distanciamiento de los colorados con la Universidad venía desde 1958 cuando se votó la ley orgánica.
También usted habló de la crisis del Partido Colorado antes del golpe de Estado…
–Fue una instancia de crisis del partido como estructura y las generaciones jóvenes del momento. Ahora, durante 1982 y 1984 el partido recrea una nueva situación y eso lo logra porque estaba vivo y funcionando. Yo tenía 20 años, era convencional, hacía uso de la palabra en las tribunas de la Convención al igual que cualquiera de los líderes partidarios. A los 23 años fui edil, fui el presidente más joven de la Junta Departamental de Montevideo. Y esto no fue mérito mío, fue mérito del partido.
Pero en la medida en que el partido se cierra, que funciona cupularmente, que no hay ninguna discusión fermental y que cuando se hacen aportes la reacción es de enojo o de descreimiento, entonces es difícil que los jóvenes participen.
¿Qué van a ir a hacer los jóvenes a una casa del partido vacía, silenciosa, húmeda? No, el partido tiene que reaccionar ante esto y este es el aporte que hace Batllismo Abierto. Le estamos diciendo que hay que reaccionar, que hay que recrear nuestra historia, que hay que convocar a los jóvenes, que tenemos que funcionar y revertir esta tendencia electoral. No me sirve el quietismo, no me sirve seguir escuchando que el partido a lo mejor pierde la elección, de que Vázquez gana. Yo quiero rebelarme, ante eso que sostienen los analistas de que Tabaré Vázquez gana. Estoy dispuesto a darlo todo para que el Partido Colorado vuelva a ser gobierno, pero para eso hay que ver la realidad, salir de las cuatro paredes del Parlamento, hay que escuchar lo que la gente está diciendo. Y la gente está reclamando otro partido, que no es el que tiene hoy.
–Pero mire que este es un problema que no es sólo del Partido Colorado. Si miramos la renovación del Partido Nacional a la salida de la dictadura, vemos que saltó en pedazos. Si buscamos las generaciones de la salida de la dictadura en el Encuentro Progresista vemos que casi no están. Todo indica que con la vuelta de la democracia hubo una reconstrucción. Llegaron los viejos jefes y se quedaron con todo, con la diferencia de que en el Frente Amplio surge Tabaré Vázquez.
–(Suspira). Quizás la salida del gobierno militar, del proceso, reclamaba el protagonismo de los jóvenes. Y quizás esos viejos dirigentes, sabios viejos dirigentes, supieron darle el lugar a los jóvenes que la instancia reclamaba. Pero a la hora de ejercer el gobierno son otros López y ahí se ocup
aron ellos. Bastó muy poquito tiempo para que sucediera lo que usted está afirmando.
–¿Usted siente que el país vive la política como una cosa de cúpula?
–Eso es evidente. El problema del Partido Colorado se agrava con su permanencia en el gobierno, porque termina llevándose muchos valores partidarios a las tareas de gobierno. Pero eso no es un justificativo para que el partido deje de funcionar de la forma que lo ha hecho.
En la medida en que el partido tenga comunicación, habrá una especie de profilaxis porque las cosas se ventilarán y los convencionales tendrán la oportunidad de levantar la mano y pedir explicaciones.
Nosotros sentimos que lo que estamos proponiendo va a ser de gran ayuda a quien sea candidato del Partido Colorado a Presidencia de la República. ¿Qué más espera un candidato del partido que tener tras de sí un partido renovado, ventilado, donde la gente participa? El partido no puede resumirse en una maquinaria electoral que aparece cada cinco años a convocar a la gente para el voto. Porque eso es jugarse todos los boletos a la gestión de gobierno, que puede tener sus grandes logros y que puede no tenerlos. Más ahora cuando un país como el nuestro depende de los cambios regionales e internacionales.
El partido ha sido siempre la fuerza política que le ha ofrecido a la ciudadanía, la perspectiva del futuro. Pero proponer para el futuro no alcanza con la gestión del gobierno, sino que debe haber centros de estudio, gente trabajando y aportando, convenciones discutiendo en serio los programas de gobierno.
–Ahora, Batlle y Ordóñez soñaba. Ahora los dirigentes colorados le dicen a la gente que hay que ir despacio, que no es fácil, dejando la sensación de que la propuesta es dejar pasar la película para saber cuál será el final.
–(Se ríe). Usted está diciendo que el sueño que planteaba don Pepe era una proyección al futuro y que el sueño que se plantea hoy es un sueño de dormirse.
–Esto no es sólo parte del discurso del Partido Colorado. Desde todos lados nos viven diciendo que nadie espere cambios grandes, que el país es chico…
–Que la culpa no es nuestra…
–¿Con qué Partido Colorado estaría soñando usted?
–En primer lugar un Partido Colorado que esté explicando las acciones del gobierno, para que la gente sepa por qué se hacen las cosas. Quiero un Partido Colorado que le diga a la gente, a través de sus órganos, sobre cada una de las situaciones que se dan en la vida nacional. Hoy, por la falta de medios propios de comunicación, los colorados se enteran de las cosas a través de la prensa independiente o de otra prensa partidaria. A la vez no tienen ocasión de reclamarle a sus representantes una acción concreta en función de las expectativas despertadas.
Reclamamos un Partido Colorado abierto. Fíjese que hoy, según Factum, sólo el 28% de los votantes colorados es capaz de reconocer a un senador de nuestro partido. Y creo que dentro de ese 28% hubo alguno que nombró a Sanguinetti. Quizás esto ocurra porque alrededor de los grandes árboles no suele crecer mucha hierba. Tenemos tres grandes referentes –Pacheco, Batlle y Sanguinetti– que hacen que la gente no pueda reconocer a los senadores. Pero para que eso no ocurra debería estar el partido, que funcionaba con don Pepe –que vaya si era figura–, ¿cómo no vas a funcionar ahora? Además los grandes líderes también se van terminando: Pacheco Areco ya no está, Batlle está en el gobierno y solamente queda el doctor Sanguinetti que desarrolla la actividad política en el marco de su sector. *
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