"La izquierda se para bien si piensa el hoy y el día después de las elecciones"
VICTOR H. ABELANDO
–Ocurrió el Congreso y ¿después qué?
–Levantar un poco la cabeza y mirar los próximos dos o tres años. Ese es el plazo para elaborar la propuesta alternativa. No una propuesta de campaña electoral sino un plan de gobierno con las definiciones políticas y técnicas que supone. Esto supone hacer un calco en las sombras de toda la estructura de gobierno, incluyendo administración central, entes autónomos e intendencias departamentales.
Esta es para mí una de las dos o tres grandes tareas. La izquierda se para bien si piensa el hoy y también el día después de las elecciones.
No podemos hacer lo que hicimos casi siempre, preparar programas para batallas electorales. Eso lleva a privilegiar únicamente una conducta opositora, a buscar campos deslindados en todos los terrenos.
–Pero ¿no es la recolección de firmas por Antel un eje central de la acción de la izquierda?
–Está bien que en el caso de Antel busquemos el pronunciamiento ciudadano en base a las firmas. No obstante, para Ancap es buena la idea de una asociación estratégica y de participar en marcos de negociación.
Sin duda habrá que descartar algunos elementos de este borrador que se ha presentado, pero no hay que buscar el enfrentamiento por el enfrentamiento, porque eso puede terminar en que primen las ideas más de derecha, más privatizadoras, y que no tengamos mecanismos de pronunciamiento ciudadano, salvo en el eje desmonopolizar o no, que no es el mejor. Hay que mantener el nivel de conversaciones con demandas muy concretas: que haya asociación, un buen plan de inversiones, que se mantenga la actividad de la refinería en el país sobre la base de economías de escala que le permitan competir en la región, que el socio haga una inversión de capital importante, que haya cláusulas sociales que salvaguarden la situación de los trabajadores, incluso los que pasan a la actividad privada que puedan volver a la pública.
–¿Y la gestión?
–Que se incida en las decisiones estratégicas y en algunos elementos importantes de gestión. Pero me parece que no hay que atarse a formulismos o cuestiones de procedimiento, por ejemplo, si se remata o no. Vamos a lo medular.
–Esa visión negociadora, ¿cómo se proyecta sobre un futuro gobierno del EP-FA?
–Estamos en una situación paradójica donde la principal preocupación nuestra no debería ser los resultados electorales, porque en ese terreno todo indica que va muy bien. Nuestra principal preocupación debería ser de credibilidad política en la coyuntura –porque hay un cuestionamiento fuerte al sistema político de parte de la gente debido a que da salida a las angustias de la gente–, de convicción sobre un plan consistente de gobierno, de construcción de un arco de alianzas más amplio que las mayorías parlamentarias.
Gravísimo error sería para la izquierda construir un proyecto sobre la base del 50% más uno. Porque un proyecto de izquierda, en la medida que genera resistencias sociales fuertes necesita de su lado consensos más amplios que una simple mayoría parlamentaria. Deberíamos trabajar en la construcción de esa mayoría de una forma muy fuerte. Bienvenido lo de Michelini (Rafael) desde ese punto de vista.
–Muchos dirigentes han planteado el acuerdo social como una construcción novedosa de la izquierda, sin embargo fue parte de la estrategia de los sesenta y consistía en los que entonces se llamaba «crear la fuerza social de la revolución».
–No es novedoso decir que se busca un acuerdo social, lo que es una novedad en cierta medida es la característica de los actores, porque antes el acuerdo social estaba planteado como un problema de las alianzas de la clase obrera, que llegaba a incluir un sector de la burguesía nacional. Ese fue el debate de la izquierda sobre el policlasismo. Ahora, la clase obrera se debilitó mucho, por el proceso de desindustrialización y otros cambios; la burguesía nacional prácticamente desapareció. Emergieron otros actores que tienen que ver con la exclusión, la informalidad, con los movimientos de estructuración temática o con el protagonismo del ciudadano en forma directa, como sujeto suelto que aflora en los espacios políticos, de la comunicación y la cultura, en internet o reclamando un derecho. También, involucrándose en demandas colectivas fuertes, por la paz, etcétera. Han cambiado las características de los actores, pero no la idea del acuerdo o del ensanchamiento de la base social para el cambio.
