"La izquierda necesita crear un universo de sentidos para generar entusiasmo y esperanza en el cambio"

Doctor Manuel Laguarda: «La patria financiera no va a integrar el bloque popular alternativo».

–¿Hay continuidad, elementos comunes, entre el Congreso del Frente Amplio y la última reunión del Comité Central del Partido Socialista?

–Sin duda que hay una cercanía y una analogía, en algunas cosas. Hace 15 meses yo asumí la Secretaría General del PS y en el momento que acepté ocupar dicho cargo, propuse que el partido debía actualizarse y aprobar nuevas tesis, ya que las vigentes son de 1987.

Con mucha satisfacción compruebo que este Comité Central aprobó por unanimidad el proyecto de tesis y ahora pasa a debatirse en el Congreso. Las nuevas tesis son una suerte de actualización, una puesta a punto de todos los temas de naturaleza programática, ideológica y estratégica que el PS ha venido acumulando en estos 14 años, pero que ahora las explicitamos de una manera clara y ordenada.

Paralelamente Tabaré Vázquez impulsa la actualización ideológica del Frente Amplio, con el apoyo entusiasta de los socialistas. La actualización culminó exitosamente con el Congreso del FA. Se reafirmó la identidad del Frente Amplio y al mismo tiempo se incorporó una serie de temas de naturaleza ideológica, que el FA había venido construyendo desde la reapertura democrática.

–Supongamos que hay un amigo que usted no ve desde 1987, que vive fuera del país, y le tiene que explicar qué es la izquierda uruguaya hoy y qué era en 1987. ¿Qué le diría?

–Diría que la izquierda en 1987 era una fuerza que enfrentaba políticas neoliberales y defendía principios de justicia, igualdad y desarrollo nacional, pero que no tenía una chance clara de ser gobierno. Hoy la izquierda sigue defendiendo principios de democracia, de justicia y de igualdad, se sigue oponiendo a políticas neoliberales que se han profundizado, pero hoy en día tiene una clara, muy grande y cierta posibilidad de ser gobierno nacional.

A la vez estamos mucho más cerca del país real, conocemos mucho más a la gente y a los problemas, estamos más preparados para gobernar y nos manejamos en un mundo que ha cambiado mucho.

–¿Cuáles son las piedras fundamentales de ese cambio que se produjo en 14 años?

–Una de ellas es la globalización. Es un mundo mucho más globalizado donde las fronteras de un país están permeadas por lo que pasa en el resto del mundo. Además la globalización implica un cambio en las clases sociales de nuestra sociedad. Entran en crisis ciertos sectores sociales: hay sectores de la burguesía que entran en crisis, como los sectores del empresariado agrario e industrial que son golpeados por las políticas neoliberales y el modelo de globalización. Y que hoy podrían ser aliados potenciales del campo popular en una propuesta alternativa, fenómeno que no estaba presente en 1987.

A la vez se terminó el modelo bipolar con la caída del campo comunista, dato importantísimo. También le diría a ese amigo que somos gobierno en Montevideo desde hace 12 años y que ahora tenemos una figura de neto respaldo ciudadano, como es el doctor Tabaré Vázquez, que todos visualizamos con el próximo presidente de Uruguay.

–¿El «factor» Vázquez es imprescindible para cualquier análisis de la izquierda actual?

–Exactamente. Si yo tuviera que explicarle a esa persona qué pasó en estos años le diría, también, que surgió el doctor Tabaré Vázquez que es un hombre de izquierda, de principios, con identidad de izquierda y con una gran capacidad de comunicación con la gente.

–También tendría que decirle que la intelectualidad, que la academia, está más alejada de la izquierda que antes.

–Yo diría que ahora tenemos programas mucho más cercanos a la gente, más cerca del sufrimiento de la gente concreta. Hemos hecho programas, pero hemos dejado de lado la dimensión ideológica.

La izquierda anterior al golpe de Estado debatía mucho los temas ideológicos, lo que estaba bien. De pronto estaba alejada de la posibilidad del gobierno. En estos años, correlativamente al derrumbe del campo comunista hemos asistido a una ofensiva ideológica de la derecha, que tomando al neoliberalismo como paradigma, y queriendo avalarse en el derrumbe de Europa del Este, busca desacreditar la intervención estatal en la economía, propugnando la omnipotencia del mercado.

