"El almirante" era quien "desde la trastienda controlaba el negocio"
Según el auto de procesamiento dictado por la mencionada magistrada, y al que accedió LA REPUBLICA, en realidad los inversores norteamericanos consideraban al «almirante» –como llamaban a Moll padre– como el contacto uruguayo confiable en materia pesquera y que su hijo, Moll Grolero, estaba «en un segundo plano» y era mirado como alguien «poco confiable» en materia de conocimientos ictícolas. La jueza, que procesó el martes pasado a Moll por un delito continuado de estafa, sostiene que todas las decisiones importantes eran tomadas por el oficial retirado y dice que incluso el dinero girado por los americanos iba a nombre de Eladio Moll, cuando perfectamente podía estar dirigido a Ricardo, que también era titular de esa cuenta. Precisamente la participación del contraalmirante Moll como actor principal del negocio fue cuestionada por su abogado defensor, que sostuvo que su defendido tuvo una participación marginal en el asunto, que se limitó a aportar las cuentas bancarias que tenía en Nueva York para que su hijo cobrara los envíos de los inversores americanos. En el mismo sentido opinó el senador José Mujica, quien afirmó que Moll «se está comiendo un garrón» y que su procesamiento implica cortar el asunto «por el lado más fino».
La sentencia de 14 páginas también es reveladora en cuanto a la participación de Julio Luis Sanguinetti en el «affaire». En un capítulo la jueza sostiene que el inversor estadounidense Timothy Kennedy suscribió el contrato de pesca sin que Sanguinetti (h) haya utilizado los servicios de un traductor público para hacerle conocer los términos del mismo.
El siguiente extracto condensa los tramos principales del auto de procesamiento:
La figura delictiva
«La extensa relación de aquéllos (los inversores norteamericanos Timothy Kennedy, Francis Miller y Tasker) conduce a establecer que desde un principio se planteó un vínculo llamémosle ‘de negocios’ con el indagado (Eladio Moll) y el grupo inversor americano, lo que se corrobora con los testimonios de éstos respecto a las reuniones llevadas a cabo con el Almirante, así como la presentación personal por parte de éste de figuras políticas. (fs. 515). Es cierto que de la instrumentación jurídica de negocio pesquero fue cumplida concretamente por Timothy Kennedy y Ricardo Moll, con la asistencia letrada del Dr. Julio Luis Sanguinetti y el Esc. Ricardo Scaglia. Kennedy adujo en determinado momento que no le fue traducido en forma los contratos que firmara en esa oportunidad, por lo que no entendió totalmente su alcance. Sanguinetti señaló que él le efectuó la traducción a Kennedy pero que no utilizó los servicios de un Traductor Público.
Las tratativas con el «Almirante» (tal como se dirigían los ciudadanos americanos a Moll) y contactos eran habituales mientras se encontraban en nuestro país y refieren que dichas circunstancias eran frecuentes, lo que constituye un indicador del rol desempeñado por E. Moll, no de mero gestor de negocios sino de pleno participante en éstos, jugando un rol preponderante al punto que cabe considerar que jamás fue ajeno al funcionamiento de la sociedad y que siempre fue plenamente sabedor del desarrollo de las actividades pesqueras, al que su hijo, por otro lado, lo tenía al tanto».
Participación de Moll
«Tampoco Francis Miller figura como cocontratante, ni se encuentra relacionado en documentos extendidos formalmente con Naifen SA, pero nada del aporte probatorio de obrados puede descartarlo como un interlocutor válido en tal negociación, habida cuenta que se reconoce obviamente su poderosa inversión. A similar conclusión puede arribarse con respecto a la actuación del Almirante Moll, ya que si bien en los aspectos formales del tema nada lo involucra, su participación en la negociación es innegable».
El fallo agrega que «Moll Escanellas ha negado persistentemente su vinculación con Naifen SA al punto que manifestó que no concurría a la oficina de su hijo, pese a que se halla instalada en el mismo edificio donde su familia mantiene una empresa particular.