–También, en la etapa poscongreso otros hablan de pacto social.
–Una cosa es hablar de acuerdos sociales, que supone programa compartido por distintos actores, y otra es la idea del pacto.
Esta última proviene de algunas experiencias de la socialdemocracia europea. Es otra cosa, parecería que es decir que los intereses contrapuestos no existen o que entran en una etapa de impasse. El gobierno del FA va a ser un gobierno con hegemonía. El acuerdo social supone un programa compartido, pero no excluye privilegiar la situación de los que están más postergados. Creo que si esa lealtad de la izquierda se pierde en el camino, entonces se abandona la sustancia ética de la izquierda.
–¿La actualización debe seguir?
–Es necesario generar una actualización orgánica en la izquierda, no solamente ideológica o programática, sino en cuanto a su forma de vinculación con la sociedad. Hay que llegar a un nuevo concepto de organización, no perder lo mejor que tuvimos en el pasado, como la estructuración en comités de base, pero crear nuevos conceptos. Porque la organización en todo el mundo tiene que ver con las nuevas formas culturales. Con la cultura en el sentido de la comunicación. Los procesos de la información, la participación y vinculación comienzan a tener otros circuitos a través de los medios de comunicación o de otros actores sociales.
Es parte de la verdad decir que los comités de base dedican parte de sus energías a los problemas internos, pero la revinculación con la sociedad no depende de un acto de voluntad, ni de un cambio de cabeza buscando que las estructuras de base estén más abiertas a la sociedad.
–¿Cómo ve la situación internacional?
–Un mundo dominado por la estrategia estadounidense –que en Uruguay intenta internalizar el Foro Batllista, para propósitos internos, y me parece de una total falta de ética usar el sufrimiento humano y la barbarie para la polémica política en Uruguay con una perspectiva electoral– no es el mejor escenario de combate al terrorismo. En otro plano se vuelve fundamental un acuerdo en el Mercosur para poder negociar con el ALCA y la Unión Europea. En este nuevo esquema internacional el ALCA vendrá con una fuerza avasallante. En la medida que se le da un cheque en blanco al presidente Bush, que usará la nueva realidad internacional para estos objetivos.
–¿La guerra y la creciente militarización de las sociedades no es pérdida de libertades?
–De alguna manera es un mundo que genera una especie de gran hermano. La cultura de izquierda debe darle mucho más importancia al paradigma de la libertad. Hasta ahora ha sido matrizada por el paradigma de la equidad y la igualdad, lo que está muy bien, pero ha apelado al paradigma de la libertad en reacción al autoritarismo, el militarismo y las dictaduras.
Las sociedades van siendo más controladas por los servicios de inteligencia. Es la lógica del terrorismo y el militarismo, donde el mando de los guerreros termina ahogando las libertades.
–¿Cómo enfrentaría al terrorismo?
–A Bin Laden que lo juzguen tipo Nuremberg.
Son delitos de lesa
humanidad cuyos responsables deben ser perseguidos, juzgados y condenados, como queríamos hacer con Pinochet, a través de tribunales internacionales.
Creo que la actitud debe ser de condena categórica al terrorismo, pero no de ingenuidad. El terrorismo no se combate con bombas.
Si se lo hace de esta forma puede desembocar en las guerras de las culturas. Hay que lograr nuevos equilibrios internacionales que eliminen las brutales desigualdades
–¿Hay intereses económicos en esta confrontación?
–El problema es el Medio Oriente. Es claro que hay una coincidencia de intereses entre Rusia y Estados Unidos por el Mar Caspio, por el fondo de gas y petróleo de la zona. No seamos víctimas de los intereses geopolíticos de las grandes potencias. *
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