Las izquierdas han mostrado cierto retraso ideológico a la hora de levantar con fuerza paradigmas, capaces de contraponer en el plano de la ideología a la derecha neoliberal. Por eso esta actualización del Frente Amplio también es una apuesta a que la izquierda presente, además de un programa, un universo de sentidos que genere entusiasmo y esperanza en la gran perspectiva de cambiar este país.

–Una reciente encuesta dice que el 39% de los uruguayos cree que Tabaré Vázquez será el próximo Presidente de la República, pero el 40% de los frenteamplistas no lo cree así. ¿Eso está mostrando que falta ese universo de sentidos, esa perspectiva de esperanza en la izquierda?

–Esa dimensión de la gran perspectiva es muy importante. En política tenemos que tener programa, conducción, pero tenemos que tener visión ideológica, visión a largo plazo. Hay que reafirmar una ideología democrática y progresista, que establezca ante la gente que podemos avanzar paso a paso y con el respaldo ciudadano suficiente hacia una sociedad cada vez más justa.

Esto tiene que ver con los intelectuales, que son una capa social que exige esta dimensión estratégica-ideológica. Yo diría que la intelectualidad nunca abandonó a la izquierda. De repente la vinculación orgánica no es como antes.

–Pero uno tiene la sensación de que los intelectuales de la derecha pesan más, en política, que los intelectuales de izquierda.

–La derecha ha dado en todos estos años una gran ofensiva ideológica, queriendo presentar a su neoliberalismo como pensamiento único. Y las izquierdas tenían algunos retrasos, que ahora se han comenzado a revertir.

Nosotros hemos tomado con mucha fuerza el tema del socialismo. Yo he estado planteando en muchos lugares el tema del socialismo, he dado una serie de conferencia sobre el socialismo en el siglo XXI e incluso en editado un libro en esa dirección.

–Pero usted está planteando que al socialismo hay que verlo con una perspectiva planetaria. ¿El socialismo está más lejos?

–Eso implica avanzar paso a paso en cada país, hacia un orden mundial racional, democrático, solidario y colectivo. El socialismo va a tener que ser mundial y construirse por un proceso de confluencias, paso a paso y por aproximaciones sucesivas. Pero cada paso que demos para profundizar la democracia, para llevar la democracia de la política a la economía y a la sociedad, es un paso que nos acerca. Porque el socialismo es la voluntad democrática de la gente que no se limita a lo político, sino que abarca a lo económico y social.

–¿Se puede hablar de una continuidad de aquel PS de 1987 a la fecha?

–Sin lugar a dudas. Hay una continuidad que arranca de la concepción de una democracia sobre nuevas bases, que reafirmamos como seña de identidad, que ahora es profundizada y desarrollada en estas tesis, que es la democratización radical de la política, de la economía y de la sociedad, como una vía de aproximación socialista. Es una continuidad del partido en lo ideológico, en lo programático y en las líneas políticas, que viene de la renovación socialista que se forja en los años posteriores e inmediatos a la caída de la dictadura. Hay una continuidad política, de personas y lo que hubo fue un cambio de pers
onas en la secretaría general, sin que se modificaran las líneas del partido.

–Cuando se plantea ese acuerdo social, ¿no hay un intento de conciliación de las clases sociales?

–No, pero vamos a distinguir niveles. El conflicto de clases es un elemento de análisis no sólo del marxismo, sino del sentido común. Un dato que no puede negarse es que conflictos de clases siempre va a haber. Se trata que desde el Estado democrático se oriente y se canalice ese conflicto, para que se cumplan con los principios de justicia social y de desarrollo nacional. No se trata de conciliar clases, sino de articular intereses en el marco de una propuesta que tenga en cuenta un proyecto al servicio de las grandes mayorías, incluso, en una etapa, acordando con sectores empresariales castigados por el neoliberalismo.

–Pero antes ustedes proponían que una clase social derrotara a otra. ¿Ahora no tienen una postura más socialdemócrata, conciliadora?

–Nosotros mantenemos como objetivo estratégico e histórico, razón de ser del PS, la construcción de una sociedad sin clases y la superación de la explotación del hombre por el hombre. No renunciamos a la utopía de largo aliento del socialismo.