Y si bien alega ‘que detesta la pesca’ manejaba con soltura la operativa pesquera, lo que se deja traslucir indubitablemente en los planteos respecto a los términos de los acuerdos a los cuales pretendía llegar con los ciudadanos americanos, al punto de estructurar un proyecto de ‘joint-venture’, demostrando efectivamente que su accionar excedía de los buenos oficios y asumiendo un rol directriz que efectivamente quedó demostrado. En diciembre de 1996 en su encuentro con Miller le aclaró que su hijo estaba enfermo, por lo que no podía formar parte del negocio y él asumía la dirección del mismo».
«No resulta creíble su supuesta ignorancia respecto del tema en cuestión, sencillamente porque el cargo que desempeñaba le imponía necesariamente tales conocimientos. Sin perjuicio de ello, podría ser factible que efectivamente no se ocupara de los negocios pesqueros, pero ello es rebatido a través de los documentos agregados en autos en los que se expresa su deseo de visitar con su hijo plantas pesqueras en Japón, su reunión con Miller proponiéndole un negocio en materia pesquera de grandes proporciones ya que involucraba la adquisición de cuatro buques, lo que evidentemente trasluce su interés y sapiencia en la materia.
Tanto Kennedy como Miller era personas de gran fortuna, gran capacidad de inversión y una vasta experiencia en negocios pesqueros, por lo tanto jamás hubieran tratado con personas que no mantuvieran su nivel de conocimiento. A la prueba nos remitimos en cuanto Miller afirmó que Ricardo Moll no era confiable, por lo que su padre pasó a controlar el negocio porque de hecho era él quien tomaba las decisiones importantes. Si el emprendimiento logró ponerse en práctica fue sencillamente por que el Almirante ejercía funciones directivas del mismo, si bien desde la trastienda, controlando en los hechos el desarrollo de la actividad pesquera y llevando adelante transacciones vitales para su prosecución».
Giros de Fondos
«De las constancias de giros de fondos efectuadas a la cuenta del Riggs Bank, se desprende que Kennedy efectivamente envió sumas importantes en dólares a la cuenta cuyos titulares eran E. Moll y R. Moll y Maridel Moll. De dichos documentos emerge que el beneficiario de los fondos era Eladio Moll, puesto que si hubiera sido Ricardo Moll, al ser también titular, nada hubiera obstado que los giros se hicieran a su nombre, por lo que todo indica que efectivamente el destinatario era Eladio Moll.
La actuación del Almirante Moll surgió claramente a posteriori del contrato celebrado en junio de 1996, tal como testimonian Miller y Tasker, ya que emergió como digura preponderante al pasar Ricardo Moll a segundo plano por motivos de salud. En concreto la propuesta del Almirante Moll a Miller en Biloxi, contenía la oferta de la compra de los cuatro barcos ya referidos pero necesitaba el aporte económico de Miller en nada menos que en un millón de dólares y que le daría una participación en el negocio, lo que fue calificado por éste de «ridícula propuesta… y no llegamos a nada. Sin embargo, Moll estructura un proyecto de ‘joint venture’ de acuerdo a los términos que había expuesto que culminaba en la adquisición de las cuatro naves en una gigantesca inversión, para lo cual contaba con préstamos bancarios y envía por fax el borrador, insistiendo de antemano en un negocio netamente favorecedor de sus propios intereses.
El intento de arribar a una transación impulsado por el Almirante, se vio frustrado por la negativa de Miller de estipular términos que eran inaceptables, ya que éste pretendía de esa forma adquirir varias naves, negociar los permisos (que ya habían sido abonados por Kenney) y negociar la titu
laridad de la empresa Naifen SA.
Eladio Moll fue el impulsor, pese a que lo desmiente, de esa reunión en Boloxi en Estados Unidos en el mes de diciembre de 1996. Miller aseveró que fue el Almirante quien propició reunirse con él, pidiendo a Eiko Vojkovich, una empresaria japonesa, que oficiara de mediadora a fin de obtener un encuentro con el inversor americano».
