"Ojalá fuera socialdemócrata la administración del FA en el gobierno"
VICTOR H. ABELANDO
LA REPUBLICA inicia, con la entrevista al dirigente de la Corriente de Izquierda, una serie de reportajes hacia el IV Congreso del Frente Amplio (FA). Con Zabalza la conversación fue extensa y abarcativa, extrayéndose de la misma los conceptos fundamentales.
–¿Usted percibe intención de modificar el pensamiento fundacional?
–El frente tenía una óptica general sobre el mundo que obedecía a una gran incidencia del Partido Comunista, los tupamaros a través del 26 de Marzo y los socialistas.
En el análisis se dividía la sociedad en oligarquía-pueblo, era la época de las 500 familias, se hablaba de la «rosca», se tenía la visión del Ejército como un brazo represor a favor de los poderosos y primaba un espíritu democrático, popular, antioligárquico, contra el imperialismo, de solidaridad con Cuba. Esa óptica incidía en el discurso y en las acciones del FA.
Entonces teníamos a Seregni diciendo el 26 de marzo del 71: «Esta fuerza revolucionaria que es el FA…». Hoy en día se quiere cambiar eso, no reactualizarlas.
–Pero, ¿no ha habido modificaciones en esos 30 años?
–Creo que la realidad económica y social ha cambiado para peor. Si hoy hubiera que hacer una huelga general como en el 73, no se podría hacer porque no hay fábricas. La brecha entre los más pobres y los más ricos se ha multiplicado por mil.
La deuda externa en aquel momento no incidía. Hoy el principal problema de Uruguay es el pago de los intereses. No veo que la realidad indique que sea necesario cambiar a aquella forma de ver el mundo. Lo que sí debe modificarse son las políticas, los modos de acción, pero no el enfoque, la óptica.
—¿Usted percibe diferencias con el FA inicial?
–Aquel FA que tenía una definición popular no atrae a los sectores dominantes (a los ricos y poderosos), ahora es un instrumento para llevar al pueblo a la visión de los estancieros, los industriales, los exportadores. Con la impunidad ocurre lo mismo. El FA que quería justicia y verdad ahora comparte el camino que planteó Jorge Batlle a través de la Comisión para la Paz para preservar la impunidad. Esa es la nueva visión.
–Muchos de sus compañeros de la CI hablan que los frenteamplistas han sido ganados por el «posibilismo».
–El hecho es que venimos de una derrota en los años 70. Esos golpes afectan también en lo anímico, transformándonos en leones vegetarianos.
Otro golpe grande fue la caída del campo socialista, que era una especie de reaseguro. Más allá de que el estalinismo no era nuestro (sí la revolución soviética). En Uruguay se mantiene esa desilusión de que la lucha por el socialismo se transformó en una utopía inalcanzable, sin un camino entre la realidad y ella.
–¿Piensa que un gobierno frenteamplista actuaría como la socialdemocracia?
–Ojalá fuera socialdemócrata la administración del FA en el gobierno. La socialdemocracia en cierta forma quiere cambiar esa realidad y redistribuir la riqueza, mejorar los sectores más empobrecidos. Con esta óptica que predomina en el FA creo que la redistribución no será posible, ya que un Uruguay productivo pagando los servicios de la deuda externa y con la tierra en manos de unos pocos, es imposible.
–En esa línea de razonamiento, ¿cuál sería la ventaja de un triunfo del FA?
–Hay que ganar las elecciones porque peor que Jorge Batlle no se puede gobernar. Uno puede esperar que los compañeros del FA sean más sensibles ante las movilizaciones populares. Habrá mayor honestidad y se combatirá la corrupción. Es el primer paso de un gran debate que se abrirá, donde estará planteado si administrando el capitalismo se puede llegar a la justicia social o no.
–¿Por qué permanecer en el FA?
–Porque entendemos que en él están las fuerzas y los compañeros que pueden cambiar este país y llevarlo hacia el socialismo. Apostamos a la discusión y el debate interno, pero público (no creo más en las críticas en el oído para no hacerle un favor a la derecha).
Por otra parte nos sentimos frenteamplistas y seguiremos dando el debate, apostando a la verdad y la justicia en la calle. Con esa forma de justicia que es el escrache.
Me pregunto por qué los 52 legisladores del FA no encabezan la movilización por trabajo. Si lo hicieran en una marcha con los desocupados, trabajadores precarios sería un gran golpe al gobierno.
No los queremos sólo sentados en el Parlamento. Ese también es un cambio ideológico.
–Esa postura por usted descripta, ¿afecta la movilización de los trabajadores y demás sectores?
–Creo que el FA incide a través de esa ideología color rosa, para que la gente postergue las luchas por sus reivindicaciones por la perspectiva del 2004 o 2009, con la esperanza de que un gobierno del FA cambie la realidad. También es cierto, lo demostró el congreso del PIT-CNT, hay militantes que trabajan para que la central sindical apueste al pacto social.
–Una de las novedades del debate de la izquierda es una visión nueva sobre la relación estado-mercado.
–Creo que el mercado tiene su espacio dentro de la sociedad, pero el asignador de recursos debe ser el Estado. Acá se actuó siempre así, por tanto no hay de qué extrañarse, fue el Estado quien salvó los bancos.
Cuando los estancieros tienen problemas sale el BROU a salvarlos.
Es decir la «intelligentzia» de la izquierda no puede caer en esas trampas. El Estado uruguayo está privatizado en un sentido clasista, por ejemplo, los obreros de Cristalerías del Uruguay no consiguieron un préstamo para continuar trabajando. Pero cuántas carteras pesadas y bancos se salvaron.
–También, varios dirigentes frenteamplistas han señalado que el FA debe representar a todos los sectores sociales, evolucionando hacia el catch all party (partido agarra todo).
–Michel Foucault decía en los 60 que la izquierda en el poder deja de ser izquierda, pasa a ser poder. En primer lugar, eso de gobernar para todos los uruguayos o para todos los montevideanos es una falacia. Se gobierna favoreciendo a unos y perjudicando a otros. Gobernar es decidir.
Por tanto, no es cierto el decir que se gobierna para todos. Por ejemplo, si se apuesta a las cooperativas de taxis se perjudica a las patronales, si lo mismo se hace con las del transporte urbano se lesiona los intereses de Cutcsa. Cuando se quiere mantener ese falso «equilibrio» los dañados son los cooperativistas, tanto del taxímetro como del transporte.
Como dice Olivio Dutra: gobernar es hacer política. Es decir, una plataforma para desarrollar una política de clase.
–Su grupo ha apoyado los «escraches», ¿por qué?
–Las movilizaciones por fuera de las estructuras actuales han tenido un efecto muy positivo en el sentido de generar debate. El escrache al Ministerio de Defensa sirvió para que los fines de la Comisión para la Paz quedaran en evidencia. Ahí fue cuando se dijo que ese acto perturbaba las posibilidades de persuadir a Gavazzo para que viniera a confesarse.
–Finalmente, ¿qué piensa de Tabaré Vázquez y Líber Seregni?
–Tengo amistad y simpatía por Vázquez, pero no estoy de acuerdo en nada con él. Lo quisiera ver a Tabaré siempre con el mismo espíritu con el que habló sobre la movilización de los estudiantes del Liceo 11. Así quisiera verlo en todos sus actos y opiniones. Seregni, en primer lugar es un militar y tiene muy arraigada esa cultura. El vino a la izquierda detrás de Zelmar Michelini y creo que hoy en día está haciendo el viaje de regreso. En el 70 todo el mundo fue arrastr
ado por la correntada. *
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