El cambio que usted nos señala, yo admito que existe. La izquierda anterior al año 1973, tenía una concepción del poder distinta a la que ahora afirmamos nosotros. El poder se visualizaba fundamentalmente en el aparato del Estado. Había que acceder al Estado, para desde allí –aplicando ese poder– cambiar a la sociedad. Y se visualizaba a un poder que iba a actuar sin competidores.

Ahora tenemos una visión más compleja y articulada del poder y además tenemos una visión pluralista de la sociedad. El poder, entendemos hoy, no solamente está en el Estado, sino hay muchos centros de poder. Es una sociedad plural y además queremos que sea plural.

Nosotros queremos construir una hegemonía distinta, no en el sentido de imponer a la sociedad un proyecto, sino de ir convenciendo ideológicamente a los sectores sociales. La concepción de una democracia sobre nuevas bases que formulamos en los años 80, apunta a eso. Por todo esto admito que hemos ido cambiando, pero manteniendo nuestra identidad.

–¿Hoy están más cerca de Emilio Frugoni que de Lenin?

–De Frugoni tenemos claramente la idea de la democracia como valor universal. Frugoni es el fundador del PS y lo reivindicamos. En lo que respecta a Lenin, fue una experiencia específica en la Rusia soviética, donde encontramos que en ese marco tuvo sus aportes pero también tuvo sus profundos errores. Por eso hoy estamos muy lejos de una concepción del socialismo que no sea democrático.

–Me está diciendo que la izquierda, antes del golpe de Estado, no era clara en eso de la reafirmación democrática.

–Diría que ahora es más clara en la reafirmación de la democracia. En los años de la dictadura todos valoramos mucho más la democracia política.

–¿Tuvieron que sufrir los golpes para entender la democracia?

Hubo que sufrir la pérdida, para valorarla más. Además vimos el derrumbe de los países del socialismo del Este europeo que habían renunciado a la democracia en aras de la igualdad. También tuvimos en ese período una práctica en la sociedad civil, de trabajar en el entramado social, creando poder desde la base de la sociedad. Aprendimos de la sociedad civil y creamos poder desde ella. Hoy tenemos un énfasis mucho más fuerte en la democracia y la consideramos un medio y un fin, un valor en sí misma.

–Cuando el PS y Frugoni se separaron tuvo que ver –entre otras cosas– con la política internacional, debido a que no apoyó la lucha liberadora del pueblo argelino. Hoy vemos a socialdemócratas como Tony Blair en medio de esta guerra contra Afganistán, lo que me gustaría que usted lo evaluara…

–En la década del 50 y del 60 entraron en contradicción la lógica democrática y la lógica nacional. En el primer caso se valoró a la democracia como valor universal, pero la lógica nacional implicó defender a los pueblos que buscaban en esos años liberarse del colonialismo y el imperialismo. Ambas lógicas podrían entrar –y entraron– en contradicción.

Hubo movimientos de liberación nacional que asumieron expresiones políticas que no iban totalmente de acuerdo con nuestro modelo de democracia pluralista, de alternancia de los partidos en el gobierno y de consagrar a la democracia como un valor esencial y fundamental.

Nosotros, desde la década del 80, reafirmamos ambas lógicas: la democrática y la nacional. De esta forma incorporamos con fuerza el legado de Vivian Trías, que fue el hombre de los 50 y los 60. En los 80 asistimos a una tercera renovación socialista, con la concepción de la democracia sobre nuevas bases.

Sobre la postura de Tony Blair decimos que discrepamos sobre el tema de la guerra, no compartimos su punto de vista. Nosotros condenamos el terrorismo, los hechos del 11 de setiembre, pero tampoco estamos de acuerdo con Estados Unidos cuando plantea que para acabar con el terrorismo, lo cual está bien, renuncie a los medios legales y democráticos del derecho internacional.

–Hace unos años la izquierda tenía bien definido cuáles eran las fuerzas sociales de los cambios y se paraba del lado de los sectores del trabajo, fundamentalmente asalariados. ¿El Partido Socialista tiene su anclaje en los trabajadores y los asalariados?

–Si. El PS se sigue definiendo como partido de los trabajadores, en el sentido que le daban Marx y Gramsci. En el sentido de clase universal, aquella que era capaz de resolver las contradicciones del conjunto de la sociedad, lo que supone tomar distancia de todo corporativismo. También somos el partido de todos los uruguayos que se definen por el socialismo. *

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