Concepto de estafa
«El concepto de estafa se estructura con un ataque a la propiedad consistente en una disposición de carácter patrimonial perjudicial viciado en su motivación por el error que provoca el engaño del sujeto activo que persigue el lucro de un beneficio indebido para sí o un tercero. Se trata de un delito de peligro que vuelve indiferente la obtención efectiva del beneficio económico.
La posesión comenzada indudablemente en forma lícita del buque Sofía Star fue el principio del montaje de una escena destinada nada más que a recaudar el producto económico que con el mismo se pudiera obtener y según lo expuesto «ut-supra», el Almirante Eladio Moll fue directo participante en la estructura de la maquinación.
Obtenidos los permisos de pesca, sin perjuicio de destacar la controversia respecto a la titularidad de los mismos, el próximo paso era proporcionar a Naifen SA (cuya integración también es controvertida), de una nave que permitiera operar los mismos, por lo que se reacondicionó el Sofía Star y se pactaron los contratos ya mencionados.
De la estructura negocial aparente, armada y mantenida por E. y R. Moll, Kennedy y Miller eran socios mayoritarios de una importante inversión pesquera y tal error lo determinó el engaño artificioso que llevó a los ciudadanos norteamericanos a la creencia equivocada que eran propietarios del 90% de las acciones de Naifen SA (consta que abonaron por su adquisición), engaño maquinado que a su vez determinó el convencimiento erróneo que, en mérito a la cuota societaria que creían poseer, eran titulares de los permisos de pesca cuyo valor económico resultó ser muy importante, permisos por los cuales habían abonado 75.000 dólares. Naifen fue constituida como sociedad pesquera como uno de los puntos esenciales de la realización del negocio, al punto que el documento identificado como C-32, un memorándum del Cr. Jorge Baruj en la que explica el alcance de un cambio de nombre de Naifen, ya que era deseo de Kennedy que llevara el mismo nombre de su compañía en Estados Unidos, esto es Southern Star Seafoofs».
No solamente Kennedy y Miller perdieron el control operativo de su empresa, sino que asimismo carecieron del poder de disposición del buque ya que se culminó en impedírseles su acceso al Sofía Star.
Al respecto resulta ilustrativa las expresiones vertidas por la Dra. Montaño a fs. 291 en que refiere que ‘… al estudiar la documentación, de ese análisis la impresión era que no cerraba lógicamente ese contrato de arrendamiento, las cifras bajas… estábamos ante precios viles y no surgía constancia de la presencia de un traductor… la inquietud del Sr. Kennedy se dirigía a la recuperación o venta del Sofía Star en manos del Grupo Moll… no tipificamos pero denunciamos una estafa… luego vi documentación nueva… y vimos que no se trataba del sentido del asunto’ . Se suma a la declaración del Dr. Diego Baldomir (fs. 282), quien manifestó que el Almirante Moll lo había llamado por teléfono muy molesto debido a que otro marino trataba de conciliar a las partes. Y es realmente ilustrativo su juicio respecto a que ‘el tema era la devolución de Naifen, a cambio de nada porque las acciones eran de Kennedy…’ ya que al existir el contrato de opción de compra del Sofía Star a favor de Naifen, la recuperación de las acciones evitaba el riesgo de venta del buque, ya que Kennedy no ejercía la tenencia de las acciones, ya que el precio de la opción de compra era ridículo.
En expresiones sencillas se estableció claramente la trama del ardid pergeñado por R. y Eladio Moll, el cual se consumó en un período prolongado de tiempo, en distintas conductas infractoras de una misma ley penal, pero guiadas por la misma resolución criminal».
Los dichos de Eladio Moll
La juez Berro incluye en la sentencia el testimonio del empresario norteamericano Timothy Kenedy.
Este señala que se reunió «con el Almirante Moll, en su oficina del Puerto en setiembre de 1996″ y agrega que si «bien Ricardo era su representante a Eladio Moll se le pagó dinero que yo envié a su cuenta bancaria en Washington DC, una vez 45 mil dólares y otra vez 35 mil dólares».
Narró además que el 21 de junio de 1996 «el Almirante les dijo a Miller y Tasker: «Este es mi país, mi puerto y tengo vuestro buque». La reunión donde Eladio Moll habló había sido convocada por él.
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